¿Quién nos dará la visión de Lima 2035 y Lima 2050?

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Tras las recientes elecciones municipales y regionales son muchas las expectativas que se depositaron en los flamantes alcaldes y gobernadores regionales, todos añoran un cambio, pero ¿solamente el trabajo de ellos será suficiente?

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Toda ciudad moderna tiene un plan de desarrollo debidamente estudiado, que se integra a un concepto mayor que es la visión de país que se persigue, y además por conceptos intermedios que sirven de nexo entre ambos, se trata de los planes de desarrollo regional. Todo ello bajo el marco de un ordenamiento territorial.

Cuando mencionamos que el plan debe ser bien elaborado, no nos referimos a los llamados equipos técnicos de ningún alcalde o gobernador regional, sino a una organización que debe existir en el estado y en el tiempo. Esta organización debe estar conformada por un equipo multidisciplinario, altamente especializado, compuesto solamente por la cantidad de personas necesarias en su función ejecutiva, que delineen las directrices de la planificación, ausente hoy en día en el país, y tengan también la responsabilidad del cumplimiento de su ejecución.

El BCRP del ordenamiento y la planificación

Los peruanos hemos aprendido a respetar al BCRP (Banco Central de Reserva del Perú) como institución, por su profesionalismo y buena dirección de la política monetaria del país. La mínima injerencia política no la ha afectado, pues la supremacía de lo técnico siempre ha prevalecido.

 



Si no se tiene una visión de país, no se puede planificar adecuadamente la ciudad de Lima y otras ciudades también.

Ello nos demuestra que para la buena marcha del país, las instituciones técnicas son necesarias para impulsar y garantizar nuestro desarrollo como nación y no debemos temerlas. Lima, como ciudad tiene unido su destino al destino del Perú. Si no tenemos una visión de país no podremos tener una visión de Lima, no pueden ir desligadas.

La no reelección de autoridades municipales y regionales es un primer paso positivo, para despersonalizar el progreso de los pueblos a las personas y más bien entregárselo a instituciones de primer nivel, algo que aún no existe en nuestro país. Los alcaldes y gobernadores regionales, deben ser más bien los grandes facilitadores de la inversión y el desarrollo, que nos permita un progreso ordenado y predecible.

Lima con diez millones de habitantes y creciendo en base a invasiones y políticas inconexas de sus municipalidades distritales, está destinada al caos y lo comprobamos diariamente. Ahora nos corresponde hacer un punto de inflexión y proponer e involucrarnos en el cambio que debe ocurrir.

Londres y Barcelona, ejemplos a seguir

Londres, tiene un plan que puso en marcha en enero del 2015 con una visión al 2026 y que en estos momentos está por ser reemplazado, pues viene replanteándolo desde octubre del 2016, ante su nueva realidad frente a la Unión Europea y otras importantes consideraciones, que deberá servirle de guía para su crecimiento hasta el 2036. En base al cronograma establecido, se tomarán tres meses a partir de noviembre del 2018, para recibir las sugerencias al plan propuesto, antes de ingresar a la etapa final de aprobación, previéndose su puesta en marcha para mediados del 2019.

Es probable que en unos pocos años y tras un continuo seguimiento, este plan que está por nacer sea modificado porque la dinámica de la ciudad y del país así lo pueda exigir. El plan no es de  borrón y cuenta nueva, sino se basa en los anteriormente desarrollados, incorporando mejoras a partir de una visión compartida de ciudad. ¿Pueden los gobiernos municipales y regionales que duran cuatro años, proponer, ejecutar, controlar y monitorear un plan de desarrollo urbano y regional que realmente sea un documento realizado de manera profesional, con un horizonte de mediano y largo plazo y más aún, respetando lo avanzado?, ciertamente no.

Barcelona, es un caso de progreso demostrado en el tiempo, que empezó con un hito importante: las Olimpiadas de 1992, anunciadas seis años antes y que los puso a trabajar de inmediato. Lima tuvo una primera oportunidad cuando en octubre del 2013 se anunció la realización de los Panamericanos del 2019. Como ciudad ¿presentaremos una imagen urbana diferente que responda a un plan nacido y motivado por ese hito?, la respuesta es no, pues no existe ningún plan integral en ejecución en la ciudad más importante del Perú, ni tampoco hay ninguno en preparación. Una vez más, un compromiso retador para que la ciudad se modernice fue desperdiciado.

El ordenamiento territorial, los planes de desarrollo regional y urbano, el plan de la ciudad de Lima, no puede estar en manos de gente sin ninguna preparación profesional para proponerlo y llevarlo a cabo, que además actualmente está dentro de un marco legal que es una camisa de fuerza. Sin embargo, ello ocurre con nuestras ciudades y con nuestro país, su impacto nos está ocasionando un grave daño como nación y a nadie parece importarle. Sin embargo, los ejemplos exitosos de ciudades que progresan están a la vista ¿por qué nos negamos a aprender de esas experiencias?

Áreas iniciales de acción

En Lima, ciudad con múltiples carencias, a estas alturas todo es prioritario, sin embargo podemos identificar algunos ejes fundamentales: La ciudad para el habitante no para los vehículos, zonas de recreación y cultura (recuperación de espacios públicos y del rio Rímac), intangibilidad de todas las potenciales zonas a invadir, políticas de tratamiento de residuos y su reconversión, sostenibilidad medio ambiental, eliminación de los focos contaminantes que envilecen el aire de la ciudad y generan un problema de salud pública, Lima y Callao una sola ciudad con una sola autoridad, cambio en la legislación para la recuperación de áreas invadidas, conectividad física y virtual, planificación de un sistema multimodal de transporte masivo (y sin los vacíos que luego encarecen proyectos incompletos, como la Línea 2 del Metro de Lima), ingeniería de transporte para el corto y largo plazo y no soluciones aisladas, intervenciones urbanas a través de APP en zonas deterioradas, predictibilidad en el crecimiento de la ciudad y sobre todo fomentar como visión de país, nuevos ejes económicos en Olmos y Majes que integren transversalmente macro regiones que comercien a través de sus puertos y aeropuertos cercanos, hacia el Asia Pacífico principalmente y hacia el resto del mundo, generando oportunidades especialmente para la población más joven, invitándola a migrar para acceder a una mejor calidad de vida, con desarrollo de servicios y oportunidades, logrando progresivamente la migración interna hacia esos polos y reduciendo la población limeña en varios millones en las próximas décadas, repoblando de manera ordenada y balanceada nuestro país. 

Una ciudad ordenada, limpia y segura, que ofrezca mejor calidad de vida a sus habitantes, repercute de manera exponencial en la productividad de las personas, en la formación positiva de las nuevas generaciones y en la disminución drástica de la neurosis colectiva provocada por las actuales condiciones de la ciudad y su casi nula esperanza de cambio radical, que por cierto no se realiza aumentando más carriles en las pistas.

¿Hemos visualizado cómo será Lima el 2035, el 2050?, ¿no nos atrevemos a hacerlo, pues parece aterrador a este descontrolado paso? Con toda seguridad, el mundo camina a su propio ritmo y nadie vendrá a hacernos la tarea, salvo que lo requiramos y paguemos por ello. En casi 200 años de historia republicana, los últimos 70 años han sido determinantes para los resultados actuales. Lo que no se hizo en su momento, comprobamos que difícilmente se podrá hacer. El reto es muy grande, y aun nadie ha tomado la iniciativa. Es hora de actuar.

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