A poner los pies sobre la tierra

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Una vez tomada la decisión de rentabilizar la empresa más valiosa que tengo a mi cargo, yo mismo, debemos empezar por lo más simple: detallar mi estructura de ingresos y gastos bajo una consideración financiera, vale decir, con un concepto de efectivo.

¿Recuerdas haber escuchado mencionar al flujo de caja como instrumento básico usado en las empresas como indicador de vida? Pues bien, a ese flujo me refiero.

No es necesario haber estudiado nada para saber que la caja es crítica para los negocios y el día a día. Por eso siempre digo que mientras hay caja, hay esperanza. ¡Y es realmente cierto! La caja te da el tiempo para buscar soluciones a los problemas.

Es impensable ser creativo cuando tienes a todo el mundo presionando por una respuesta o una suma de dinero y no tienes cómo dar ninguna de ellas. No obstante, el inconveniente surge también cuando existe la caja, ya que no vemos el problema y eso no permite que nos preparemos para enfrenar una crisis que se esté gestando.

Las crisis no vienen de golpe, siempre se dan "de a pocos", pero no las podemos ver o no las queremos ver, y ése es el problema.

Veamos primero la estructura de gastos, ya que es donde podemos tener mayor control (se supone). Sabemos en qué gastamos y por qué; cuáles son los rubros rígidos que tenemos, es decir, los totalmente obligatorios; cuál son los gastos de operación (los del día a día) y cuáles los que corresponden a la parte que pago este mes de mi deuda de largo plazo (mi cuota de la hipoteca, por ejemplo).

Teniendo ya tu estructura de gastos, compárala con el ingreso total que tienes (ojo: ingreso neto, es decir, restado de todos los descuentos que ya conoces) y veamos si queda alguito para el ahorro.

¿Hay? Si es así, magnífico. Con ello es que harás tu plan de largo plazo para tus inversiones, de las que hablaremos más adelante. Si no hay, es ahí donde empieza el trabajo y es justo la situación para quienes van dirigidos estos artículos.

Hacer finanzas no es administrar el dinero, es crearlo. No, no somos dioses, pero en eso consiste la magia. En construir algo por un tiempo suficiente para que permita el nacimiento de lo que realmente permanecerá. Es como hacer un provisional, pero ojo, que no se vuelva eterno.

Haz tu lista de gastos. Separa los fijos (tanto los de tu día a día, como el pago mensual de la hipoteca), ¡ya que sólo trabajaremos con el resto!

¿Ya te diste cuenta? Sólo podemos ajustar en: comida, movilidad, gasolina, salidas de fin de semana, viajes, etc. En otras palabras, todo lo que nos da calidad de vida y "nos hace felices". Entonces, hay que redefinir felicidad y decir en qué plazo la deseas: ¿hoy o a largo plazo?

Por cierto, no hemos tocado aún los ingresos, porque sino somos totalmente claros con los gastos, el hacerlo con los ingresos es irrelevante. Todo recurso que llegue a ti se perderá. ¿Estás poniendo ya los pies sobre la tierra? ¡No dejes de definir tu estructura de gastos!

Y usted, ¿ya definió su estructura de gastos?



Esta entrada contiene un artículo de:
Patricia Gonzáles
MBA, ESAN. Licenciada en Administración de Empresas, Universidad de Piura. Directora Administrativa de ESAN.
Profesora de la Maestría en Finanzas de ESAN
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