Metodología BIM: Herramienta clave para los proyectos de infraestructura

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La metodología Building Information Modeling (BIM) permitiría incrementar la transparencia en la adjudicación, edificación y generación de menores incrementos en los presupuestos de los proyectos de construcción.

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*Con la colaboración de Raúl Eyzaguirre Velajefe del área BIM de Cosapi.

 

A través del Decreto Supremo 289-2019-EF, el Ejecutivo aprobó la incorporación progresiva de la metodología Building Information Modeling (BIM), empleada en los Juegos Panamericanos Lima 2019, pero que las principales empresas constructoras del sector privado ya venían utilizando. Esta medida permitirá generar expedientes técnicos con un alto nivel de calidad al integrar eficientemente las distintas especialidades del proyecto de infraestructura en que se implemente.

Gestión eficaz

El BIM es una tecnología que permite representar de manera virtual las características físicas y funcionales de una construcción durante su diseño, ejecución, operación y mantenimiento de una infraestructura, facilitando la visualización, integración, simulación y automatización de la información del proyecto.

Esta herramienta, junto con otros procesos, prácticas y metodologías colaborativas, potenciará la gestión de proyectos de construcción, logrando nuevos estándares de trabajo, intercambio de información, colaboración multidisciplinaria y organización.



El BIM busca lograr una gestión transparente, así como reducir plazos y sobrecostos en los proyectos de inversión estatal.

El BIM busca mejorar la gestión en todo el ciclo de la inversión, desde su diseño hasta la fase de mantenimiento y operación, logrando un control más eficaz de los proyectos donde se incorpore. A su vez, moderniza su administración, de cara a mejorar los resultados de los proyectos, en costo, plazos y calidad.

Al ser solo una herramienta, el BIM no puede garantizar una mejor gestión de los activos generados, sin embargo, la información que proporciona sí puede generar decisiones adecuadas para invertir en el mantenimiento y operaciones, lo que debería contribuir a mejorar los índices de los servicios brindados a los ciudadanos.

Proyectos beneficiados

La incorporación del BIM, comprendida en el Plan Nacional de Infraestructura para la Competitividad (PNIC), busca lograr una gestión transparente, así como reducir plazos y costos en los proyectos de inversión estatal, lo que solo será posible si todos los actores de cada proyecto comparten la misma información proporcionada por esta herramienta.

Al mismo tiempo, estos actores deben manejar procesos, prácticas y metodologías colaborativas que les permitan realizar aportes, convenir ajustes, identificar mejoras y detectar incidencias que puedan generar retrasos en una misma plataforma. Además, otorgan las bases para una mayor transparencia, aunque no es su objetivo principal.

Para agilizar la inversión pública, el BIM debería iniciarse en las etapas iniciales de los proyectos y prever un presupuesto y un plan de gestión de proyecto integrados.

El PNIC contiene 52 proyectos, 24 de los cuales ya se encuentran en ejecución, con o sin BIM y 28 que ya cuentan con expediente técnico o se encuentran en etapa de estructuración financiera o promoción, por lo que solo 8 proyectos de obras públicas se encuentran en sus fases iniciales. Debido a ello el Decreto Supremo mencionado lograría un impacto positivo en la etapa de construcción de solo el 15 % de los proyectos incluidos. Sin embargo, ya que la tecnología BIM también tiene un gran aporte durante la vida útil de la infraestructura, si se actúa a tiempo, muchos proyectos del plan podrían beneficiarse si se obliga al uso de esta tecnología en las etapas de operación, y eventualmente habría que definir la conveniencia o no, de rediseñar en BIM algunos de los proyectos antes de licitarse.

Proyecciones y retos

El BIM ya se posiciona como sinónimo de transparencia en la adjudicación y construcción, pero para una implementación exitosa el Estado debe internalizar adecuadamente sus ventajas y limitaciones, a fin de no generar un exceso de expectativas.

Por ejemplo, con demasiada ligereza se indica que se reducirían los costos de los proyectos, cuando lo real es que, invirtiendo más en los estudios se logrará licitar proyectos con mayor calidad y presupuestos mejor calculados al inicio y por lo mismo con menores sobrecostos durante la construcción, por lo que se debería reducir el número de arbitrajes y la percepción de poca transparencia en la aprobación de adicionales.

Es muy probable que dado a que el BIM permite identificar errores en etapas de diseño, se minimice el costo de correcciones durante la construcción, y el costo total sea menor que el de un proyecto ejecutado sin BIM.

Otro reto pendiente es elevar de manera radical la calidad de los expedientes técnicos. Reconocer ello debe generar una inversión mayor en los mismos, ya que la implementación del BIM requiere profundizar algunos estudios y mayor interacción entre profesionales de manera de adecuar, corregir, rediseñar y generar mayor nivel de información.

A su vez, se requiere definir el plan nacional para su implementación, que incluya a las entidades públicas y privadas, y el sector académico. Estos tres sectores deben alinear sus esfuerzos para definir y lograr objetivos comunes respecto a la implementación del BIM. Es responsabilidad suya revisar las mejores prácticas de otros países que ya manejan esta tecnología y adoptarlas, de cara a la realidad nacional. ¿Qué otras medidas deberían tomarse para lograr una implementación exitosa? Déjanos tu opinión.

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