La importancia de garantizar una educación universitaria de calidad

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Un daño social aún más trascendente que el de la comida chatarra es el libertinaje habido en la creación de "universidades" (y sus filiales) de los últimos años, basándose en la supuesta "libertad". Este problema es muy complejo y tiene múltiples aristas por analizar.

educacion_universitaria_calderon.jpg1. Los mercantilistas pretenden ignorar que las "universidades" otorgan Título a Nombre de la Nación y eso lo define todo. Quiere decir que esa "universidad" le dice al país que ese profesional está capacitado y es el Estado peruano el que refrenda esa afirmación. Es automático entonces que sea éste el que establezca límites y criterios para que alguna institución tenga derecho a certificar en su nombre.

2. Otra falacia de los mercantilistas es que omiten decir que solo hay libre mercado y libre competencia si el público dispone de información mínima y suficiente, a la vez que tiene la capacidad para entenderla. La principal información que es imprescindible tener y que no hay en el Perú:

  • El público debería tener información integral y comprensible acerca de la calidad de cada institución: currícula, docentes, instalaciones, laboratorios, convenios, investigación, acreditaciones nacionales e internacionales, etc.
  • Más grave aún es la obligación del Estado de informarle al país acerca de la situación del mercado laboral. Esta información, al ser cruzada con información estadística de los sectores económicos de su región, ofrecerá proyecciones consistentes a nivel nacional y regional:
  • ¿Cuál es la situación actual de empleo/desempleo en cada especialidad? ¿Cuántos abogados, ingenieros, contadores, médicos, etc., se va a necesitar en el mediano y largo plazo? ¿Cuál es la situación remunerativa para cada especialidad y subespecialidad?
  • El público debería conocer la calidad y cantidad de la inserción laboral de los graduados por cada institución y por cada carrera: nivel de desempleo, subempleo, remuneraciones.

3. Otra consideración importante, y que merecerá un análisis más extenso en otro momento, es la fantasía subdesarrollada de que todos los jóvenes deberían ir a la universidad. La anacrónica creencia que tener título universitario garantizará el éxito en la vida mientras que el no tenerlo significará el fracaso, alimenta el negocio de universidades de baja categoría y llena la calle de egresados universitarios sin empleo o subempleados fuera de su profesión.

Por el contrario, en los países desarrollados hay muchos más estudiantes de educación técnica que universitaria y, de hecho, muchos jóvenes no llegan a la educación superior sino a la formación vocacional (tienen diversas modalidades de apprentissage, aprendizaje de oficios en la modalidad trabajo/estudio) pues la educación está diseñada para responder a los dinámicos requerimientos futuros del mercado laboral que es, siempre, piramidal.

4. Un muy grave y preocupante problema, es el círculo vicioso que alimenta las "universidades" de baja categoría: un profesional mediocre que terminó en una universidad mediocre, que no cuenta con ninguna capacidad para ejercer su profesión y que no encontrará trabajo apropiado en su carrera, al verse desempleado, encontrará una solución laboral siendo profesor en una de esas universidades.

sumillas_educacion_universitaria_calderon.jpgEn ese sentido, hay harta mano de obra para hacer universidades con profesionales que no tienen ninguna experiencia práctica, los cuales reproducen el ciclo de formar más gente incapaz que en el futuro se va a dedicar a enseñar en estas universidades. Cuando se ponga fin a este círculo vicioso, se producirá un problema social serio pues esos profesores quedarán desempleados y sin opción a reubicarse.

Para comenzar a buscar soluciones, deberíamos ver lo que han hecho otros países. De entre las múltiples experiencias veamos dos modelos positivos al respecto: en Ecuador se exige a las universidades acreditación nacional e internacional y pueden ser cerradas si en un cierto plazo no se adecúan a ambas. En EEUU, el haber terminado la universidad no garantiza el ejercicio de una profesión pues hay que pasar un examen estatal único para poder ser incorporado al colegio profesional respectivo. Con ello se puede confiar que hay un mínimo estándar de calidad en todo profesional colegiado.

Un ejemplo negativo, o cuando menos ambivalente, es Cuba. Su sobreproducción de profesionales lleva a que tengan salarios muy bajos y han debido encontrar la alternativa de exportar sus servicios (el caso de los médicos, por ejemplo).

Finalmente, ¿cree alguien que esos opinadores chatarra, campeones de la "libertad" anárquica a ultranza, llevarían a sus hijos a comer hamburguesas a un negocio totalmente libre, donde los dueños no se vean reprimidos por ningún Estado incompetente ni un municipio incompetente y que puedan poner cualquier ingrediente (sin informarlo) en sus hamburguesas? ¿Creen que ellos dejarían que a sus hijos los opere un "médico" graduado de una universidad chatarra? Cuando se trata de su propio interés, no dudo que como buenos padres, exigirían todos los controles gubernamentales en sus proveedores de servicios. ¿Qué tal si exigimos lo mismo de ellos?

¿Qué otras soluciones se puede considerar para garantizar una educación de calidad en las universidades del país?



Esta entrada contiene un artículo de:
Luis Felipe Calderón Moncloa
Profesor del área de Administración. Doctorando en la Université Jean Moulin, Lyon, Francia. DEA, Universidad de Niza, Francia. MA in Management Learning y MSc in Information Management, Lancaster University, United Kingdom. MA, ESAN, Perú. Bachiller en Psicología, Universidad Nacional Mayor de San Marcos, Perú.
Profesor del MBA Tiempo Parcial de ESAN
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