Nos falta entonces, el plazo. Empecemos a definir qué voy a hacer en los siguientes meses, al final del año, al final del lustro. Al establecer los plazos, es más sencillo definir nuestras metas a esas fechas y luego podremos establecer las acciones para lograrlas.
A corto plazo significa casi casi para hoy, a mediano plazo nos da tiempo para respirar alguito y a largo plazo nos da opción de hacer ajustes, dado que al pasar el tiempo y obtener una mayor información de nosotros mismos y de lo que la vida nos va presentando, podemos hacer algunos cambios al programa.
A corto plazo tomemos conciencia de la estructura del gasto, la proporción de los ingresos que se destina a rubros básicos y lo que destinamos a los llamados "especiales", y luego la proporción que ahorramos (¡si es que ahorramos!).
Veamos con detenimiento cuáles podrían ser las clasificaciones más adecuadas de dichos gastos y la periodicidad de los mismos. Ojo, también la pertinencia de los mismos. Seamos sinceros en cuanto a las razones válidas para tenerlos. Luego pasemos a los ingresos: ¿cuáles son los permanentes? ¿Tengo ingresos variables? ¿Por qué? ¿Tienen algún comportamiento que permita proyectarlos o son totalmente impredecibles?
Pasemos al mediano plazo. En él visualizamos la estructura actual de deuda, es decir: ¿de dónde he sacado el dinero? ¿A qué me he comprometido para pagarlo? ¿Cuál es la proporción de mis pagos fijos en relación a mi ingreso mensual estable? El tema es ver ¡qué tan libre soy!
Si lo soy, ¿este dinero en qué lo he usado? Es decir, ¿estoy calzado o no? ¿He tenido el cuidado de endeudarme de una forma que esta deuda tenga relación con el tipo de inversión que he financiado? ¿No será que voy a pagar un equipo sencillo en 20 meses, cuando espero funcione sólo dos meses y muera? Y a partir del tercer mes de pago, ¿me quedé con la deuda y con el recuerdo del equipo?
¿Y en el largo plazo? Hablamos de inversiones de mayor alcance, en específico, el sueño de la casa propia. No tiene que ser un sueño, puede ser una realidad. Y esto no es comercial de un banco, es sólo priorizar lo que deseas tener y trabajar para ello. ¿Difícil? ¿Qué cosas que valen la pena son fáciles?
¿Entonces por dónde empiezo? Lo recomendable es comenzar por ordenar mis ideas y decidir en cuál de ellas está involucrado mi corazón, porque aunque decimos que las decisiones son racionales, sin un toque de pasión (un gran toque) no llegarán a ser una realidad jamás.
¡Enamórate de tu futuro y empieza hoy!
Luego de leer este artículo, ¿se anima usted a poner en práctica sus sugerencias?
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Entérate más sobre este tema en ¿Es momento de hacer un alto en el camino?
Profesora de la Maestría en Finanzas de ESAN
Buen día estimada profesora Patricia, interesante sus apreciaciones respecto a un tema que en ocasiones pasa desapercibido, sobre todo en la economía familiar. En mi caso, me enfoco siempre en el largo plazo.
Es importante el aspecto emocional que le pone a la planificación, que es un ingrediente fundamental en esta ecuación (lo dice el refrán popular: "más hace el que quiere, que el que puede"). Lindo aporte.
Gracias por su enfoque tan humano, ¡éxitos!
Excelente artículo, profesora Patricia. En un lenguaje claro y con un mensaje que nos lleva a la reflexión.
Siempre es bueno tener planificado las cosas que haremos, sobre todo si implica dinero. Un buen consejo que de todas maneras hay que poner en practica.
Profesora, totalmente de acuerdo. Una buena planificación nos llevará a un adecuado orden de ideas, tanto en nuestra vida personal como profesional.
De acuerdo, aquí lo realmente importante es tener un norte en esta tarea de construir un futuro. Es crucial mantener una motivación latente, la cual casi siempre está determinada por nuestro corazón, tal como lo menciona la profesora Gonzáles.
En ese orden de ideas les dejo una pregunta ¿uno debe hacer lo que quiere o lo que le toca?
Claro que sí lo tenemos que poner en práctica, ya que, como dice la profesora: ¿qué cosas que valen la pena son fáciles?