Personas y cambio digital

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La creciente transformación digital trae consigo grandes posibilidades, pero también importantes desafíos. El reto que actualmente enfrentan las personas es el de desarrollar las habilidades necesarias para aprender a gestionar exitosamente el cambio tecnológico y su nuevo entorno.

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Nuevo paradigma

El paso de la materia de estado sólido a gaseoso se llama sublimación. Por regla general, se trata de un cambio brusco y espectacular. En el caso del cambio digital, este tiene poco de líquido y mucho de gaseosos, y se ha producido tan rápido que ha sublimado la cultura empresarial.

En los años 90, en el entorno militar, se acuñó el concepto VUCA para describir situaciones complejas provenientes de la Guerra  Fría. Se trata de un acrónimo que combina los conceptos de Volatilidad (Volatility), Incertidumbre (Uncertainty), Complejidad (Complexity) y Ambigüedad (Ambiguity).

Este concepto, aplicado a la situación de cambio digital y tecnológico, describe un entorno cambiante de manera rápida y significativa. Este es impredecible y en el intervienen multitud de factores muchas veces interconectados, lo que conlleva una cierta dificultad para ser entendido y explicado. Vaya confusión provocada por haber pasado de un mundo con un nivel de crecimiento y desarrollo rápido a otro que está cambiando exponencialmente, y que no deja tiempo para ir digiriéndolo.

Temor y esperanza

El cambio digital, como todo en la vida, tiene su lado bueno y su lado complicado. Si por un lado se abren nuevas posibilidades para una vida mejor, por otro se dibujan los temores inherentes a todo cambio, que pasan por la dificultad  de adaptación de las personas, las estructuras y el costo que puede provocar  la pérdida de puestos de trabajo.

El acceso a la información y a la cultura, la gestión más eficiente de la salud y la facilidad e inmediatez en la producción de bienes desde los programas de diseño, todo esto,  se ve empañado por el auge de la inteligencia artificial que puede dejar a muchas personas desempleadas.



La Internet de las cosas, la automatización de la logística y de las actividades vinculadas con el tratamiento de datos han sustituido a las personas por elementos autónomos ligados a la minería de datos. Estos, pueden manejar bases de datos de volumen inalcanzable por el cerebro humano, motivo por el cual están desapareciendo profesiones que hasta hace poco habrían sido impensables sin la interacción de las personas. Esto  ocurre en el ámbito de la producción y en la gestión de conocimiento, tal es el caso de abogados, personal sanitario y educadores. Esta situación afecta a unas generaciones que todavía piensan e interpretan la vida y la realidad desde otro enfoque que está resultando caduco. Las generaciones a las que nos referimos,  son la cola final de los baby boomers (1945/1964), generación X (1965/1981), milenial (1982/1994) y centenial (1995/ actual).

Lo bueno y lo malo forman parte del crecimiento de la humanidad, y en situaciones de cambio puede ser interesante disponer de un cuaderno de ruta que permita avanzar minimizando los daños causados por el fuego amigo.

¿De dónde viene la solución?

Quien no se adapta a los nuevos entornos acaba desapareciendo, y como en materia evolutiva la necesidad crea el órgano, los nuevos tiempos, los entornos VUCA, requieren habilidades y competencias nuevas que permitan gestionarlos. Esto solo puede conseguirse a través de  las personas. El cambio y la evolución de la sociedad y las empresas hacia un modelo tecnológicamente superior, no puede ser posible si las personas con las que se llevará a cabo no tienen las habilidades necesarias.

Las habilidades técnicas o hard skills están cambiando, y las necesidades de nuevos perfiles se hacen patentes aunque muchas veces la demanda no tiene una oferta sólida correspondiente. 

La adaptación al cambio desde el punto de vista de las habilidades técnicas es posible siempre que haya una actitud positiva por parte de quienes la pondrán en práctica. Esto significa que se necesitan competencias que permitan relacionarse mejor con uno mismo, con los demás y con el entorno. Estos abastecen factores emocionales y de comportamiento social. Hablamos de las soft skills.

Si el sistema educativo está haciendo un serio esfuerzo por formar a las generaciones jóvenes en habilidades técnicas, no sucede lo mismo con las competencias emocionales y de liderazgo, y es aquí donde se cuece la solución del problema.

¿De qué competencias estamos hablando?

Sin querer abarcar todo el abanico de competencias, hay algunas que en opinión de muchos investigadores y observadores sociales ocupan un lugar privilegiado.

  • Creatividad
  • Innovación
  • Relación con el cambio
  • Impulso del cambio
  • Capacidad de conectarse con los demás creando redes relacionales y trabajando en equipo.
  • Visión sinfónica o capacidad de relacionar hechos y cosas que de entrada podrían ser inconexas.
  • Tolerancia a la incertidumbre
  • Capacidad de visión y proyección
  • Capacidad de influencia y de generación de confianza
  • Habilidades de comunicación
  • Gestión de la marca personal propia y de los equipos que se lideran

Otro punto importante es entender que sin aportar valor, el cambio no tiene sentido. Se entiende como propuesta de valor a todo aquello que es capaz de solucionar un problema a los demás, cubrir una necesidad o mostrar una novedad con el fin de impulsar, permitir el cambio y encontrar salidas eficaces a las necesidades de las personas.

Las personas capaces de liderar el cambio tecnológico deberán encontrar sentido a la vida. Su objetivo es desarrollar pasión, equilibrio, flexibilidad, capacidad de aprendizaje y dejar una huella en el mundo.

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