¿Cómo reaccionará el consumidor ante la regulación del plástico de un solo uso?

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Aunque la ley entró en vigencia el 20 de diciembre de 2018, los plazos establecidos para la prohibición van de cuatro meses a tres años. ¿Qué sucederá entonces? ¿En verdad se adecúa al pensamiento del consumidor y la empresa? ¿Funcionará con éxito?

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Fuente: Agencia Andina: cortesía

El consumidor es cada vez más sensible respecto al impacto de sus acciones y adopta con mayor frecuencia un comportamiento responsable con el medioambiente. En línea con ello, el Congreso aprobó en diciembre el texto sustitutorio de la ley que regula el plástico de un solo uso y los recipientes o envases descartables en el Perú, que alcanza a los establecimientos comerciales, supermercado, tiendas por departamentos y farmacias.

Este tipo de normativas ya son cada vez más recurrentes en el ámbito global, y analizar su implementación en otros países puede darnos una referencia de cómo pensaría y actuaría el consumidor peruano. A su vez, estos casos internacionales proponen una nueva problemática: ¿el consumidor traerá algún recipiente reutilizable de su casa o compraría bolsas plásticas, si el establecimiento estuviese dispuesto a venderlas? 

¿Cómo piensa el consumidor?

Los seres humanos somos todo, menos simples, cuando se trata de tomar una decisión y el comportamiento ecoamigable no es la excepción. Mediante el uso de metodologías propias de las ciencias sociales y la psicología, se ha estudiado el comportamiento de la mente del consumidor cuando decide utilizar, o no, bolsas de un solo uso.



Si el consumidor evidencia que los costos asociados a una conducta ecoamigable son demasiado elevados, se presentará un desincentivo natural para realizarla.

El primer aspecto que influencia en la decisión final es la preocupación del cliente sobre el impacto de sus conductas en el medioambiente. A ello se suma el sentido de obligación para presentar esta conducta, ya que existen normas sociales que generan una suerte de obligación por comportarse de manera respetuosa con la naturaleza. Dicho sentido de obligación aboga contra el uso de bolsas plásticas, pero los conceptos varían en cada consumidor. 

Otro factor es el sentido de eficacia. Se puede tener una gran preocupación por el medioambiente, pero, a la vez, puede percibirse que las acciones realizadas no son efectivas para alcanzar el objetivo. "¿Qué importa una persona frente a lo que contaminan las industrias?", es la visión de quienes consideran insuficiente su aporte. Ahí se requieren campañas que argumenten que el cambio inicia con una persona. 

El siguiente aspecto son los costos asociados. Si el consumidor nota que son demasiados elevados, se presentará un desincentivo natural a realizar esta conducta. Contrario a lo que se cree, el costo no es solo económico. Si los retails decidieran vender las bolsas no es solo el costo de este repositorio lo que el consumidor analizaría, sino el costo en esfuerzo de traer consigo sus bolsas. 

La idiosincrasia peruana: ¿Y las bolsas de basura?

La situación se agrava debido a una costumbre muy peruana, que no he logrado ubicar en estudios internacionales. Las bolsas denominadas de un solo uso cumplen el rol de bolsas de basura. Por ello, el ciudadano de pie analizará el costo de comprar bolsas de basura para reemplazar a las que no recibirá gratis en el supermercado. 

Finalmente, algunas variables situacionales pueden disminuir o suprimir la voluntad de realizar un comportamiento ecoamigable. La practicidad y la conveniencia destruyen con facilidad este tipo de conductas proambientales. Un estudio realizado en Taiwán, luego que el Gobierno prohibiera otorgar gratuitamente bolsas plásticas de un solo uso, identificó tres factores que incentivan el uso de bolsas: 

a) ¿Cómo llevar artículos difíciles de cargar? (Por ejemplo, pequeños sobres o latas).

b) ¿Cómo llevar artículos congelados o de fuerte olor? (Por ejemplo, pescados o mariscos).

c) ¿Cómo llevar artículos que pueden avergonzar al comprador? 

Todos los factores descritos confluyen en el proceso de decisión del consumidor. Entre la preocupación por el medioambiente o la eficacia de las acciones que motivan un comportamiento de compra responsable, se cuelan algunos costos o factores situacionales que explican por qué un consumidor podría no ser consecuente con su pensamiento. ¿Qué pesa más en su mente? es, quizá, la pregunta más relevante. 

Prohibir el uso de bolsas es una decisión acertada del Gobierno para impulsar la preservación del medioambiente. Para que esta normativa sea más beneficiosa, debe considerarse su pensamiento, los costos asociados y evitar iniciativas de los negocios involucrados que puedan ser contraproducentes, como disponer otros reservorios contaminantes o limitarse cobrar por bolsas plásticas de un solo uso. ¿Cómo potenciar esta iniciativa? Compártenos tu opinión.

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