Reforma del Estado: evaluación y desafíos

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En un panorama de cambios, donde las empresas han evolucionado y el sector académico ha hecho lo propio, el sector público no ha mostrado avances. En un país de renta media, pero con grandes inequidades, el gran desafío que enfrenta la gestión pública es dejar atrás su estancamiento, el que le impide ser un instrumento para aprovechar las oportunidades que nos genera el presente contexto de bonanza económica.

ventura_gestion_publica.jpg El Perú no es el mismo que teníamos hace 20 años por varias razones. Una de ellas es que estamos viviendo un crecimiento económico nunca antes experimentado en nuestra historia.

Otro aspecto es que nuestro país ha llegado a ser considerado de renta media, dejando por lo tanto de ser un país pobre. Y por último, la dinámica de industrialización, por la cual los países del norte eran ricos y los del sur pobres, ha cambiado. Los flujos financieros que iban de norte al sur, ahora van en sentido contrario y también de este a oeste.

En ese sentido, la gestión pública está llamada a ser un instrumento de cambio y promoción del desarrollo, pero hay ciertos obstáculos que le impiden desempeñar este crucial papel. En tal coyuntura, considero que son principalmente cuatro desafíos en los que se debe trabajar para lograr una administración moderna:

Sistemas administrativos obsoletos

  • En el Perú, la mayoría de sistemas administrativos han sido principalmente diseñados para administrar la escasez de recursos públicos. En la actualidad, donde la carencia de recursos ya no es nuestro principal problema, éstos deben evolucionar, pues de lo contrario seguiremos teniendo instituciones públicas preocupadas y ocupadas en no gastar, ni invertir en bienes públicos.

Poca presencia del Estado

  • El Perú es uno de los países de Latinoamérica con altísimo nivel de concentración, pues aparte de Lima no existe otra ciudad que tenga similar impacto sobre el PBI. Debido a este fenómeno, el Estado abandonó por mucho tiempo grandes extensiones de territorio, en los cuales actualmente se genera riqueza.

Incapacidad de gasto

  • En una coyuntura donde se ha incrementado el ingreso, el problema más serio está referido a cómo se gasta. En el sector público existe toda una cultura institucional de persecución del gasto, lo cual impide muchas veces que se autoricen partidas presupuestales. Hay un miedo arraigado que genera que éstas solo se aprueben cuando se cuenta con aprobación de todas las instancias públicas, lo que en definitiva genera alta burocracia.

Corrupción

  • Esta es una consecuencia de las tres anteriores: sistemas administrativos mal diseñados, concentración de la acción pública y una cultura del miedo al gasto. No es un secreto que para ganar una licitación, las empresas ofrecen a las autoridades o funcionarios porcentajes de participación en la rentabilidad de las obras. Eso se ve en todos los niveles, por lo cual tenemos un sistema de corrupción institucionalizado.

Una vez expuestos los problemas, creo que es nuestro deber tratar de enfocar también cuáles son las posibles soluciones en las que se debería incidir para lograr una salida a este entrampamiento. En mi opinión, existen tres grandes pilares que podrían ayudar a la consecución de este objetivo:

Descentralización

  • Se deben transferir no solamente funciones y recursos, sino también capacidades y sobre todo delegar poder. Esto último es lo que más les ha costado a los partidos políticos y autoridades en el pasado y está sucediendo lo mismo en el presente.

Participación ciudadana

  • Entendida no como participacionismo, sino como participación con modelos institucionales. Mecanismos tales como el presupuesto participativo -hoy descontinuado- son importantísimos. Si bien al comienzo toda participación es desordenada, caótica y fragmentada, una vez afinados los mecanismos va evolucionando. Recordemos que las administraciones públicas más desarrolladas en el mundo tienen una gran dosis de participación ciudadana.

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Reforma del servicio civil

  • Se necesita un servicio civil bien definido e implementado, pues en la actualidad los cargos se distribuyen, como se dice informalmente, por la "dedocracia" debido a que los partidos que acceden al poder buscan inmediatamente copar la administración pública. Entendemos que solo por alguna razón de poder es que este tema está estancado, pues está claro que la existencia de una carrera pública, la cual es indispensablemente meritocrática, hace peligrar el clientelismo político de los partidos.

Para la realización de las reformas mencionadas no basta con voluntad política, se requiere también de mucha capacidad institucional. Está claro que no se concretarán de la noche a la mañana, por el contrario, se visualiza como un proceso a largo plazo. Y eso es justamente lo que necesitamos: políticas públicas que permitan dejar de lado la inmediatez y ver en una perspectiva de 10 o 15 años.

Si esto no tiene éxito y no se reforma la gestión pública, la sociedad tomará acciones, seguramente por su cuenta (y me temo que de la forma menos adecuada). No pretendo ser alarmista, pero si el Estado continúa operando de forma tan ineficiente, llegará el momento en que dejará de ser necesario para la sociedad. Ahí creo que sí estaremos frente a un caos mayor.

¿Qué otros posibles obstáculos encuentra usted en la administración pública que impidan su tan necesaria modernización?



Esta entrada contiene un artículo de:
José Ventura
PhD in Management Science, ESADE-Barcelona. MBA, ESAN. Diplomado en Gerencia Política, George Washington University. Experto en reforma del Estado, redes participativas y relaciones público-privadas. Se desempeña como Project Manager de las Naciones Unidas. Senior del Banco Mundial y la Cooperación Alemana. Profesor de la Maestría en Gestión Pública de ESAN.
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