Subcampeones en sueldos y salarios

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¡Buenas noticias! "El Perú es subcampeón sudamericano pero solo si volteamos la tabla de cabeza". Esta es una vieja y tonta broma con la que los peruanos nos consolamos de nuestras desgracias futbolísticas. Menos gracioso es que tendríamos que decir lo mismo de los salarios. Somos subcampeones sudamericanos en sueldos si contamos de abajo para arriba.

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¿Cómo se explica entonces que durante décadas muchos ministros, economistas y representantes empresariales insistieran en que los salarios del país son de los más altos de Sudamérica y hasta del mundo? Parece ser que la consultora Deloitte Perú encontró la respuesta. En un bien sustentado informe publicado la semana pasada en el diario Gestión, se demostró que los que sí están terceros en Sudamérica en cuanto a sueldos más altos son los ejecutivos peruanos. 

Ahora bien ¿Cómo puede ser posible que ejecutivos que ganan los mejores sueldos y pagan los peores salarios se hayan convencido de que pagan salarios altos? Como dudo de que la economía tenga una explicación para este fenómeno extraño de alucinación colectiva tenemos que recurrir a la Teoría de la Brecha (Gap Theory) para entenderlo. 

Una explicación a los sueldos y salarios bajos 

La teoría sostiene que las personas no comparan lo que reciben contra algún estándar teórico, perfecto o absoluto, sino contra sus expectativas. Por ejemplo, si alguien esperaba recibir 100 dólares pero al final recibe 120 dólares, entonces quedará satisfecho. Así también, alguien quedará satisfecho si pensaba que un servicio le costaría 100 dólares pero al final solo le cobran 90 dólares. Sin embargo, esta teoría funciona también en sentido opuesto. Cuando vemos las fotos trucadas de los fast foods esperamos una hamburguesa enorme y rebosante de queso,  la decepción es grande cuando al recibirla es mucho más pequeña y con menos queso de lo que esperábamos. 

Tenemos la impresión de que los ejecutivos peruanos ven sus sueldos como no tan altos y los de sus subordinados como demasiado altos. Esta percepción se origina no porque hayan leído comparaciones internacionales, que hay muchas y a libre disposición de quien quiera,  sino porque al parecer creen que merecen sueldos más grandes de los que reciben y consideran que sus trabajadores reciben salarios mucho más grandes de lo que sienten que se merecen. 

Así, de tanto repetir en los medios de comunicación masiva y en las aulas que los trabajadores peruanos reciben de los salarios más altos de Sudamérica y hasta del mundo, muchos han terminado por creer esta manifiesta falsedad.  Esto puede pasar incluso con trabajadores mal pagados que no solo lo creen sino que hasta pueden sentir culpa cada vez que reciben su magro salario porque se han convencido (se les ha convencido) que ellos merecen aún menos. 



Al parecer los ejecutivos creen que merecen sueldos más grandes de los que reciben y consideran que sus trabajadores reciben salarios mucho más grandes de lo que sienten que se merecen.

Pero ¿qué efecto tendrá sobre el clima laboral de cada organización y del país que nuestra brecha de ingresos sea de las más grandes de Sudamérica? (según el estudio de Korak, "Inequality from generation to generation: the United States in comparison" de la Universidad de Ottawa). 

Receta infalible para el fracaso de nuestras empresas y el país 

Si comprobásemos que la empresa peruana está caracterizada por falta de humanidad, de equidad e indiferencia ante el sufrimiento ajeno por parte de empresarios y ejecutivos mientras que por el lado de los trabajadores tenemos  fatalismo, resignación, envidia y frustración,  estaríamos frente a un peligroso cóctel: una mezcla explosiva, una fórmula infalible para el fracaso económico y social que ya explican muchos expertos como David Ritchie (ver sus artículos en Conexión ESAN sobre nuestro retroceso tecnológico) y las estadísticas de competitividad peruana del World Economic Forum

Desde la perspectiva de muchos ejecutivos, economistas, empresarios y autoridades, todos ellos de altos ingresos, esta brecha no solo está bien, sino que incluso debería crecer. Es obvio, también, que muchos de los trabajadores que padecen los ínfimos salarios, a diferencia de los mencionados más arriba, perciben la gran brecha de ingresos y sienten, ante ella, una mezcla de emociones negativas.

Deben realizarse estudios acerca de cómo afecta a nuestras organizaciones esa inhumanidad y falta de solidaridad de parte de esos peruanos de altos ingresos. A la par debemos estudiar los sentimientos de envidia, frustración, indignación de quienes ganando tan poco ven que quienes ganan bien, no solo los acusan de ganar demasiado sino que los hacen culpables de la falta de competitividad de sus empresas y el país. 

Aunque esos estudios aún no hayan sido elaborados, es fácil entender el efecto destructivo que  ello tiene en la innovación y competitividad de nuestras organizaciones. Eso explica por qué el prestigioso economista estadounidense Michael Porter aseguraba que "El Perú carece de una política de largo plazo en materia de competitividad" y que "la economía peruana no tiene un rumbo definido".

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