Llueve sobre mojado: ¿qué aprendimos de El Niño costero?

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Todavía no nos recuperamos de las lluvias torrenciales que se registraron durante el verano del 2017 y empezamos el 2019 con huaicos e inundaciones. Las obras de reconstrucción avanzan con lentitud. ¿Por qué somos aún tan vulnerables? ¿Por qué no cambiamos esta realidad?

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Fuente: Agencia Andina / Vidal Tarqui

Hace unos días, el expresidente del Consejo de Ministros César Villanueva reconoció que la dimensión de los huaicos registrados al norte y sur del país durante el verano había sobrepasado los cálculos del Ejecutivo. El mensaje preocupa porque aún no superamos los estragos generados en el 2017 por El Niño costero. Somos un país vulnerable ante eventos climáticos impredecibles y no sabemos afrontarlos. 

A diciembre del 2018, el Gobierno había transferido 5 300 millones de soles a las unidades ejecutoras de ministerios y gobiernos subnacionales de las 13 regiones afectadas por El Niño costero, mediante la Autoridad para la Reconstrucción con Cambios. Hasta hoy solo se ha ejecutado el 21 % de los trabajos. ¿A qué se debe el retraso? ¿Mal manejo político, falta de técnicos, gestores incapaces, corrupción o resistencia al cambio? 

El caso ecuatoriano

Para un mejor análisis, es necesario compararnos con un país vecino que vivió una situación similar: Ecuador. En el 2017 también experimentó El Niño costero, pero no registró grandes inundaciones ni desastres, gracias a la prevención y planificación anticipada de sus autoridades. El entonces presidente de Ecuador, Rafael Correa, expresó que la mitigación de riesgos fue por el trabajo duro y una buena inversión.



La resistencia al cambio puede deberse a la falta de información o de entendimiento sobre lo que sucede en el país.

El exmandatario emprendió la construcción de seis megaproyectos hídricos que los Gobiernos anteriores habían postergado por décadas. Uno de ellos fue el Sistema de Control de Inundaciones Bulubulu, que atenuó el impacto de las aguas para luego usarlas en el riego. Se inauguró en abril del 2015 con una inversión de 57 millones de dólares, y permitió a más de 65 000 personas sembrar durante el resto del verano. 

El expresidente apoyó esta inversión estratégica en todo momento, aun cuando la oposición la minimizara como un simple gasto público, sin reconocer los resultados a largo plazo. En el Perú este tipo de estrategias son más difíciles de concretar por la resistencia al cambio, según Fred y Forrest R. David (2017). Esta resistencia puede deberse a la falta de información o de entendimiento sobre lo que sucede. 

¿Cómo combatir la resistencia al cambio?

Existen tres estrategias muy empleadas que facilitan la implementación de cambios:

  1. El cambio forzado.
  2. El cambio educativo.
  3. El cambio racional.

En el Perú, una estrategia de cambio forzado que implique dar órdenes y hacerlas cumplir, funcionaría para reubicar a quienes aún viven en cauces de ríos, pese a que se les advirtió del riesgo ante inminentes inundaciones. Una estrategia de cambio educativo se aplicaría al formar nuevos técnicos y profesionales expertos en diseño y ejecución de proyectos para mitigar efectos de fenómenos climatológicos como El Niño costero. 

Una estrategia de cambio racional, a través de la cual se intenta convencer a las personas de que el cambio los beneficiará personalmente, podría orientarse a las empresas del sector privado para persuadirlos a ejecutar más obras por impuestos (OxI). Este mecanismo agiliza la realización de obras en beneficio de la población, pero hoy no es muy usado, pese al gran impacto social que generan. 

Cada estrategia tiene un potencial para combatir la resistencia al cambio, de donde surgen todos los problemas actuales del Perú. Podemos empezar a resolverlos si realizamos un análisis más estratégico. No es posible que aún sigamos repitiendo el dicho "el enemigo de un peruano es otro peruano". ¿Qué problema del país consideras que puede resolverse con estrategias para paliar la resistencia al cambio? Coméntanos tu opinión.

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