Si se te amotinan, eres un buen jefe

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"Nunca te seré fiel pero siempre te seré leal". Esta era la muy discutible filosofía de Diego de Rivera hacia su tercera esposa, la también pintora, Frida Khalo. Tomando el ángulo positivo de esa idea, algo así es lo que un buen gerente debería esperar de los jefes intermedios que le reportan: alguien que no le obedezca como perro fiel, pero que siempre, con todo lo que discrepe, le será leal.

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Parte crucial de esa lealtad es no darle el amén en cada ocasión. Esa misma lealtad es la que obliga a ese jefe a señalarle a su gerente que se está equivocando cuando lo considere necesario. Y esto es más cierto aun cuando ese jefe deba defender a sus propios subordinados ante una orden o política inapropiada que venga de más arriba. Porque un buen jefe intermedio es capaz de armarle la bronca -"insubordinarse"- a su propio gerente cuando de defender a los suyos se trata.

¿Y cómo reacciona un buen gerente ante esta "insubordinación"?

En el mundo real hay muchos gerentes que carecen de las competencias y la madurez necesaria y toman esta supuesta "insubordinación" como una grave falta de respeto. Es por ello que reaccionan con violencia pues la sienten como una amenaza personal a sus endebles egos.

Son estos pobres gerentes los que demandan fidelidad canina de quienes les reportan y premian la autohumillación de los sumisos y mediocres con buenas evaluaciones e incluso con ascensos. Por el contrario, castigan a los autónomos y más competentes con malas evaluaciones, postergaciones y hasta con el despido.

Es esto lo que termina por volver mediocre a la organización debido a que estos gerentes espantan sistemáticamente a los mejores jefes y terminan rodeados de los mediocres fieles o, peor aun, de los que fingen fidelidad pero, a sus espaldas, los apuñalan.

Contrariamente a eso, un buen gerente demostrará su madurez al tolerar y manejar productivamente la "insubordinación" del jefe leal. El gerente maduro aceptará y procesará la discrepancia y no solo la tolerará sino que promoverá en sus subordinados a que se muestren autónomos y asertivos. Asimismo, fomentará que sepan sostener con madurez sus puntos de vista a pesar del rango de con quien estén discutiendo: esperará que ellos siempre sean leales y respetuosos pero nunca perros fieles.

Hasta aquí, un primer nivel de análisis.

¿Leal al jefe o a la empresa? 

El problema se hace más complejo cuando entramos en un segundo nivel de análisis: lealtad al gerente no es lo mismo que la lealtad a la empresa. Pues son cosas diferentes que pueden o no coincidir. Sin embargo, muchos ejecutivos y analistas en el Perú asumen ciegamente que los gerentes siempre defenderán los legítimos intereses de la empresa. De hecho, presuponen que ellos siempre decidirán lo mejor para la organización y que salvaguardarán que los jefes intermedios y demás subordinados actúen en concordancia con estos legítimos intereses organizacionales.

En la práctica, demuestran un total desconocimiento de todos los desarrollos de las teorías del gobierno corporativo y de la teoría de la agencia, que claramente establecen que los intereses de los propietarios no necesariamente coinciden con los de sus agentes delegados (los gerentes). Y debo agregar, para una aún mayor complejidad, que los intereses de los gerentes y de la empresa tampoco necesariamente coinciden con los intereses de la sociedad y de la ética. Pero ese es un tercer nivel de análisis que no enfocaremos en este artículo.

sumillas-(4).jpgAsumir irreflexivamente que cada decisión gerencial siempre es tomada para servir a los mejores intereses de la empresa es muy peligroso pues, en muchos casos, eso es totalmente falso. En principio, los intereses de los gerentes y de la empresa deberían coincidir... y, de hecho, a veces lo hacen. Pero en otras oportunidades pueden llegar a ser abiertamente contrapuestos.

Yendo a la realidad de la gerencia peruana, en muchos casos un jefe intermedio es castigado por su gerente acusándolo de no ser leal a la empresa (de no actuar según los legítimos intereses de la empresa) cuando, en realidad, podría tratarse que el jefe sí estaba defendiendo los intereses de largo plazo de la empresa mientras que el gerente es quien estaba dañando a la empresa por maximizar su interés personal. 

Finalmente, planteo el siguiente punto para volver al tema inicial: "¿Pero qué pasa si luego de discutir detenida y honestamente persiste la discrepancia entre gerente y jefe?" Pues bien, el jefe leal deberá hacer uso de su madurez y deberá terminar diciendo "He dejado claro por qué no estoy de acuerdo con esa decisión pero, si usted lo ordena, es lo que haré". Y como la responsabilidad final siempre debería ser del gerente, esto es lo correcto. Dije: "debería".

¿Conoce usted algún caso de "insubordinación" en alguna organización?



Esta entrada contiene un artículo de:
Luis Felipe Calderón Moncloa
Profesor del área de Administración. Doctorando en la Université Jean Moulin, Lyon, Francia. DEA, Universidad de Niza, Francia. MA in Management Learning y MSc in Information Management, Lancaster University, United Kingdom. MA, ESAN, Perú. Bachiller en Psicología, Universidad Nacional Mayor de San Marcos, Perú.
Profesor del MBA de ESAN.
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