¿Y ahora qué hacemos?

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En los últimos días hemos recibido mucha información de múltiples ámbitos, pero el que generalmente priorizamos es el que toca donde más duele; nuestro bolsillo. Escuchamos que el dólar baila a ritmo de samba, donde el movimiento se ha tornado tan pendular que puede llegar a límites insospechados. Pero ojo, nadie nos afirma que esa será la tendencia.

También nos dan la información de un incremento del encaje bancario, medida que muchas veces no entendemos, pero que para quienes vivimos en el Perú en los últimos 30 años, percibimos que la inflación se está acercando. Por lo que el sistema financiero se prepara para, en lo posible, atenuar su impacto o retrasar su llegada. ¿Podrá?

El tema es que el ciudadano de a pie, como usted y yo, muchas veces tiene una actitud indiferente. "Como no estoy a cargo del país, entonces no es mi problema y yo sigo con mi día a día", nos decimos. Pero nada es más falso. Esta es una actitud pasiva y además muy peligrosa, porque al final si no nos preparamos para los posibles ajustes del mercado, éste nos pasará la factura y al contado.

¿Qué hacer?

Desde nuestro nivel podemos tomar varias acciones:

  • En estos días nos depositarán las CTS. Pues bien, si después del cálculo respectivo tenemos algo disponible, tengamos presente que sólo debe ser usado para inversiones o pagos que proceden de ellas (ejemplo: pago de hipotecas), nunca para gasto corriente, es decir, para lo que normalmente es mi día a día (comida, entretenimiento).
  • Hagamos un resumen de nuestro actual nivel de deuda: montos, monedas, origen de la misma, tasas. Preparemos un plan para reducir las deudas o estructurarlas de un modo más cercano a nuestro flujo de ingresos actual. Mucho cuidado con incluir también si tenemos algún tipo de ahorro, pues este dinero puede estar siendo redituado a una muy pequeña tasa y sería mejor usarlo para pagar una deuda que está a una tasa mayor.
  • Revisemos los activos que tengamos, aunque estos sean pocos, para analizar la pertinencia de tenerlos y la probabilidad de que el valor de los mismos se mantenga o se incremente.
  • Tomemos la decisión de incluir en nuestro día a día el concepto de ahorrar. A veces consideramos que es imposible hacerlo cuando nos hemos  acostumbrado a gastar más de lo que tenemos, pero es necesario entender que nuestra viabilidad, es decir, nuestro futuro, depende de aprender a que lo único que nos asegura una vejez con calidad de vida es haber sabido diferenciar adecuadamente qué es costo y qué es gasto  antes de priorizar y distribuir nuestros recursos.

Lista tus propias acciones y recuerda que el tema es crear hábitos financieros saludables. No es cuestión de hacer algo sólo por un día, eso no funcionaría. ¡Hazlo ahora! Carpe diem.

¿Ha evaluado usted su situación financiera personal y analizado alguna medida para mejorarla?



Esta entrada contiene un artículo de:
Patricia Gonzáles
MBA, ESAN. Licenciada en Administración de Empresas, Universidad de Piura. Directora Administrativa de ESAN.
Profesora de la Maestría en Finanzas de ESAN
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