Recursos humanos y la "mascota perfecta"

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Lamentablemente hay jefes que creen que la relación con sus subordinados debe ser humillante hasta el punto de convertirlos en mascotas laborales. Y peor aún, hay consultores que refuerzan esa tendencia.

Lo ofrecen en televisión: DVDs para que le enseñe a su perrito a hacer exactamente lo que usted quiera, aún en contra de su propia naturaleza. Imagino que muchos dueños de mascotas se sentirán fascinados por esta promesa de "entrenar" (en el sentido de robotizar) al pobre animalito. 

Hay jefes que maltratan a su gente, les pagan pésimo, con horas extras impagas y con amenazas de despido y, en el extremo, hasta los acosan psicológica y sexualmente. Y luego de este martirio cotidiano, esperan ser obedecidos, respetados y queridos.

Y cuando se dan cuenta de toda la angustia y desmotivación que los rodea concluyen que están rodeados de incompetentes, que los culpables son los otros. Y llegan a la "brillante" conclusión que se necesita contratar un taller para que "los motive" y "se comprometan".

Muchos consultores se prestan a este juego y ofrecen crear la mascota laboral perfecta: alguien que obedece con mínimas demandas. En divertidos talleres les lavan el cerebro convenciéndolos que, en las condiciones que sean, deben dar lo máximo por su jefe y por la empresa. Y, en el colmo de la inmoralidad, les plantean que esto es un compromiso moral.

Todos hemos visto jefes que disfrutan de humillar a sus subordinados: de "exprimir a los cholos" como orgullosamente se vanagloriaba un imbécil (y cholo) amigo mío quien contaba, como en éxtasis de autorrealización, lo mucho que sacaba y lo poco que daba a su gente, con el beneplácito del coro de subnormales que lo escuchaban y celebraban.

Todo esto no es sólo un problema ético ni humanista. También es un esquema de explotación sádica que tantos adeptos tiene en el Perú, no es propio del capitalismo ni del liberalismo. Es en realidad un esquema feudal con toques de esclavismo al que se agregan rasgos psicopatológicos pero que, como es aceptado por la mayoría del entorno social superior, los dejamos pasar e, incluso, hemos decidido colectivamente negar.

Uno de los rasgos liberadores del verdadero capitalismo (no del imperialismo/ colonialismo que vivimos) es que el mercado laboral también es libre, de modo que, si en una empresa no te tratan bien podrías irte a otra empresa mejor. En el auténtico capitalismo la gente aporta lo mejor a su empresa, no por miedo o presión, sino porque la empresa es un espacio para su propia auto-realización. Y, si no encuentra dicho espacio en la actual empresa, hay posibilidades de movilidad a otra más apropiada.

En resumen, no es capitalismo que haya consultores (peor si son psicólogos) ayudando a que los siervos y esclavos se sientan felices de ser "mascotas perfectas". Los consultores deberíamos estar sólo para ayudar a las empresas a ser lugares más exitosos y vivibles, para ayudar a los jefes a ser mejores jefes y a que los subordinados se comprometan porque están en una empresa que se compromete con ellos y con su futuro.

Cuando una empresa quiere reforzar una relación extremadamente vertical e incluso humillante con sus trabajadores ¿qué debería hacer un consultor en organización y dirección de personas?



Esta entrada contiene un artículo de:
Luis Felipe Calderón Moncloa
Profesor del área de Administración. Doctorando en la Université Jean Moulin, Lyon, Francia. DEA, Universidad de Niza, Francia. MA in Management Learning y MSc in Information Management, Lancaster University, United Kingdom. MA, ESAN, Perú. Bachiller en Psicología, Universidad Nacional Mayor de San Marcos, Perú.
Profesor de la Maestría en Organización y Dirección de Personas de ESAN
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