Hombres y mujeres, razón y emoción: ¿Realmente somos distintos?

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La respuesta, como suele ser para estas cuestiones, es sí y no al mismo tiempo. Adicionalmente puede señalarse que, a través de rutas diferentes, podemos llegar a los mismos resultados.

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El debate se mantiene: ¿razón o emoción? Y si se busca un equilibrio, ¿cuál es la mejor combinación? En el mundo empresarial, las visiones sentimentales de la emoción fueron predominantes a principios del siglo pasado, hasta que en los setentas la racionalización se posicionó como la base ideal. Asimismo, de la discusión se extiende más de una rama cuando se busca plantear una diferenciación por géneros: ¿hacia cuál de las dos suelen inclinarse hombres y mujeres?

La profesora Daphna Joel, de la Universidad de Tel Aviv, señala que poseemos cerebros intersexuales, lo que significa que no hay una diferencia estructural entre las composiciones cerebrales de hombres y mujeres. No obstante, algunos investigadores demuestran que las conexiones entre el hemisferio izquierdo y el derecho son bastante diferentes entre géneros: las mujeres poseen una red densa, mientras que los hombres reducen sus conexiones. Esto vuelve a las primeras más hábiles para relacionar lo intuitivo con lo analítico; y a los segundos más propensos a coordinar mejor la percepción y la acción.

En otras palabras puede decirse que, mientras las mujeres tienen más cables, los hombres cuentan con más procesadores. Esta diferencia, sin embargo, no marca un rendimiento cerebral superior para ninguno: más allá del género ambos cuentan con herramientas cognitivas distintas para construir la estructura de su máquina pensante. Esta postura también es respaldada por el psicólogo Richard Haier de la Universidad de California, quien dice que la mujer, por ejemplo, es más sensible a las expresiones emocionales de dolor o tristeza mientras que, ante situaciones de riesgo, los hombres asumen un enfoque más analítico.



Más allá del género y más allá de nuestras inclinaciones cerebrales naturales, es necesario encontrar el equilibrio adecuado entre la razón y la emoción a través de la mesura.

Por otro lado, el famoso médico neurólogo de origen portugués, Antonio Damasio, nos recuerda que todas las experiencias tienen una marca emocional, ya que los procesos del conocimiento dependen de la evaluación de los sentimientos. El aprendizaje y las decisiones, por muy racionales que sean, en última instancia dependen de nuestras emociones para ser eficaces.

Así pues, existen dos componentes que pueden delimitar la eficacia en los cerebros rentabilizando sus diferentes capacidades. Por un lado está el llamando "efecto camaleón" o la facultad que poseemos para ponernos en la posición del otro; y, en segundo lugar, se encuentra la capacidad de regular nuestras emociones, que surge como una necesidad ante la incompatibilidad de un exceso de las mismas, sea dentro de las relaciones sociales, familiares, sentimentales o empresariales.

Mientras la cooperación como estrategia siempre es positiva, no sucede lo mismo con la represión de nuestros sentimientos. Una extrema regulación cognitiva de nuestras emociones provoca que estas escapen por algún sitio, llegando a convertirse en pesimismo, depresión o una opinión deteriorada sobre nosotros mismos (baja autoestima).

En conclusión, más allá del género y más allá de nuestras inclinaciones cerebrales naturales, es necesario encontrar el equilibrio adecuado entre la razón y la emoción a través de la mesura, pues una regulación desbocada puede generar trastornos neuróticos. Las emociones deben manejarse sanamente y este es un ejercicio que puede llegar a aprenderse e, incluso, a perfeccionarse a lo largo del tiempo y la práctica.

Si analizas tu forma de ser, ¿podrías asegurar que cuentas con una salud emocional equilibrada?

Fuentes Consultadas:

1. Artículo "¿Tiene el cerebro sexo?", Daphne Joel.

3. Artículo "Men and women process emotions differently", ScienceDaily.

4. El cerebro y emociones, vídeo de Antonio Damasio. 

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