Elecciones regionales y municipales 2018: una oportunidad de cambio

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En medio de una crisis política, las próximas elecciones regionales y municipales se presentan como una oportunidad de cambio, pero ¿cuáles son los factores que deben tomarse en cuenta para transformar con éxito la gestión pública?

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Fuente: Andina

En la obra "Estado de crisis", publicada en 2016 por el sociólogo, filósofo y ensayista, Zygmunt Bauman, se señala que "estamos viviendo un contexto de divorcio entre el poder y la política, y esa ausencia provoca una ausencia de la agencia o capacidad de acción necesaria para hacer aquello que toda crisis exige". Es decir, desde la perspectiva de la gestión pública se carece de la capacidad para implementar modelos y acciones capaces de satisfacer las necesidades sociales. 

Esta incapacidad, sin embargo, no puede atribuirse únicamente al gobierno central; de hecho, gran parte de ella proviene de los gobiernos regionales y municipales, que no han logrado solucionar las necesidades más apremiantes de la población. Ante ello, las elecciones regionales y municipales de este año se presentan como una oportunidad para iniciar un cambio en la forma en como se ha venido conceptualizado la gestión pública regional y municipal en los últimos años: sustituir la lógica basada en fierro y cemento por la implementación de un modelo de intervención que se sustente en una visión de ciudad para los próximos veinte años por lo menos.



Factores para el cambio

Esta nueva elección es una oportunidad de cambio que tiene que ser asumida principalmente por los propios candidatos y sus equipos de campaña. Debe recomponerse la relación entre poder y política mediante el uso adecuado de la capacidad que tienen los gobiernos regionales y locales de «hacer cosas» con la idoneidad de las «decisiones de gestión». Para estos fines, los procesos de democracia interna y, sobre todo, de capacitación son claves.

Se debe sustituir la lógica basada en fierro y cemento por la implementación de un modelo de intervención sustentado en una visión de ciudad para los próximos veinte años por lo menos.

En el caso de Lima Metropolitana, un último sondeo realizado por ISP Investigaciones señaló que la primera necesidad que debe satisfacer el próximo alcalde metropolitano es la seguridad ciudadana, seguida del ordenamiento del transporte; asimismo, que la nueva autoridad debe tener, entre sus principales atributos, la honestidad y la capacidad de gestión. Queda claro entonces, que el cambio está presente en la voluntad de los ciudadanos.

Es de suma importancia que la nueva gestión pública regional y municipal no solo se base en el conocimiento cabal de los sistemas administrativos y funcionales con que se implementan las políticas de gobierno, sino que también responda a una visión de desarrollo territorial y urbano para la solución de los problemas cotidianos de la población. Además, que la comunicación constante con el ciudadano sea un activo de las autoridades locales y regionales para el fortalecimiento de la gobernabilidad.

De ahí que la apuesta de las organizaciones políticas, los candidatos y sus equipos, los funcionarios regionales y municipales por capacitarse de manera permanente y por aplicar nuevos estilos de gestión será clave para transformar la gestión pública regional y municipal como unidad básica de la gestión pública nacional y, por tanto, para el desarrollo del país.

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