El sector editorial rumbo al bicentenario

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Entre las metas para el bicentenario figuran disminuir la pobreza en 15 % y la informalidad laboral en 58.6 %, así como instaurar la enseñanza de inglés en toda la educación básica. En este abanico de desafíos, ¿cuál es la meta para el sector editorial?

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Los desafíos que enfrenta el sector educativo son muy retadores. Aunque no somos el único país al que le urge esta tarea, por desgracia, sí enfrentamos problemas con un mayor grado de intensidad que el resto de los países de América Latina: el déficit de lectura asciende a 65 %, un nivel solo superado por México, que registra un 73 %. 

En este contexto, las editoriales juegan un rol clave, porque el libro es una herramienta poderosa para despertar el pensamiento crítico y reflexivo en todo ciudadano. Sin embargo, estos negocios se enfrentan a factores que limitan la educación en el país. Entre ellos destacan los bajos niveles de lectura en la población. 

¿Disfrute o castigo?

En el Perú no tenemos hábito de lectura. Según Cassany, "leer es una creación humana. No es natural, sino una práctica social que cambia en cada momento de la historia, en cada comunidad y en cada contexto, aunque la palabra sea la misma" (Collera, 2012). 

Ante esta realidad, debemos preguntarnos qué estamos haciendo mal. Es probable que no exista conciencia para promover los hábitos de lectura desde la primera infancia. Cuando se llega al colegio sin contar con esta capacidad, el estudiante relacionará la lectura con un castigo o una imposición.



Lima concentra el 90 % de todo el mercado editorial. La cifra refleja nuestro centralismo, ya que existen escasas librerías en otras ciudades del país.

El escolar hoy tiene la concepción de que la lectura es una acción negativa, cuando debería percibirla como una actividad de disfrute y de reflexión. Quizás ahí reside la diferencia con países desarrollados, cuya población está habituada a leer y lo hace en todo momento: estaciones de tren, transporte público, viajes en avión y parques. 

Escasez de espacios

Otro problema clave por resolver son las deficiencias en la cadena de distribución. Lima concentra el 90 % de todo el mercado editorial. Esta cifra es reflejo de nuestro centralismo, ya que existen escasas librerías en otras ciudades del país. Incluso en las ciudades más representativas encontramos una oferta muy reducida. 

Todo ello ocasiona que la producción del sector editorial no sea muy visible para un público que podría aprovechar la lectura por placer o para nutrirse en el ámbito académico. Asimismo, los aranceles que afectan a los libros para exportarlos no son atractivos para el vendedor ni para el comprador. 

Formación e informalidad

La siguiente dificultad por resolver es la escasez de recurso humano calificado. En todo el territorio nacional, no existe ninguna universidad que ofrezca la carrera de Edición ni de Corrección, entre otras especialidades. Por lo tanto, muchos de quienes trabajan en el sector editorial se han formado de manera empírica, bajo alternativas muy costosas o mediante estudios en el extranjero. 

Esta situación puede inducirnos a pensar que no todo el personal humano de una editorial está realmente capacitado ni agrega valor. Por ello, es responsabilidad del sector educación preocuparse por la preparación de estos profesionales, piezas claves para el desarrollo del país. 

Es importante mencionar, también, que las políticas de formalización en el país no están diseñadas para reducir la informalidad (alcanzamos el 72.4 %). La creatividad peruana alcanza la cúspide cuando se trata de crear alternativas informales. Cuando lanzamos un libro, ese mismo día llega al mercado informal y circula en todo el país a un cuarto de su precio original, lo que deja en agonía al libro formal y a toda la cadena de producción. 

Desafíos pendientes

Para enfrentar este problema, primero, debemos mejorar las políticas públicas respecto a la promoción de los hábitos de lectura. También debe fomentarse la comercialización de los libros en cualquier tipo de formato (físico o virtual) y reducir las brechas de formalización con las que tienen que lidiar las editoriales.  

La promoción de más puntos de acceso a la lectura y el uso eficiente de todos los espacios públicos para incentivar este hábito también son cruciales para revertir la situación. Por último, pero no menos importante, debe concientizarse a la población sobre la necesidad de adoptar el hábito de la lectura desde la primera infancia para formar ciudadanos íntegros, que conduzcan con éxito el crecimiento del Perú. ¿Qué otras acciones se requieren para ello? Déjanos tu opinión.

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Referencias bibliográficas

Cámara Peruana del Libro y Centro Regional para el Fomento del Libro en América Latina y el Caribe, Cerlalc-Unesco. (Noviembre del 2017). Estudio diagnóstico del sector editorial del Perú. Recuperado de http://infolibros.cpl.org.pe/wp-content/uploads/2017/12/Estudio_diagnostico_del_sector_editorial_del_Peru.pdf 

Collera, V. (15 de septiembre de 2012). El futuro de la lectura. El País. Recuperado de https://elpais.com/cultura/2012/09/12/actualidad/1347445405_451371.html 

Gestión. (15 de mayo de 2019). INEI: Empleo informal en el país sigue creciendo más que el formal. Recuperado de https://gestion.pe/economia/inei-informal-pais-sigue-creciendo-formal-266936-noticia/ 

Marín Bravo, P. (27 de noviembre de 2016). Los hábitos de lectura como una práctica social. El Peruano. Recuperado de https://elperuano.pe/noticia-los-habitos-lectura-como-una-practica-social-48796.aspx

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