¿Quién se ocupa de nuestras ciudades?

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Cuando elegimos nuevos alcaldes, como en el caso de Lima, nadie toma en serio el cuestionarse si realmente vamos a aprovechar los siguientes años de mandato municipal en mejorar las condiciones de nuestras ciudades. A este cuestionamiento tampoco escapa la elección de los Presidentes Regionales y su escasa participación en la búsqueda de mejorar la calidad de vida de los peruanos.

Varias cabezas, varios rumbos

En el caso de nuestra ciudad capital, tenemos varios distritos, algunos de ellos con poblaciones que fácilmente pueden constituir un país europeo (Luxemburgo, medio millón de habitantes), pero de cuya expansión en territorio y densidad poblacional no podemos sentirnos orgullosos pues no corresponden a una planificación, sino mas bien a las continuas invasiones que derivan luego en la insuficiencia de servicios, en lo ingobernable, en el reino del caos, ante la permisividad e indiferencia de quienes fueron o son autoridades públicas en determinados momentos. Nuestro país no debe continuar resignándose a ser siempre así.

La realidad nacional nos demuestra que primero dejamos que crezca el problema para después darle solución. Nadie planifica y si por casualidad alguien planifica (como alguna vez hace más de cuarenta años cuando se pensó en la posibilidad del Metro de Lima), vienen nuevas autoridades con alguna  personalísima solución que les asegure su paso a la posteridad y no continúan políticas tan vitales y básicas a la vez en la vida de una ciudad, como es el caso del transporte. 

Se inventan entidades especiales (Autoridad Autónoma de la Costa Verde) desconectadas de los otros organismos metropolitanos en el caso de Lima, como pequeños feudos con sus propias normas, (como lo fue en su momento la Autoridad Autónoma del Tren eléctrico), condenadas a una temporalidad y sin ningún mecanismo de control que demuestre su efectividad. Luego desaparecen o subsisten sin trascender.

En Lima tenemos más de cuarenta distritos, cada uno con una orientación diferente de qué hacer en su pedazo de ciudad dependiendo de la capacidad y conocimiento de sus funcionarios. Ese es un primer obstáculo. Este modelo no funciona más.

Nueva York, ciudad mucho más compleja que Lima, tiene una organización mucho más ejecutiva que incluso es responsable de la seguridad de sus ciudadanos. 

En nuestra capital, la autoridad política debe ser única y la responsabilidad de planificación de mediano y largo plazo urbano económica (por citar dos ejes centrales), debe estar basada en sustentos netamente profesionales y monitoreada de la misma manera, con una autonomía que nos haga recordar a la del Banco Central de Reserva. Este modelo adaptado a las diversas escalas y realidades de las ciudades del interior debe ser replicado.

¿Es posible que en Lima sigamos de espaldas al mar y no tengamos ninguna idea para desarrollar una larga playa pública desde Chorrillos hasta La Punta? Sin embargo, las aberraciones urbanísticas que vemos en la Costa Verde, donde prácticamente tenemos edificaciones al pie del mar, ¡han surgido en plena vigencia de la Autoridad Autónoma que vela por esa zona de la ciudad!

Si observamos las provincias, ¿es posible que Arequipa y otras ciudades del país no tengan una solución definitiva al transporte público o que no tengan previsto ningún plan articulador de vías, como pueden ser anillos viales coherentes con el crecimiento proyectado para los próximos veinte años, integrando zonas residenciales, de servicios en general, industriales, de comercio, cada una de ellas en diferente escala de acuerdo a estudios previos, en lugar de reconvertir apresuradamente zonas producto de la presión inmobiliaria?

¿Es que debemos estar supeditados a los simples cambios de zonificación de áreas que fueron pensadas (si es que lo fueron en algunos casos), para una realidad totalmente distinta a la que tenemos actualmente? ¿Es así de simplona la planificación urbana?

No debemos olvidar que si la gente se concentra en la ciudad es básicamente por las oportunidades que encuentran de mejora en su nivel de vida. Es decir, sin actividad económica atractiva no hay ciudad que se desarrolle. Sin calidad de vida, la ciudad se vuelve insostenible.

Un segundo obstáculo, y sólo para abreviar, es que no hay un ente rector eminentemente técnico integrado por un equipo profesional multidisciplinario (ERM) que articule políticas de largo plazo de manera independiente a las ocurrencias que puedan tener algunas autoridades, que luego de su periodo o figuración política siguen otros rumbos dejando años perdidos a su comunidad. Este ente rector deberá ver la planificación de la ciudad y su ámbito de influencia en cada caso, como un conjunto.

¿Y en provincias?

La política debe ser la misma, el ERM que planifique líneas maestras de desarrollo urbano en las regiones integrando a las ciudades de su área de influencia bajo un enfoque de desarrollo sistémico.

Cuando exponemos la necesidad de un equipo multidisciplinario que desarrolle este enfoque, nos referimos a que ocupen su lugar diversos profesionales como urbanistas, arquitectos, economistas, ingenieros, sociólogos, antropólogos, y sin que esta lista sea excluyente a los gremios empresariales, quienes mueven las industrias y el comercio en el país como activos participantes de la dinámica de largo plazo que se debe tener.

