Formas y Espíritu

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Una de las mejores comparaciones para evidenciar la importancia de las formas para alcanzar ese espíritu deseado, es el paralelo entre la gestión pública y privada. Esta última implementa "formas" para alcanzar una cultura de alto desempeño, mientras que las instituciones públicas mantienen otras que más bien deterioran este tipo de cultura. La clave está en desarrollar formas que fomenten los comportamientos y actitudes deseados.

formas_espiritu_mcbride.jpg A fines de noviembre estuve en la ciudad de Brisbane, Australia. No pude dejar de admirar el espíritu de la ciudad y de su gente. Calles limpias y seguras, pocos autos, mucho verde, y gente muy amigable. Una energía especial se sentía al caminar por estas calles.

Durante el vuelo estuve leyendo un excelente libro "Vitality", el cual recomiendo a todas las personas que se consideren agentes de cambio. El libro versa sobre la importancia de cómo las buenas formas contribuyen a la generación de espíritu, y cómo cuando existe espíritu las formas se cuidan y se mejoran continuamente.

Reflexionando sobre esta energía especial y los conceptos de la lectura, me puse a observar algunas "formas" de la ciudad que den sentido a este "espíritu". Ciclovías y vías peatonales, sistema de ferries y buses, gran cantidad de espacios públicos incluyendo museos, playas, parques, teatro y cine al aire libre, zonas para hacer deporte, etc. Brisbane definitivamente es un muy buen ejemplo de cómo el desarrollo de "buenas formas" ha contribuido al surgimiento de ese espíritu que toda ciudad desea alcanzar.

En nuestro país, la estabilidad económica y el creciente desarrollo de iniciativas empresariales son también un gran ejemplo de cómo "buenas formas" (política económica) han dado paso al desarrollo de un espíritu emprendedor en todos los niveles socio-económicos.

Las formas también existen al interior de cualquier tipo de organización: espacios de trabajo adecuados, estructuras orgánicas racionales, políticas de líneas de carrera, procesos ordenados, sistemas de información, visión compartida, valores institucionales, etc. Son estas formas las que contribuyen a que exista ese espíritu deseado en toda organización; y cuando este espíritu existe, se entra en un círculo virtuoso en el cual las formas son cuidadas y perfeccionadas día a día.

Una de las labores fundamentales de todo líder es el de desarrollar y cuidar las buenas formas en el sistema que lidere, sea éste una empresa, un club deportivo, una institución pública, una ciudad o incluso un país. Sin embargo, esto no es una tarea fácil. El desarrollo de "buenas formas" requiere de una perspectiva de largo plazo, una de las grandes falencias de nuestros actuales líderes y de nuestra lamentable cultura cortoplacista. El rol del líder es desarrollar y cuidar las condiciones que produzcan los comportamientos deseados.

Una de las mejores comparaciones para evidenciar la importancia de las formas para alcanzar ese espíritu deseado, es el paralelo entre la gestión pública y la gestión privada. Las empresas privadas diseñan e implementan "formas" para alcanzar una cultura de alto desempeño: estructuras horizontales, horarios flexibles, espacios de trabajo adecuados, políticas que promueven la meritocracia, tecnología de punta, nuevos modelos y herramientas de gestión, etc. No solo hablamos de Apple y Google -donde para promover la innovación se han creado formas que incluyen una cancha de vóley playa en el lugar de trabajo y horarios especiales para desarrollar ideas independientes- sino también de empresas peruanas que han entendido que para lograr resultados a largo plazo es necesario construir y cuidar las formas.

sumillas_mcbride_formas_espiritu.jpgPor otro lado, las instituciones públicas mantienen formas que más bien deterioran este tipo de cultura: jerarquías, compartimientos estancos, infinidad de normas y directivas complejas, centralización de las decisiones, espacios de trabajo inadecuados, etc. ¿Qué espíritu y vitalidad organizacional pueden surgir en medio de estas formas? ¿Cómo podemos exigir resultados a nuestra policía nacional si no cuentan siquiera con sillas y computadoras adecuadas, si existen leyes que ayudan más a los que transgreden, si no cuentan con sueldos suficientes para tener una vida digna y cumplir con su labor? ¿Cómo podemos exigir a los profesores una educación de calidad si el centro educativo se cae a pedazos, si los padres no son parte de la rendición de cuentas, si los métodos pedagógicos y los contenidos curriculares no se actualizan?

Tal vez el caso más emblemático de la diferencia entre las empresas privadas y las organizaciones públicas sea el de los espacios de trabajo. La mayoría de organizaciones privadas entienden que contar con lugares de trabajo y equipos adecuados son claves para incrementar la productividad y mantener un buen clima laboral, lo que se traduce en espíritu y vitalidad.

La mayoría de las empresas privadas se preocupan por contar con oficinas modernas y con lo último en tecnología. La creciente oferta de nuevos edificios corporativos en Lima y la remodelación constante de estos espacios es evidencia de ello. En la administración pública esto se ve como algo complementario y hasta suntuoso.

Visiten un día las oficinas del Interbank o sus pares en San Isidro. Luego visiten el Poder Judicial o alguna comisaría distrital. El abismo entre la productividad (espíritu) de uno y otro, es en parte igual a la diferencia en su infraestructura (formas).

La clave para el buen desempeño de cualquier sistema, sea una organización pública o privada, una ciudad o un país, es el desarrollo de formas que fomenten los comportamientos y actitudes deseados. Si nuestros líderes políticos y empresariales no son conscientes de ello será difícil que entremos en ese círculo virtuoso hacia el desarrollo sostenible. Somos el país con mayores oportunidades en el mundo, no las desaprovechemos.

¿Qué medidas considera usted que deberían implementar las instituciones públicas para fomentar la productividad y lograr un adecuado clima laboral?



Esta entrada contiene un artículo de:
Daniel McBride González
Especialista en reforma del estado, gestión por resultados y gestión estratégica. Master in Public Administration por Maxwell School, Syracuse NY y Licenciado en Economía por la Universidad de Lima. Actualmente es Director de la Asociación Valor Público y Jefe de Planeamiento y Presupuesto de PROMPERU. 
Profesor de la Maestría en Gestión Pública de ESAN
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