Prospectiva de América Latina en energías renovables no convencionales

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Las energías renovables no convencionales están experimentando un vertiginoso crecimiento gracias a la puesta en marcha de numerosas políticas y leyes destinadas a fomentar su implantación. A continuación, un repaso sobre los avances que se tienen en materia energética en América Latina.

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América Latina, región con un largo historial de desarrollo de la energía hidroeléctrica, se ha convertido en una de las zonas del mundo donde las energías renovables no convencionales están experimentando un vertiginoso crecimiento gracias a la puesta en marcha de numerosas políticas y leyes destinadas a fomentar su implantación y a la creación de fondos o mecanismos públicos para la financiación de proyectos.

Precisamente, la energía hidroeléctrica, junto a la generación de electricidad con otras fuentes renovables no convencionales como eólica y solar, ha permitido que países como Costa Rica, Paraguay y Uruguay obtengan prácticamente el cien por cien de su suministro de electricidad.

En el caso de Uruguay, la puesta en marcha de nuevos proyectos ha elevado su potencia en eólica a 800 megavatios, con la previsión de alcanzar los 1.400 megavatios en 2017, mientras que Costa Rica y Paraguay han decidido apostar por la energía geotérmica para aumentar su capacidad renovable.

Otros países como Colombia, con un acuciante problema reciente de escasez de lluvias (provocado por el fenómeno El Niño), han replanteado su mix energético, enriqueciéndolo con energías renovables por medio de incentivos fiscales (Ley 1517). Así, en la actualidad, Colombia cuenta con una capacidad hidroeléctrica y eólica fabulosa en la zona de la Guajira, así como una respetable capacidad solar en la zona del Caribe.

Tiempo de renovarse

En los últimos años, las energías no convencionales han sido capaces de bajar el precio de la energía ya que los sistemas de casación en los mercados de corto plazo (spot) son sistemas marginalistas y aquellas tecnologías con costes variables cercanos a cero son las que tiran del precio para abajo. En este punto hay que enfatizar que resulta necesaria la revisión de los mecanismos de cobertura de costes fijos como el pago por capacidad o cargo por confiabilidad y su aplicación a estas tecnologías renovables no gestionables y que no disponen de potencia firme.

Uno de los mecanismos normativos más usado para el desarrollo de las energías renovables en América Latina son las subastas, que suelen ofrecer a los adjudicatarios un contrato de compra de energía a largo plazo (PPA) con duraciones que van de 10 a 30 años.



Con visión a futuro

México celebró el pasado mes de abril su primera subasta eléctrica en un hecho que está lejos de ser aislado. En junio, la secretaría de energía del país autorizó la segunda subasta a largo plazo que se resolverá en septiembre y está previsto que en diciembre se convoque la tercera subasta. ¿Las razones de este éxito?

La primera subasta contó con 227 ofertas presentadas. 11 de las 69 empresas participantes se adjudicaron 5,4 millones de Certificados de Energías Limpias (CEL) y casi 5.400 GWh en proyectos renovables -75% fotovoltaicos y 25% eólicos-. La segunda subasta forma parte de las iniciativas de las autoridades mexicanas para integrar las renovables en el sistema eléctrico al amparo de lo previsto en la Reforma Energética de 2013.

En los últimos años, las energías no convencionales han sido capaces de bajar el precio de la energía ya que los sistemas de casación en los mercados de corto plazo (spot) son sistemas marginalistas y aquellas tecnologías con costes variables cercanos a cero son las que tiran del precio para abajo.

Por su parte, el Gobierno argentino dio  luz verde al Plan Nacional de Energías Renovables (RenovAr), que abre la convocatoria para la presentación de ofertas para la primera subasta de renovables en el país, donde se licitarán un total de 1.000 MW en una región que actualmente no llega a los 300 MW de capacidad renovable. Respecto a las zonas y tecnologías subastadas, se esperan importantes ofertas de energía eólica en la Patagonia, de energía solar en la zona andina y del noroeste, y de biomasa en el noreste del país.

Pocas semanas antes del lanzamiento del RenovAr, el Ejecutivo publicó el decreto 531 que reglamentó la Ley 27.191 que incentiva el desarrollo de renovables. La ley fija como objetivo que el 8% del consumo eléctrico nacional en 2017 y el 20% en 2025 provenga de fuentes alternativas y avisa de multas a las grandes empresas e industrias que no cumplan con esa cuota.

En los próximos dos - tres años se prevé una inversión de unos 5.000 millones de dólares en proyectos renovables que podría suponer la instalación de 3.000 nuevos MW. Para apoyar la financiación de proyectos se creó un Fondo Fiduciario para el Desarrollo de Energías Renovables (Foder) al que el Gobierno nacional ha asignado recursos por 800.000 millones de dólares que serán aportados por el Tesoro nacional. Además, las empresas que cumplan con los requisitos establecidos en la ley gozarán de ciertos beneficios fiscales.

Tendencia que no se detiene

Perú acaba de adjudicar 13 proyectos renovables por 430 megavatios en una subasta celebrada en febrero pasado; Brasil acaba de anunciar la próxima celebración de dos subastas de renovables en julio y octubre de este año; mientras que en Chile aún no se conoce cuándo tendrá lugar la segunda subasta eléctrica anunciada por el Gobierno chileno, en la que se se licitarán 13.000 gigavatios hora por 20 años. Según el Centro para la Innovación y Fomento de las Energías Sustentables (CIFES), la potencia total de proyectos renovables operativos en Chile roza los 3.000 MW, de los que poco más de 1.000 son fotovoltaicos, unos 900 son eólicos y 400 de biomasa.

Ante esta coyuntura de política energética latinoamericana, ¿cuáles deberían ser las claves de futuro para un MIX energético que ponga a Perú en el mapa de liderazgo renovable no convencional? ¿Cree que el Gobierno se plantea este objetivo?

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