¿Cómo incentivar la innovación en el Perú?

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La innovación empieza a formarse desde la educación básica y continúa su proceso en la educación superior y en las empresas. Por eso, es necesario que el Estado, las universidades y el empresariado trabajen de manera coordinada para obtener mejores resultados.

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La edición 2017 del Índice Mundial de Innovación reafirma que los países más innovadores son los más desarrollados. Ellos aparecen en las primeras posiciones del ranking, a diferencia del Perú, que, desde hace cinco años, figura en el puesto 70 -posiciones más, posiciones menos-. La ubicación de cada país dependerá del resultado de los 81 indicadores que se evalúan. 

Los indicadores son los estándares económicos utilizados en la OCDE, que evalúa el rendimiento económico de los países más desarrollados. Lo que se mide no es, necesariamente, la innovación, sino el rendimiento del sistema económico. Para subir de puesto, lo ideal es adoptar estándares económicos en áreas principales que sean más fáciles de implementar. Sin embargo, sería ilusorio pensar que el país estará entre las primeras 35 posiciones, por la medición de parámetros y las políticas económicas que desde hace años se implementan en esos países. 

Un problema educativo

La formación del profesional es importante para fomentar la innovación, pero el problema es más complejo: no solo radica en escoger las carreras que el mercado requiere. A los estudiantes no los forman con las habilidades cognitivas básicas para desarrollar las competencias mínimas en capital intelectual, que les permitan un desarrollo en todos los niveles.



La fuga de talentos no repercute en la generación de ideas innovadoras, porque estas dependen de la estructura institucional, el entorno y las condiciones de los emprendimientos donde florecen.

En general, las élites intelectuales en Latinoamérica están muy bien preparadas. Así lo demuestra el rendimiento de nuestros estudiantes en los posgrados más exigentes en universidades top del mundo y su desempeño en empresas multinacionales. El problema está en la formación en los niveles básico y secundario del grueso de la población que no forma parte de esta élite. Ellos egresan sin las competencias básicas. 

Las universidades que los acogen no pueden suplir ese déficit, por lo que entregan al mercado laboral gente sin las competencias necesarias. Si la educación preparara a la mayoría de los estudiantes en estas habilidades cognitivas básicas, tardarían poco en adquirir competencias requeridas por el mercado, sin escoger necesariamente las carreras que el mercado necesita. 

Iniciativas desde tres sectores

La innovación es de muchos tipos: debe generarse en múltiples niveles y de forma transversal en toda la industria. Un tipo de iniciativa es la que propone Concytec. Aunque su impacto cuantitativo es muy leve, sí logra destacar en el aspecto cualitativo, porque permite compartir experiencias y tecnología con entidades internacionales que tienen muchas capacidades y pueden aportar en metodología, procesos, capital humano y transferencia de conocimientos. 

El entorno institucional es otra dificultad, ya que el vínculo entre empresa, universidad y Estado aún no se sincera. Son tres instituciones con propósitos diferentes. Su estructura, capital humano y formas de organización y trabajo se orientan a responder a esos propósitos que en Latinoamérica son muy diferentes unos de otros. La forma de acercarlos es que cada uno juegue un rol con el que vean que tienen la oportunidad de ganar. 

Las universidades deben crear la estructura necesaria para participar en proyectos que interesen a las empresas y así contribuir al proceso con el capital humano necesario. El Estado debe jugar un rol subsidiario y apoyar al empresario con estructura, control de proyecto y asesorías para que esté más dispuesto a invertir, mientras que la universidad aporta en áreas específicas del desarrollo. 

Talento y originalidad

Patentar inventos es la medida más común de los países industrializados para cuantificar la creación de conocimientos e innovaciones. En Latinoamérica, la cultura de patentar es muy baja y tiene que ver con que la mayoría de los elementos que utilizamos en la vida diaria son de origen foráneo. Por ejemplo, en Chile, donde la piratería y la informalidad son menores, se patenta igual o menos que en el Perú, porque las creaciones locales no ofrecen las ventajas competitivas que las diferencie de sus similares. 

Aunque la fuga de talentos preocupa a algunos países latinoamericanos, no repercute en la generación de ideas innovadoras, ya que estas dependen de la estructura institucional, el entorno y las condiciones de los emprendimientos donde florecen. Si la gente talentosa no dispone de esas condiciones, difícilmente podrá generar innovaciones relevantes. La migración de talentos ocurre por ese motivo. Lo positivo de la migración es que fomenta el intercambio de conocimientos que puede contribuir en la coproducción de más ideas innovadoras. 

Es difícil superar las barreras culturales que bloquean el acceso a capital de riesgo para financiar proyectos de innovación. Sin embargo, los empresarios y el sistema bancario en Latinoamérica tienen negocios de carácter rentista con mucho menos riesgo y que les dan ganancias muy interesantes. Esto solo cambiará con el desarrollo de la economía y los mercados, o con el Estado que juegue un rol más participativo en la subsidiaridad. ¿De qué manera tu institución contribuye con el desarrollo de proyectos de innovación?

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