¿Somos mendigos sentados en un banco de oro?

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Determinar el valor de una empresa nos permite acceder a mayores fuentes de financiamiento e identificar negocios y oportunidades de inversión rentables. Nos ayudará a tomar mejores decisiones, a pensar estratégicamente, a ser más eficientes y productivos.

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"El Perú es un mendigo sentado en un banco de oro" es una frase que se le atribuye al sabio italiano Antonio Raimondi y que incluí en un artículo anterior. Esa misma expresión se puede aplicar hoy en día a familias y compañías. Es decir, personas que subsisten a duras penas por el uso ineficiente que dan a sus activos y su patrimonio. Están "sentadas en un banco de oro", pero no lo saben, no se han percatado de ello y no usan estos recursos para mejorar su bienestar. 

Recuerdo el caso de una empresa que operaba desde sus inicios en Chorrillos y que, debido a la dura competencia en el sector, apenas cubría sus costos por varios años. La situación empeoró y causó que los dueños buscaran asesoría, por lo que realizamos el ejercicio de valorizar la compañía. Entonces, nos percatamos que el valor del local se había incrementado 20 veces y no les generaba ningún beneficio. Se recomendó separar el local del patrimonio de la empresa, mudarla a otro distrito y vender el local, lo que les permitió acceder a un bienestar que no habían tenido en muchos años. En otro caso, un negocio que se dedicaba a comercializar un producto y tenía una cartera de clientes satisfechos, multiplicó su valor utilizando sus mismos recursos humanos y know how. Incorporó otros productos que generaban un margen mucho mayor para venderlos a sus mismos clientes.



Muchos de ustedes habrán leído la historia de La vaca, de Camilo Cruz. Esta nos lleva a reflexionar sobre cómo usamos nuestros recursos o cómo nos quedamos por rutina "encadenados a la vaca" y no vemos otras opciones que podrían cambiar nuestro futuro. ¿Por qué ocurre esto? ¿Por qué hay familias subsistiendo, "sentadas en un banco de oro", cuando podrían vivir mejor? Para responder a esta pregunta, formulo otra: ¿han hecho recientemente la valorización de su patrimonio familiar, de sus bienes, de su empresa? 

No se preocupen, la negativa es la respuesta que usualmente escucho y esa es la explicación. No han realizado el ejercicio de valorizar su patrimonio familiar, su compañía o emprendimiento y por ello no saben qué valor tiene hoy el fruto de sus decisiones y años trabajados. Un ejercicio de valorización bien realizado implica identificar el valor individual de los bienes de nuestro patrimonio y su valor colectivo cuando los empleamos en una actividad generadora de ingresos. Nos permite analizar otras opciones para maximizar el valor que generan dichos bienes. No es tan solo sumas y restas o cálculos en Excel; hay que hacer un diagnóstico de la situación, establecer estrategias, objetivos y alternativas para darle un mejor uso a nuestros activos. 

Una misma empresa o conjunto de bienes tendrá un valor diferente en función al uso que le demos a esos recursos, a la habilidad con la que se administren y la calidad de decisiones que se tomen. Por lo tanto, el trabajo de valorizar implica revisar y plantear herramientas, conocimientos y experiencias para que una compañía pueda generar mayores beneficios y, con ello, incrementar su valor. Es decir, un ejercicio de valorización bien realizado, al capacitarse y hacerlo periódicamente, implicará una mayor ganancia para sus propietarios y colaboradores. 

¿Y para qué valorizar una empresa? 

En primer lugar, para identificar oportunidades de maximizar el bienestar de sus propietarios y trabajadores, dando un mejor uso a los recursos. Pero no es solo eso, también nos permitirá acceder a más y eficientes fuentes de financiamiento, atraer inversionistas y financistas, tomar mejores decisiones, proyectar nuestras opciones y pensar estratégicamente. Asimismo, nos ayudará a identificar y cuantificar el valor de nuestros activos intangibles, recursos humanos, nuestro expertise y nuestra experiencia para dedicarlos a actividades más rentables. 

Adquiridos estos conocimientos, herramientas y criterios, será fácil replicarlos en nuestro patrimonio familiar, en nuestra compañía y emprendimientos. Les hago una pregunta: ¿qué sentirían si un familiar escoge estudiar una carrera -que es probable que desaparezca en 5 años por los avances tecnológicos- porque era "la que más le gustaba"? ¿Tal vez le faltó información y asesoría para tomar esta decisión? 

¿Han visto el programa de cable Shark tank? Recomiendo que lo vean unos minutos. Emulando a los tiburones que vemos en la televisión, podemos usar nuestro expertise en valorización de empresas para estimar el valor de otras compañías y comprarlas, o asociarnos multiplicando su valor en pocos años.  

En conclusión, debemos tener conocimientos de valorización de empresas para tomar mejores decisiones y proporcionar el mayor bienestar a nuestras familias y colaboradores. ¿Has realizado el ejercicio de valorizar una compañía de forma integral, revisando la estrategia, las opciones de generación de valor y el análisis de riesgos? Cuéntanos tu experiencia.

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