Smart city: ¿cómo la tecnología puede mejorar la imagen de una ciudad?

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La tecnología aplicada en los espacios públicos no solo les facilita la vida a las personas. También, contribuye con mejorar la imagen de la ciudad y esto repercute en actividades como el turismo. ¿Por qué no apostar por una política pública basada en este modelo de ciudades?

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El buen desempeño económico del Perú ha incrementado considerablemente las visitas turísticas en ciudades como Lima y Cusco. Sin embargo, el país aún se encuentra muy lejos de contar con una smart city o ciudad inteligente, como ocurre con otros países de la región, como Chile (Santiago), México (Guadalajara), Colombia (Medellín) o Argentina (Buenos Aires).

¿Se imaginan las posibilidades de mejora turística – e impacto económico - si nuestras ciudades se hacen más cómodas para los turistas?

Contexto internacional

¿Cuánta realidad y cuánta publicidad existen tras el concepto de smart city? Josep Ferrer, exdirector del programa Barcelona Smart City, señala que la smart city es marketing porque las ciudades siempre han sido inteligentes y pretendido mejorar la calidad de vida de los vecinos. El propósito es llegar a ese fin, bajo las necesidades modernas y con las posibles soluciones que ofrece la tecnología de última generación.

El ejemplo más cercano de una smart city en desarrollo en Latinoamérica es Guadalajara, en México. Entre las facilidades que tiene cada ciudadano, destaca el uso de una plataforma móvil que permite ubicar estacionamientos disponibles en la ciudad y procesar el pago por el tiempo de parqueo en efectivo o cargar el monto a una tarjeta de crédito. ¿Cómo no le va a resultar atractivo a un turista si la ciudad a la que viaje le permite desenvolverse con comodidad?


 



El desarrollo de una ciudad inteligente también favorece mucho a los negocios distribuidos en toda el área, ya que las personas podrán revisar toda su oferta de productos y servicios a través de sus smartphones.

En la orilla opuesta está el Perú, donde el sistema de estacionamiento es informal en muchas zonas, con tickets de papel, nulo control y mal servicio de atención y seguridad. Del sistema de transporte ni qué decir. ¿Cómo explicarle a un turista que hay poca integración entre las opciones de traslado?

Si bien en materia turística hemos presentado cifras que mejoran año a año, se cuenta con un potencial aún mayor si apuntamos a mejorar las condiciones en las que recibimos a los turistas por el efecto boca a boca.

Beneficios para todos

Las smart cities, que ya están extendidas en Europa, propone un nuevo modelo de desarrollo urbano, basado en la sostenibilidad y la integración de distintos servicios mediante la tecnología. Bajo esta gestión la ciudad mejora su capacidad de respuesta ante las necesidades básicas de sus habitantes, sean ciudadanos o turistas, y les permite recorrerla y disfrutarla de manera más autónoma y segura.

El desarrollo de una ciudad inteligente también favorece mucho a los negocios distribuidos en toda el área, ya que las personas podrán revisar toda su oferta de productos y servicios a través de sus smartphones. Asimismo, el turista sabrá la ubicación exacta de cada negocio y no se perderá nunca. De esta manera, la ciudad se perfila como un espacio más seguro para todos.

¿Cómo empezar a gestionar el proceso para convertirnos en una smart city?

Visto los beneficios que trae consigo una Smart City, es importante establecer esfuerzos conjuntos entre las autoridades gubernamentales, empresas privadas y la misma sociedad civil, en el desarrollo de apps. ¿De qué nos sirve tener 50 aplicaciones que tiene un alcance limitado? ¿No sería mejor una aplicación de la ciudad que incluya a todos sus distritos y ello a su vez a sus establecimientos más importantes?

Resulta fundamental poder establecer entre los distintos stakeholders un gran Plan Digital que sirva de ruta para establecer las líneas estratégicas y tácticas a seguir.

No debemos olvidar que las ciudades inteligentes siempre deben destinarse a mejorar la calidad de vida de sus ciudadanos y facilitarles el acceso a servicios que satisfagan sus necesidades básicas. Toda nueva tecnología que se implemente debe informarse de inmediato a la población y enseñarle cómo utilizarla, en lugar de solo publicitarla mediante algunos canales de comunicación. 

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