Tecnoética y seguridad aplicadas en la industria de la automoción (Parte I)

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Hoy en día, el acelerado despliegue de las tecnologías de la información ha creado la necesidad de definir criterios éticos y de seguridad para afrontar la transición a escenarios desconocidos e inquietantes.

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Aunque el futuro que augura Dan Brown en su último libro, Origen, pueda parecer más propio de la serie Black Mirror, lo cierto es que perfila ciertos conflictos éticos que están más cerca de lo que parece. Sin ir más lejos, Google acaba de efectuar una presentación mostrando cómo su asistente es capaz, desde un teléfono Android, de reservar una mesa en un restaurante. Utilizando un lenguaje natural similar al de una persona común y corriente, responde interactivamente a un interlocutor humano, haciéndose pasar por uno.

Asimismo, a finales del 2016, investigadores en ciberseguridad se las arreglaron para controlar un Tesla Model S a través de comandos traducidos directamente de la actividad cerebral. Esta tecnología "telepática", integrada en un casco, permitía conducir el vehículo con la cabeza traduciendo determinados pensamientos -como "para" o "adelante"- a órdenes ejecutables. Esto a través de propulsores situados en los pedales y en el volante.



Las nuevas tecnologías están abriendo radicalmente nuestro campo de acción, pero, al mismo tiempo, son la vía de acceso a un nivel de invasión de la intimidad sin precedentes.

Estos y otros casos son ejemplos del espectacular desarrollo de las tecnologías de la información, desde los sistemas de inteligencia artificial hasta modelos de aprendizaje automático en ámbitos cotidianos. Esta inquietante situación trae consigo la necesidad de establecer determinados criterios para evaluar y afrontar las nuevas posibilidades que presenta un futuro tecnológico a este nivel.

Ética e informática

Lo cierto es que no muchos usuarios de Internet tienen claro dónde empiezan y dónde acaban sus derechos y, paralelamente, "navegan" por la red bastante convencidos de su invulnerabilidad. Creemos que nuestros datos son privados, que podemos permitirnos tener una doble personalidad en el anonimato y que nadie puede saber qué cosas hacemos en nuestro ordenador o teléfono móvil. Somos demasiado inocentes.

Tendríamos que revisar cuál es la situación. ¿Realmente disponemos de tanto margen de acción? ¿A qué riesgos estamos expuestos? ¿Hacia dónde va el futuro tecnológico de nuestros puestos de trabajo y relaciones sociales? ¿Podemos conformarnos con "conducir" las nuevas tecnologías sin saber nada de "mecánica"?

Por su parte, las nuevas tecnologías están abriendo radicalmente nuestro campo de acción, pero, al mismo tiempo, son la vía de acceso a un nivel de invasión de la intimidad sin precedentesChina, por ejemplo, acaba de poner en marcha su particular versión del "Gran Hermano" de Orwell. Ha dotado a cada ciudadano de un carnet por puntos que prohibirá el acceso a trenes y aviones durante un año a quienes hayan cometido ciertas infracciones. En el futuro, el acceso a sanidad, transporte, educación, entre otros servicios, se priorizará en función de esa puntuación de "buen ciudadano".

Los cambios tecnológicos son cada vez más espectaculares y son muchas las áreas que, si no lo han hecho ya, van a tener que abrir un debate respecto a cómo digerir la tecnología que las está transformando. Uno de estos sectores que presenta un alto rango de desarrollo tecnológico es la industria automotriz. Desarrollaremos los dilemas éticos y de seguridad que presenta la influencia de la tecnología en los automóviles en la segunda parte del artículo.

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