Ben-Hur y el derecho empresarial

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Además de ser una de las películas más galardonadas de la historia, la novela escrita por Lewis Wallace generó uno de los primeros debates sobre el pago de regalías en el mercado empresarial estadounidense por derechos de autor y sentó las bases para la defensa de normas de propiedad intelectual.

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Ben-Hur: A Tale of the Christ fue una novela escrita y publicada por Lewis Wallace en 1880, en Estados Unidos, que se convirtió de inmediato en un éxito de ventas. Por ello, es preciso tomar en cuenta que el personaje principal de la novela es solo una creación del autor. El éxito comercial del libro trajo como consecuencia el interés de diversas industrias por explotar sus beneficios: una de ellas fue el teatro. 

El inicio del conflicto

En 1899 se montó una adaptación con todas las demandas logísticas que acarreaba para la creciente escena de Broadway. Según la crónica de esa época, la obra fue vista por millones de espectadores que llenaban los escenarios por la famosa competencia de cuadrillas. No importó que a veces ganara Messala, el antagonista, debido a que los caballos corrían en fajas sobre el escenario y sin mucha precisión, ya que se trataba de un espectáculo novedoso. 

Los resultados comerciales de la obra llevaron en 1907 a la producción de una película corta basada en el libro. Sin embargo, la empresa Kalem Company no tuvo la autorización de los legítimos herederos de Lew Wallace ni de la editorial del libro para ejecutarla y comercializarla. Debido a las ganancias que tuvo la cinta, los herederos demandaron a la productora y crearon un precedente en la Corte Suprema de Estados Unidos (Kalem Co. v. Harper Brothers, 222 U.S. 55 (1911), como uno de los primeros casos en que se solicitaba protección de los derechos de autor de este tipo.



La historia de Ben-Hur ayudó a desarrollar la protección de obras elaboradas por los medios existentes frente a nuevos medios de difusión.

Para tomar una decisión, la Corte evaluó los nuevos componentes de un medio en etapa de desarrollo, como era el cine mudo. Se consideró el uso de fotografías que unidas representaban una historia, así como la dramatización del texto publicado mediante el uso de imágenes que permitían a la audiencia identificar los eventos descritos en el libro, sin perjuicio de que no necesariamente estén escritos de manera específica en la obra. 

Una conclusión que hizo historia

El análisis, novedoso para la época, incluyó la idea de que el discurso y las acciones consecuentes podían relatar una historia escrita sin ayuda de palabras. Era distinto a tomar imágenes o fotografías estáticas de una obra que no relataba toda una historia escrita. Se concluyó que, para efecto de derechos de autor, cabía extender la protección a las ideas que provenían de las palabras y otorgar un monopolio temporal sobre estas ideas específicas de connotación particular y no sobre todas las palabras contenidas en el libro. 

En consecuencia, la productora tuvo que pagar una suma a favor de los herederos por los daños ocasionados. Así, la historia de Ben-Hur ayudó a desarrollar la protección de obras elaboradas por los medios existentes frente a nuevos medios de difusión. Se adaptó el derecho a las nuevas tecnologías del momento. No solo fue una obra de Semana Santa, sino también un punto de partida para la creación de nuevas tendencias legales.

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