¿Cuál es la responsabilidad de la población ante el avance de las enfermedades crónicas?

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A medida que aumenta la esperanza de vida, también se incrementan los casos de enfermedades crónicas y su duración. ¿Qué papel deben cumplir las personas así como la gestión pública, en la prevención en salud?

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Según el Instituto Nacional de Estadística e Informática (INEI), entre 2020 y 2050, la cantidad de peruanos mayores de 60 años se incrementará en 150 %, en desmedro de la proporción de la población infantil y adolescente. Al 2050, la esperanza de vida aumentará de 75 a 79 años  ―se elevó 15 años en las últimas cuatro décadas―. Esta transición demográfica se experimenta junto con las transiciones epidemiológica, social, económica y ambiental, que generan cambios en la salud, ampliando la duración de las enfermedades. 

Las personas y el cuidado de su salud

Las enfermedades crónicas (hipertensión arterial, diabetes mellitus, cáncer, obesidad, entre otras) seguirán incrementándose y sus complicaciones y mortalidad serán más frecuentes. Esto ocasionará más gastos, no sólo a las personas y sus familias, sino también al Estado y a la sociedad. Por eso, es imperativo implementar la promoción y la prevención en salud con el enfoque de curso de vida, porque la salud es un proceso continuo que no se interrumpe, sino que cada persona la construye día a día.



Durante el proceso de transiciones demográfica, epidemiológica, social, económica y ambiental, las personas deben cambiar su actitud: no solo cuidarse cuando están enfermas, sino ser más proactivas en la prevención en salud.

Es necesario sensibilizar y empoderar a los adultos, jóvenes y niños para el autocuidado de su salud, a fin de  que  eviten o modifiquen conductas de riesgo y puedan controlar y/o reducir el impacto de estas enfermedades: no menos del 64 % de las muertes y del 60 % de la carga de enfermedad en la población peruana son causados por este amplio grupo de trastornos, que pueden evitarse. 

Rol de la gestión pública

En los últimos 15 años, la gestión pública de la salud ha incorporado la promoción de la salud en su plan de trabajo, para controlar  estas enfermedades y sus complicaciones: actuando sobre sus factores de riesgo y de protección y promoviendo estilos de vida saludables en las personas. 

Un hito importante fue la RM No 771-2004/Minsa, del 27 de julio de 2004, que estableció la Estrategia Sanitaria Nacional de Prevención y Control de Daños No Transmisibles (hipertensión, diabetes, càncer y otras) , junto con otras nueve estrategias. Su objetivo central ha sido fortalecer las acciones para la prevención y control,  de estas enfermedades en forma interinstitucional e intersectorial, con los recursos técnicos  que faciliten la prevención y la atención de la salud de las personas, en el marco de la atención integral de su salud. 

Resultados de estrategias

Si bien desde 2004 se han producido avances, probablemente, todavía debe completarse la acción integral sobre los determinantes para los hábitos saludables, como aspectos psicológicos, sociales (familia, colegio, trabajo), factores económicos (carga impositiva), aspectos regulatorios, medios de comunicación (provisión de información), entorno y ambiente. Este es un trabajo continuo de mediano y largo plazos. 

En el período 2016-2019, producto de los cinco cambios de gestión en el Ministerio de Salud (Minsa), que incluye seis ministros, el desarrollo de este abordaje ha sufrido limitaciones obvias por no mantener la continuidad institucional de la política de salud. Sin embargo, con la ejecución del Programa de Creación de Redes Integradas de Salud (2019-2023), el Minsa pretende reordenar la oferta de servicios de salud para brindar una atención integral enfocada en la atención primaria y en el curso de vida de las personas (desde su gestación hasta su muerte). 

Se estima que la mitad de los 1.4 millones de peruanos con diabetes desconoce que padece la enfermedad. Algo similar ocurre con los peruanos con hipertensión arterial ―estimados en 4 millones―. En este último grupo, de los que conocen su diagnóstico, solo el 40 % tiene tratamiento y el 20 % tiene controlada su enfermedad. Por ello, las ¾ partes de los peruanos con hipertensión arterial no realiza prevención secundaria (no sigue un tratamiento o lo sigue de forma inadecuada), lo que propicia un riesgo elevado de complicaciones, tal vez severas, y mayores costos para su atención. ¿Cómo podemos revertir esta realidad? Compártenos tu opinión.

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