Quítate la camiseta, ponte el cerebro

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Si te encuentras en el escalón 7 u 8 de tu organización, es tierno que te pongas "la camiseta" de la empresa, te identifiques con ella y cantes emocionado en el coro organizacional. Pero si estás en los niveles intermedios y pretendes llegar pronto a sus niveles superiores más te vale tomar distancia de esa modita destructiva.

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"Ponerse la camiseta" es una invocación manipulatoria para involucrarte emocionalmente con la organización a fin de que le entregues más de tu tiempo y de tus energías de las que sanamente le corresponden a tu rol laboral.

Dicho de otro modo, sirve para que la gente quite horas a su vida familiar, social y de pareja para dedicárselas a la organización y, todo, por el mismo módico sueldo. No discutiremos aquí el por qué este mecanismo enfermizo tiene tanta aceptación entre los jefes peruanos, pero claramente no es algo que vaya con las organizaciones ni con las personas triunfadoras quienes tienen como una de sus primeras características, el balance entre todos sus distintos roles.

En resumen: que tu trabajo es solo tu trabajo. No dudamos que es una parte importantísima de tu vida (así, subrayando "una parte" y no subrayando "importantísima"). Pero tu trabajo no es tu vida y no debieras permitir que tu trabajo se convierta en tu "yo", en tu identidad. A menos que seas un chupe de octava y no tengas ninguna otra forma de lograr que no te echen de ese empleo de bajo rango.

Las primeras cuatro razones por las que debes quitarte la camiseta

1. La primera razón para que no construyas tu "yo" alrededor de tu organización es que mañana podrían botarte del trabajo porque tus jefes decidieron, a pesar de todos tus sacrificios y toda tu entrega (dado que no te quitabas la camiseta de la organización ni para dormir), que deben ahorrar costos y "racionalizar". O tal vez no te boten, solo te saquen de planilla y te pasen a cobrar por recibo para que le cuestes menos a la organización y así se ahorren el dinero que desperdiciaban en tu salud, tus vacaciones, tu jubilación y otras tonteras por el estilo. Lo único importante, es que algún gerente, gracias a estos ahorros, logrará sus metas y cobrará su bono anual, que es lo único que de verdad importa.

2. La segunda razón es más bonita. Podría suceder que, dada tu gran capacidad y tu buen desempeño, mañana podrías conseguir una mejor chamba y decidas renunciar y te vas de esta organización. ¿Qué harías entonces con esa "camiseta" que ya la tienes tatuada en la piel?



3. La tercera es la razón más importante: un ejecutivo con la camiseta puesta no le sirve a su organización y es un peligro para ella. (Les ruego, les insisto que lean el brillante libro de Alvesson y Spicer, 2016, The Stupidity paradox. Cómprenlo por Amazon.com/kindle y les llega en dos minutos).

"Que necesitamos ejecutivos comprometidos con su empresa" es una peligrosa verdad a medias. La verdad es que un ejecutivo enamorado y fanatizado incurrirá en todos los errores propios de los enamorados y de los fanáticos y podría llevar, en el extremo, a la desaparición de la empresa. Lean cada caso de grandes marcas que desaparecieron y verán en ellos los signos de la "Functional Stupidity" de la que Alvesson y Spicer nos advierten. También observarán que en esas desaparecidas grandes marcas hubo algunos ejecutivos que alertaron de los peligros pero que no lograron hacerse oír, dado que todos estaban demasiado ocupados adorando a su amada empresa y a sus idolatrados productos, negándose a ver la realidad de sus defectos y errores. Y hoy son historia.

Los mejores ejecutivos, más que tener camisetas bien puestas, tienen los cerebros bien activos. Aman el éxito, por lo que quieren que sus empresas y sus productos sean exitosos, pero no están cegados por el amor a ellos de modo que son conscientes de los peligros y limitaciones.

En el extremo, es una total y peligrosa mentira que necesitamos ejecutivos comprometidos con la empresa: lo que necesitamos son ejecutivos comprometidos con su propia vida, con sus familias, con su éxito y que, para buena suerte nuestra, deciden realizar su éxito en nuestra empresa. (Esto lo veremos en el siguiente artículo).

Los mejores ejecutivos, más que tener camisetas bien puestas, tienen los cerebros bien activos. Aman el éxito, por lo que quieren que sus empresas y sus productos sean exitosos, pero no están cegados por el amor a ellos de modo que son conscientes de los peligros y limitaciones.

4. La cuarta y última razón es de gran trascendencia. He partido a propósito de un supuesto falso: "los niveles altos son los que piensan, los niveles bajos basta que se comprometan".

Pues les mentí: en una empresa excelente, todos tienen el cerebro puesto y bien activo y están comprometidos con su propio éxito de modo que si queremos que se queden a tener sus éxitos aquí, debemos desarrollar un estilo de gerencia que logre precisamente eso: que se queden porque les conviene, no que se queden porque están comprometidos

¿Usted tiene alguna experiencia relacionada con aquella frase "ponerse la camiseta de la organización"?

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