Marketing político: mirando la contienda electoral municipal

Digamos que en este momento hay dos marcas principales que se disputan la preferencia de los consumidores de Lima Metropolitana. Se trata de dos productos que han trazado una línea clara divisoria, a pesar que anteriormente pertenecieron a un mismo partido.

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Antes que nada comenzaré con una aclaración: al hacer un análisis desde la perspectiva del marketing político no pretendo involucrarme en una discusión ideológica ni de posiciones políticas. Pretendo limitarme a una desapasionada crítica sobre la base de un análisis profesional del marketing político, tomando en consideración hechos y situaciones reales coyunturales.

Digamos que en este momento hay dos marcas principales que se disputan la preferencia de los consumidores de Lima Metropolitana.  Se trata de dos productos que han trazado una línea clara divisoria, a pesar que anteriormente pertenecieron a un mismo partido.

Antiguamente las diferencias eran entre izquierda y derecha. Ahora la dicotomía es corrupto versus decente. De esta manera una candidata a la alcaldía de Lima pretende marcar sus diferencias con su principal contendor. Este último, por su parte, responde que la disputa electoral no es entre corrupción y decencia sino entre capacidad de gestión e incapacidad de gestión. En otras palabras, el candidato le dice incapaz a su rival.

Si bien estas expresiones pueden ser consideradas correcta desde el punto de vista del posicionamiento, al marcar diferencias con sus competidores políticos, es preciso que ambos tengan mucho cuidado porque así como buscan polarizar sus posiciones, pueden favorecer a que alguien entre al medio con un discurso que no polarice sino que convoque a la ciudadanía y le reste votos a los candidatos enfrascados en una guerra de diatribas y acusaciones.

Por un lado, Lourdes Flores se ha posicionado en los segmentos A y B , mientras Alex Kouri lo hace en los segmentos D y E. ambos se disputan el segmento C, pero de acuerdo con lo señalado líneas arriba puede entrar a la contienda electoral alguien que capte los votos de este sector de la ciudadanía, extendiéndose  a los segmentos D y E y así dar la gran sorpresa.

Esto puede darse porque las acusaciones hechas permiten que esa tercera posición comience a ofrecer beneficios diferentes a los que proponen estos candidatos, orientando su discurso a temas como el cuidado de la niñez, la alimentación, la educación, salud, etc. Con una propuesta positiva y no agresiva, un tercero puede capitalizar los votos de un electorado que clama por resultados y cansado del espectáculo de las acusaciones.

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Interesante el artículo; solo dos consultas: ¿cómo podríamos evaluar nuestro mercado (es este caso los ciudadanos mayores de edad de Lima), para definir nuestra estrategia de posicionamiento (polarizar o de unidad)?, ¿Se podría cambiar de estrategia después de lanzada una campaña?

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