El Cool McCool que todos llevamos dentro

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Mis amigos ingenieros, especialistas en temas de seguridad, se preguntan por qué razón, por más que se otorguen los implementos necesarios, junto a la capacitación correcta sobre las medidas más importantes para garantizar la seguridad, algunos trabajadores siguen realizando actividades peligrosas. ¿Existe un argumento válido detrás de estas acciones?

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*Cool McCool: caricatura animada de los años sesenta. Su lema: "Yo Amo el Peligro".

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No pretendo desmerecer las técnicas de seguridad que se implementan en las empresas pues todas ellas son vitales y no deben ser descuidadas: concientización, capacitación, implementos, procedimientos, reglamentos, reportes, etc. De lo que hablamos aquí es de agregar una visión adicional y complementaria, que trate de comprender las paradojas de la conducta humana. Para ello, citaremos algunos fenómenos que ya se han descubierto.

  • Un primer descubrimiento hecho por la psicología de la seguridad es que en ciertos grupos de trabajadores el uso de todos los implementos -y seguir todos los procedimientos de seguridad- es visto como una actitud de 'nobel' o 'inexperto'. En consecuencia, los trabajadores de mayor experiencia tienden a no seguir todas las normas. En algunos casos, esto puede ser producto de la desidia del trabajador o podría estar vinculado a que los implementos o procedimientos son excesivos y/o inadecuados, lo que genera una molestia en el trabajador. Además, con el paso del tiempo, ellos empiezan a descubrir que esa medida de seguridad debería ser simplificada. La necesidad biológica de "pertenecer al grupo" empeora este fenómeno pues se da un contagio por emulación: "si quieres ser parte del grupo, deberás ir adoptando nuestras conductas".
  • Un segundo descubrimiento, bastante más peculiar, es el caso de ciertos trabajadores que, por razones personales o por sentimientos de frustración hacia el jefe o la empresa, buscan hacerse daño. La supuesta "lógica" detrás de esto es que el trabajador, en el caso de sentir que no puede canalizar su cólera y su frustración contra la "verdadera" fuente de dichas emociones (el jefe o la empresa) desplaza dicha agresividad en contra de sí mismo. A nivel  inconsciente se pone en el rol de víctima y espera una satisfacción final: "mira lo que me ha pasado por tu culpa". Este tipo de casos, que son algo escasos, son muy difíciles de manejar en el contexto laboral.
  • El tercer descubrimiento está vinculado con problemas sistémicos causados por la tendencia de ciertos jefes (usualmente de los de niveles más altos) a establecer metas irreales y exageradas. Suele darse en jefes con tendencias psicopáticas (donde habrá predominancia de amoralidad, cortoplacismo, egocentrismo, y sadismo) quienes para sentirse exitosos y ganadores frente a los otros (y peor si están motivados por "bonos por resultados"), estresarán al sistema más allá de los límites racionales exigiendo a sus subordinados que aumenten sus "logros" sin importar el costo. 

En este escenario, las normas de seguridad (al igual que las medioambientales y las relaciones comunitarias) son un estorbo y son seguidas solo en la medida que no impiden el logro de las metas. Y si una unidad comete el "error" de lograr las metas, estas serán elevadas al año siguiente y se les recortará más los recursos, con lo cual las violaciones a la seguridad se vuelven un requisito imprescindible. Todo esto es ocultado bajo celebraciones acerca del logro de "éxitos" y con el reparto proporcional de "bonos por resultados" que premian a los jefes de niveles inferiores en la medida que demuestren las mismas conductas psicopáticas que sus superiores. No conozco de estudios sistemáticos que establezcan estadísticas de cuan extendida es esta patología pero no me extrañaría que se trate de un fenómeno masivo y de tendencia creciente a nivel mundial.

  • El cuarto y último fenómeno que veremos aquí son los efectos perversos que tienen las recompensas y castigos. Al fijarse metas de seguridad (por ejemplo "cero accidentes") y al asociarlas con premios por lograrlas y/o castigos por incumplirlas, quienes manejan estos números parecen desconocer que el humano hará lo que sea para evitar un castigo y hará lo que sea para conseguir un premio, en proporción directa al tamaño y relevancia de dichos castigo y/o premio. De modo que el humano rápidamente descubre que el premio/castigo no son contingentes a la ausencia de accidentes sino a que el reporte diga que no hubo accidentes. Mientras hasta el último obrero sabe esto, he conocido a ciertos funcionarios de seguridad que no lo saben o que pretenden no saberlo pues, sus propios premios y castigos, dependen de que el reporte diga que no hubo accidentes. Y esto genera un ambiente propicio para engaños, autoengaños, mentiras, falseamientos y demás conductas perversas.

Estos son solo algunos de los temas que deberían agregarse al complejo mundo de la empresa y la seguridad. Ya es hora que empecemos a enfrentarlos del modo más profesional.

¿Ha tenido usted alguna experiencia relacionada con el manejo de temas de seguridad en la empresa, que tenga relación con alguno de los casos señalados por el profesor Luis Felipe Calderón?

 



Esta entrada contiene un artículo de:
Luis Felipe Calderón Moncloa
Profesor del área de Administración. Doctorando en la Université Jean Moulin, Lyon, Francia. DEA, Universidad de Niza, Francia. MA in Management Learning y MSc in Information Management, Lancaster University, United Kingdom. MA, ESAN, Perú. Bachiller en Psicología, Universidad Nacional Mayor de San Marcos, Perú.
Profesor del curso Gestión Preventiva de los Riesgos Psicosociales en las Empresas del PEE de ESAN y profesor del MBA.
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