Black Friday social: una forma de innovar el mercado

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La sostenibilidad de los productos y el comercio justo han cobrado mayor importancia en los usuarios. Ahora ellos se guían por las ofertas o descuentos para comprar un producto, y cada vez son más conscientes de los efectos que provoca el consumismo en la sociedad y el medioambiente.

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El Black Friday ha traspasado fronteras para insertarse en las costumbres y actividades de los países sudamericanos. La locura por las compras y la histeria por conseguir ofertas se ha desatado sin importar los balances de las cuentas personales. La compra descontrolada se ha experimentado en todos los niveles socioeconómicos debido a la facilidad y el acceso a los medios.

El Perú no es ajeno a esta tradición. El 61 % de los peruanos sabe lo que es el Black Friday. Según Google, en nuestro país ya se puede considerar como un fenómeno porque el interés de los usuarios de internet se ha duplicado en los últimos cinco años. Solo en la edición del 2018, más del 51.90 % de peruanos adquirieron un producto en tiendas físicas o virtuales y su ticket promedio de compra sumó S/714, según el informe de Black Friday Global. Estas cifras reflejan el efecto de las campañas de publicidad.

Sin embargo, el Black Friday ha generado reacciones muy distintas en otras partes del mundo. Por ejemplo, en Estados Unidos, donde nació todo, es tanta la desesperación de las marcas por ofrecer mejores descuentos que la guerra entre las tiendas es agobiante. En ese ambiente, el consumidor evita comprar. Esta situación ha generado que muchos opten por las compras online. Y Amazon es el que le ha sacado mayor rentabilidad.



El Black Friday social es una tendencia donde las diferentes marcas invierten sus ganancias de ese día en acciones que contribuyan al desarrollo sostenible.

El nuevo rol del consumidor

Pero a la par del crecimiento de este evento, también hay una respuesta más crítica y analítica en las compras. En la actualidad, los usuarios son cada vez son más conscientes de los efectos del consumismo y ya no se basan solo en ofertas o descuentos para comprar, sino que también toman en cuenta la sostenibilidad del producto y el comercio justo. Problemas como la explotación infantil y la tala de árboles están asociados a determinados productos y generan rechazo entre los consumidores. 

¿Hacia dónde va el Black Friday?

En este contexto en el que los usuarios buscan mercados más equilibrados, que valoren al individuo, al medioambiente y a la comunidad, nace el Black Friday social, donde diferentes marcas invierten las ganancias de ese día en acciones que contribuyen al desarrollo social.

Un ejemplo es la marca O My Bag, de Ámsterdam, que invierte sus ganancias del Black Friday en una ONG de la India, que tiene como objetivo capacitar a las mujeres para que consigan empleo, además de apoyar a las que cayeron en las redes de la prostitución.

Esta iniciativa no es aislada y evidencia una nueva tendencia en las empresas, que buscan construir una relación más cercana con los usuarios en base a su reputación y compromiso social. De esta forma, han transformado la tradición del famoso día de compras en acciones positivas que garantizan el desarrollo de la sociedad y aportan a la creación de una comunidad de ayuda con sus clientes. Justamente, este tipo de acciones marca una nueva pauta para los próximos años. Queda en las marcar ponderar cuánto valor pueden generar a largo plazo.

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