¿Cómo institucionalizar la minería peruana?

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El primer paso para institucionalizar la minería peruana es reconocer el avance de la gestión socioambiental en la actividad minera del país. Asimismo, se necesita establecer un lenguaje común entre el Estado, la empresa y la sociedad.

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Fuente: Andina

La actividad minera en el Perú ha recorrido un largo camino que comprende siglos enteros, pero aún no logra institucionalizarse ni resolver los conflictos que genera su impacto socioambiental. Para cambiar esta situación, es clave lograr un entendimiento entre las empresas del sector, el Estado y las comunidades de las zonas de influencia, así como desarrollar un plan de trabajo con resultados a largo plazo. 

Pasos socioambientales

La gestión socioambiental en la minería peruana ha pasado por tres etapas básicas. La primera se conoce como etapa de latencia y empieza con las primeras actividades mineras en el país, durante la época colonial. La conciencia socioambiental no era tema de agenda para las empresas, el Estado ni la sociedad. 

Luego llegamos a la etapa de emergencia en la década de 1960, cuando se registraron los conflictos mineros y la nacionalización de industrias. La minería adquirió un matiz social, pero no ambiental. Esta etapa duró, aproximadamente, hasta la década de 1990.



Se requiere desarrollar un plan de trabajo entre el sector minero, el Estado y las comunidades con resultados a largo plazo.

La tercera etapa, de consolidación, se daría durante el gobierno de Alberto Fujimori debido al nuevo marco normativo y a la Constitución de 1993. Los temas sociales y ambientales se hicieron mucho más evidentes. De esta forma, ahora es inevitable que cualquier actividad empresarial tome en cuenta ambos aspectos. También, la sociedad peruana los ha consolidado como prioridad y las empresas no pueden brindar un discurso donde solo se hable de los beneficios económicos para el país y del incremento del producto bruto interno (PBI). A la población le interesa más conocer el beneficio para la sociedad y el medioambiente. 

El siguiente paso lógico sería ingresar a la etapa de institucionalización, pero la falta de entendimiento y de acuerdos entre los tres actores mencionados dificulta el proceso. Solo entre el Ministerio de Agricultura (Minagri), el Ministerio de Energía y Minas (Minem), y el Ministerio del Ambiente (Minam), existen posiciones muy distintas. 

De igual modo, tenemos empresas que rechazan la gestión socioambiental; algunas que se esfuerzan ligeramente por relacionarse con las comunidades, y otras que consideran básico estrechar lazos con ellas. También existen grupos sociales antimineros muy activos, así como personas que consideran a la minería como una actividad fundamental para el desarrollo del país. 

Entre conflictos y dilemas

Para definir un lenguaje común entre Estado, empresa y sociedad, primero hay que reconocer el avance de la minería peruana en gestión socioambiental. Puede creerse que aún nos encontramos en una etapa latente, donde las mineras toman acuerdos con el Gobierno, a expensas de las comunidades afectadas. Sin embargo, los pobladores conocen muy bien los mecanismos de este sistema. 

El segundo paso es definir una visión única de desarrollo, a largo plazo, entre los sectores minería, ambiente y agricultura. Lo mismo debe ocurrir entre las compañías del sector minero que impulsan modelos de gestión donde se prioriza el impacto socioambiental de las operaciones y las que mantienen una actitud defensiva. 

El Perú posee una variedad de recursos que pueden usarse en la agricultura como en la minería. Sin embargo, cuando se tiene una mirada excluyente, que prioriza una actividad por considerarla más rentable, pueden generarse conflictos. Vale recordar cuando el expresidente Ollanta Humala ofreció a los pobladores de Conga priorizar el agua de la laguna sobre la actividad minera. Así estableció una disyuntiva complicada. 

La mayoría de conflictos sociales no son más que dilemas en los que debe pensarse si vale la pena una u otra actividad. Al respecto, Adam Smith, padre de la economía moderna, planteó un dilema similar entre precio y valor. Para ello, puso como ejemplo el alto precio de los diamantes en el mercado. El agua era más barata, pero tenía más valor porque la población no podía vivir sin ella. 

Desde la perspectiva de Smith, minería y agricultura son buenas por igual. La lógica del dominio territorial solo generará más conflictos, donde ganará quien tenga más fuerza o poder. La minería ganó por muchos años porque poseía el suficiente poder político y económico para ello. Las comunidades ahora se han dado cuenta de que tienen la fuerza para hacerse notar. La clave es desarrollar la capacidad de gestionar estos dilemas. ¿Qué se necesita para ello? Déjanos tu opinión.

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