Gestión de riesgos: cómo aprender de las crisis financieras

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Las historias sobre crisis económicas tienen un inusitado interés, incluso para aquellos que no están relacionados directamente con el mundo financiero. Los recuentos sobre el tamaño, impacto y frecuencia de las crisis financieras nos permiten recordar que las cosas pueden estropearse fácilmente.

Las historias sobre crisis y desastres económicos tienen un inusitado interés, incluso para aquellos que no están relacionados directamente con el mundo financiero. En primer lugar, los recuentos sobre el tamaño, impacto y frecuencia de las crisis financieras nos permiten recordar, especialmente en épocas de bonanza, que las cosas pueden estropearse fácilmente. Esto nos ayuda a protegernos contra lo que un director del Banco de Inglaterra denominó "miopía financiera". Es decir, la tendencia en la memoria a que los sucesos desagradables se difuminen en el tiempo. Además, sirve a aquellos que no han sufrido ningún desastre financiero y que deben comportarse responsablemente.

El segundo beneficio es mucho más práctico. Aprender del cómo y por qué ocurren las crisis financieras. Aprendemos de los errores, pero los errores tienen un costo. En una escalada, un simple error puede suponer una caída. El resultado puede ser roturas, heridas graves e incluso la muerte. Mientras en el mundo financiero, el error puede llevar a la quiebra empresarial o la pérdida de muchos empleos. Somos seres imperfectos. No importa que durante el 99% de las ocasiones lo hagas todo razonablemente bien, sigues siendo imperfecto y las consecuencias de los errores pueden ser muy importantes. Aprender de los errores propios puede ayudarnos a identificarlos y a tomar mejores decisiones. Mientras que aprender de los errores de los demás nos ayuda a reducir el coste del aprendizaje. Puede parecer algo pasivo, pero revisar los errores cometidos por otros implica recibir lecciones impagables sobre lo que se puede hacer o no. Ello supone un coste muy inferior a cometerlos uno mismo.

Hay, sin embargo, una diferencia importante entre el riesgo individual (idiosincrático) y el colectivo (sistémico). El riesgo idiosincrático aparece normalmente en un individuo, familia o empresa y está, por lo general, bajo el control de los mismos. El riesgo sistémico es compartido por muchos individuos y empresas. A menudo es el resultado, como en la actualidad, de la situación económica global y también de políticas económicas inadecuadas o de incentivos inapropiados en cada país.

La distinción entre riesgo sistémico o idiosincrático es importante ya que a menudo, como en la crisis financiera actual, vienen unidos y mezclados a pesar que sus consecuencias económicas puedan ser muy distintas. Desde el punto de vista macroeconómico, las consecuencias económicas del riesgo sistémico, son mucho más graves y duraderas y  son normalmente una característica intrínseca al sector financiero y bancario tanto para economías desarrolladas, como para las que están en desarrollo.

El origen y las soluciones de este tipo de riesgos, son también muy diferentes. Las formas de identificar, medir y gestionar el riesgo idiosincrático son prácticamente ineficientes cuando se trata de un riesgo sistémico que se basa más en aspectos macroeconómicos y no puramente financieros. Una analogía puede ayudarnos a entenderlo. Aprender a nadar puede resultar útil para no ahogarse en la piscina o en la playa, pero si se trata de un tsunami o del hundimiento de un barco por el choque con un iceberg (como en el caso del Titanic), ser un buen nadador es útil pero no suficiente. Se necesita una solución sistémica, como medios adecuados de control y evaluación de los riesgos (tsunamis o icebergs) o de gestión de los mismos (evacuaciones, refugios, botes salvavidas) o la posibilidad de ser rescatados por otros (barcos o autoridades). De forma similar, cuando hay desequilibrios económicos fundamentales (déficits, deuda, inflación, etc.), la gestión individual del riesgo empresarial no resolverá los problemas macroeconómicos aunque pueda ayudarnos a nivel individual.

Como pueden ver, por las analogías, hay mucho que aprender de la vida y de la historia para sobrevivir a las catástrofes, sean naturales o financieras. No desaprovechemos las lecciones y aprendamos.

David Camino Blasco
Doctor en Ciencias Económicas y Empresariales y MBA, Universidad Autónoma de Madrid

Profesor en el Diplomado Internacional en Riesgos en el Sistema Financiero de ESAN



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