Ley Alcalá: lecciones para el sector energético

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El proyecto de ley nos permite reflexionar sobre la importancia de mantener el equilibro de precios en el sector energético, ya que su aumento afectará tanto a los clientes libres como regulados.

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En mayo de este año, la Sociedad Nacional de Industrias (SIN) advirtió una iniciativa de ley que proponía aumentar las tarifas de los recibos de luz hasta en 60 soles más por año y cambiar las condiciones en el mercado de la energía eléctrica. Si bien esta propuesta fue devuelta a las comisiones para ampliar el debate sobre sus planteamientos, ¿qué consecuencias implicaba para el sector energético en el país? 

Cambios en el precio

El proyecto de ley argumentaba que los valores usados como costos marginales o representativos para fijar el precio del gas natural que se emplea en la generación eléctrica no estaban bien formulados. Sin embargo, el país ya cuenta con organismos encargados de supervisar y regular estas cuestiones, como Osinergmin. Ninguno de ellos advirtió problemas al respecto.  

La realidad es que hoy existe abundante energía barata en el Perú, que origina una caída de precios, primero, en el mercado de los generadores. Esta disminución se traslada a los clientes libres, que sí pueden negociar los precios. Lo más conveniente para todos sería que nadie altere estos precios para, luego, elevarlos. Por ello, se deduce que la ley no analiza de manera realista los impactos que generaría.



La mitad de clientes en el sector eléctrico son libres y la otra mitad, regulados. Sin embargo, los primeros afectados por un aumento de precio son los clientes libres.

Lejos de ser un acto altruista, la ley Alcalá buscaba cambiar un precio fundamental en la ecuación económica de todos los agentes: el costo en el mercado de corto plazo. Hoy los generadores de electricidad y algunos clientes grandes pueden acceder a distribuidoras para comprar energía a precios del momento. En ese mercado, se pretendía alterar las reglas de cómo se forma el precio para la central energética. 

¿Era posible un aumento?

La elevación en los recibos de luz es posible, pero dependerá del tipo de cliente. Por un lado, están los clientes libres, que emplean más de 200 kilovatios de manera habitual y pueden ser industrias o comercios muy grandes. La energía representa el 60 % de su factura mensual, mientras que el 40 % restante corresponde a la trasmisión y distribución. El incremento puede ser de 50 % a 100 %, según el precio pactado. 

Por otro lado, se encuentran los clientes regulados, cuyos niveles de consumo son menores a 200 kilovatios. El precio que pagan es establecido por Osinergmin, mediante el procedimiento de tarifas en barra. Este grupo incluye a la población que contrata el servicio de luz y se encuentra sujeta a la regulación de precios. 

La mitad del consumo del sector eléctrico corresponde a clientes libres y la otra mitad a clientes regulados. Sin embargo, los primeros afectados por un aumento de precio son los libres. En plena crisis económica, muchas empresas han visto una salida en la reducción de costos de electricidad. Por ejemplo, las del sector textil, afectadas por los problemas, como los suscitados en Gamarra. 

Impacto en la población

El 45 % del recibo residencial de luz corresponde a la energía, mientras que el 55 % restante abarca redes, distribución y trasmisión. Estos tres últimos aspectos son regulados por Osinergmin cada cuatro años. El precio actual de la energía es alto porque obedece a contratos del 2010. En los últimos nueve años, se han instalado generadoras y el sector se ha vuelto más competitivo, pero la población aún no lo percibe. 

Las licitaciones realizadas durante los últimos cuatro años no tienen efectos inmediatos. Sin embargo, una vez firmados los contratos e iniciada su ejecución, los nuevos precios pactados deberán respetarse. Entre este año y el próximo, nuevas distribuidoras empezarán a sacar más licitaciones con cinco años de adelanto. Es ahí cuando los precios disminuirán: ante el aumento de competencia en el mercado. 

Como regla básica de un mercado, los precios disminuyen en tiempos de abundancia y aumentan en momentos de escasez. Es importante que este equilibro nunca se pierda. Por ello, toda ley que busque un cambio debe perseguir una mayor sostenibilidad para el sector y lograr un beneficio por igual para las empresas y la población. ¿Qué se necesita para reforzar este equilibro? Déjanos tu opinión.

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