Un ejemplo desordenado

Tenemos al sur de Lima un desarrollo alrededor de la ruta de la Panamericana Sur, totalmente desordenado. ¿Hemos imaginado la Carretera Panamericana en unos veinte años más en un rango de influencia de doscientos cincuenta kilómetros al sur de Lima, por ejemplo en los meses de verano?

Durante ese recorrido tenemos la más variada muestra de invasiones, urbanizaciones, terrenos cercados por décadas, mini aeropuertos, una nueva avenida en plena carretera en el kilómetro cien; y otra generándose después de Cañete, gran parte de lo nombrado en terrenos que podrían comprender fácilmente la expansión de una vía que con dos carriles puede ser muy insuficiente quizá antes de la siguiente década.

No tenemos vías de acceso público vehicular para que los peruanos que no tienen casas de playa puedan gozar del litoral, nadie se ocupa de ello. Nadie prevé cómo se va a desarrollar todo este corredor siquiera en el corto plazo. ¿Será acaso responsabilidad del alcalde del distrito de Chilca, Cerro Azul o el de la provincia de Cañete o Chincha?

El desarrollo inmobiliario pronostica que en diez años más, esa zona albergue una gran cantidad de personas, cientos de miles más en centros poblados con vida propia. Solamente una pregunta, ¿se seguirá el ejemplo de Lima de llevar las aguas servidas directamente al mar?

¿Quién promueve las invasiones en Pampa Melchorita, a solo metros de la nueva Panamericana Sur? ¿Es viable que en las actuales circunstancias se desarrollen centros poblados justamente ahí?

Si vamos un poco más al sur, ¿con qué criterios se autorizó la plataforma metálica del Proyecto Camisea en medio del mar de la bahía de Paracas? Y ahora, ¿quién lo retirará de ahí? ¿No pudo hacerse en otro lugar fuera de la vista de este lugar turístico?

La desarticulación por excelencia

Debemos tener claro que solo con los políticos no iremos a ninguna parte, pero también debemos tener presente que si los profesionales no contribuimos con nuestro país y miramos solamente al interior de nuestra empresa o nuestro trabajo, nunca vamos a desarrollarnos.

La situación se agrava por la negligencia de no participar activamente como gremios organizados en materializar soluciones que beneficien a nuestro país. Vemos década tras década que los errores no solamente se repiten sino crecen como una bola de nieve.

¿Quién es el encargado de articular todo esto? ¿El Ministerio de Vivienda, Construcción y Saneamiento? ¿El Ministerio de Transporte? ¿Otra "Autoridad Autónoma"? ¿Qué dice nuestra Constitución al respecto? ¿Está preparada para un nuevo esquema de gestión de desarrollo de ciudades y más aún de regiones?

En Lima vemos sin asombro, lo repito, sin asombro; cómo primero la Municipalidad Metropolitana anuncia una línea del Metropolitano de Ate al Callao y luego semanas después, el gobierno proyecta sobre aproximadamente ese mismo eje una línea del Metro de Lima obligando a la Municipalidad a descartar su anunciada nueva ruta.

Lo increíble es que nadie reacciona en el sentido de proponer un fin a esta ausencia de políticas de desarrollo sostenible de ciudades existentes y peor aún, nadie propone seriamente la posibilidad de generar nuevas ciudades (Olmos y Majes) donde nuestra mayor masa poblacional que está por encima de los veinte años pueda mirar con optimismo su futuro. Caminando de esa manera, no veremos el precipicio que viene en el siguiente paso que nos toque dar, y caeremos en él.

Conclusión

Una proyección del HSBC, el mundo en el 2050, sitúa a nuestro país en el puesto veintiséis entre las economías más desarrolladas para esa entonces. Ciertamente esa ubicación no caerá del cielo, ni tampoco significa que tengamos que esperar hasta ese año para gozar de mayor bienestar.

Si los peruanos empezamos a pensar que es alrededor de las ciudades donde tendremos el escenario propicio para lograr los mayores impulsos a nuestra economía, sobre todo basados en una nueva educación, no podemos de ninguna manera seguir indiferentes ante esta realidad.

La propuesta del ERM que determine y haga respetar las líneas maestras del desarrollo urbano económico de una ciudad o conjunto de ciudades según sea el caso, en un horizonte de mediano y largo plazo, es viable, y con diferentes matices ha demostrado su eficiencia en otras naciones. Hagamos los peruanos el benchmarking correcto sin pérdida de tiempo.

¿Cómo evalúa usted el desarrollo de nuestras ciudades? ¿Qué tan viable ve la creación de un ente rector: ERM?

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El presente artículo fue publicado en la Revista Constructivo (Junio - Julio 2012)



Esta entrada contiene un artículo de:
Justo Cabrera Villa
Ingeniero Civil especializado en gerencia, consultoría y supervisión de proyectos inmobiliarios y construcción, con amplia experiencia en el sector. Domina y utiliza la metodología PMI - PMBOK, Construction Management y Lean Management. Se graduó en la Universidad Nacional de Ingeniería. MBA de ESAN.
Profesor de la Maestría en Gestión y Desarrollo Inmobiliario de ESAN
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