Los beneficios de la RSE con enfoque estratégico y ético

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La mayoría de los empresariados peruanos aún no incluye acciones de responsabilidad social empresarial (RSE) en sus estrategias o la aplica de manera incorrecta. En este contexto, un enfoque más integral y sustentado con principios éticos beneficiaría a las compañías y a sus grupos de interés.

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Durante mucho tiempo, la RSE se ha confundido con realizar aportes económicos para una causa, trabajar en relaciones públicas para impulsar la imagen de la empresa o tomar acciones concretas para solucionar conflictos con las comunidades. Estas visiones restrictivas de la RSE no permiten aprovechar todas sus posibilidades para las compañías y sus stakeholders.  

La RSE es una forma de gestión que implica un comportamiento transparente y moral con los grupos de interés para lograr un bienestar económico, social y ambiental. Requiere una alineación a la estrategia de la empresa y contribuye a un desarrollo sostenible. Es un ejercicio planificado, organizado y monitoreado de manera permanente, con indicadores que permiten medir y evaluar los impactos a largo plazo. 

Crecimiento limitado 

En el Perú, la RSE aún se encuentra en proceso de incorporación. Aunque se escucha cada vez más en el ámbito empresarial, solo se ha extendido entre las grandes empresas y algunas medianas, pero no en gran parte del sector empresarial local. Además, un número significativo de quienes la incluyen entre sus prácticas organizacionales la aplican con enfoques equivocados. 

También hay un creciente interés en reportar las acciones de RSE para sistematizarlas y contar con indicadores de impacto. En ese sentido, del 2010 al 2017, la presentación de reportes GRI en el Perú creció un 140 % y, a la fecha, se cuenta con 445 reportes registrados, lo que nos ubica en el quinto lugar en Sudamérica.



El reto de las empresas es apostar por un enfoque más estratégico y de largo plazo, sustentado en un ejercicio de la moral empresarial.

Entre 2016 y 2017, el número de empresas que presentan reportes GRI en el Perú se incrementó 20 %. En el ámbito del Pacto Mundial, nuestro país ya cuenta con 118 organizaciones registradas. Si bien todas estas cifras representan avances, la fracción es pequeña frente al tamaño de las empresas peruanas. Aún hay un amplio camino por recorrer. 

Cambio de enfoque 

En otros países, las prácticas de RSE poseen un enfoque mejor alineado con las estrategias de la empresa, lo que se traduce en un accionar planificado y con herramientas y metodologías de sistematización y de medidas de impactos. No solo se involucra a la organización, sino también a toda la cadena de valor. 

La preocupación por actuar de acuerdo con los principios éticos genera actos más coherentes. Así se logran grandes contribuciones para las obras comunitarias. Sin embargo, hay empresas que pagan coimas a funcionarios públicos para lograr permisos, acelerar trámites o licitaciones. Otras no cumplen con brindar condiciones de trabajo adecuadas y atentan contra los derechos de los colaboradores. 

En ese sentido, el reto de las empresas es apostar por un enfoque más estratégico y de largo plazo, sustentado en un ejercicio de la moral empresarial. Las actividades de RSE sin una noción de valor solo generarán gastos sin algún efecto concreto. En cambio, las acciones sin un sustento en principios solo serán un manejo instrumental y hasta manipulador que, incluso, puede traer efectos nefastos para la empresa y la sociedad. 

Finalmente, cabe mencionar que existen estudios importantes como el Merco Responsabilidad Social y Gobierno Corporativo 2017 que permiten visibilizar la RSE y generan un espacio de reflexión en torno a ella. Además, permiten apreciar ejemplos concretos de aplicación de la RSE y divulgar experiencia que aportan a otras empresas. 

¿Cómo se aplica la RSE en su organización?

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