Perú después del COVID-19: ¿Llegará por fin la transformación digital?

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Si la red dorsal nacional y las redes regionales de fibra óptica operasen a plenitud, el curso del COVID-19 en el Perú sería menos costoso, a nivel social y económico.

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Han pasado 25 años desde la llegada de internet al Perú y, si bien la conectividad avanzó durante este tiempo, aún tiene muchos desafíos por delante. Hoy se cuenta con 40 millones de líneas de telefonía móvil en servicio, que abarcan a 32 millones de peruanos y que también incluyen al 82 % de los hogares en zonas rurales. 

La meta es garantizar la conectividad en 180 de 196 capitales de provincias y, a partir de allí, extenderla a sus distritos mediante las redes regionales. Sin embargo, la Red Dorsal Nacional de Fibra Óptica, desplegada desde 2016, se encuentra subutilizada al 15 %, debido a un modelo desfasado, y las 21 redes regionales, salvo excepciones, también se encuentran retrasadas en su implementación. ¿Cómo podemos nivelarnos? 

China, otros países de Asia y de otros continentes, han impulsado el teletrabajo y la teleducación para minimizar los efectos de la pandemia en su desarrollo económico y social. En el Perú, a pesar de la imperante informalidad laboral, la COVID-19 proyectó al teletrabajo como una opción válida y factible para muchas actividades laborales de los sectores público y privado. En el campo educativo, varias instituciones particulares vienen implementando la educación a distancia para mitigar el impacto en la formación escolar y universitaria; a partir del 4 de abril, se añadirán las instituciones educativas públicas. 

A favor de la salud

Por obvias razones, la e-Salud es un área con amplio desarrollo, sobre todo, en los países asiáticos afectados por la pandemia. China aplicó la telemedicina en su modalidad directa paciente-médico, mientras que Corea del Sur empleó soluciones de detección, monitoreo y trazabilidad de las personas infectadas, lo que facilitó el control efectivo de su propagación y la reducción de casos severos y de fallecidos.



A pesar de la e-Salud lleva más de 20 años en el Perú, el sistema de salud no ha logrado institucionalizarla ni masificarla. Algunas experiencias de soluciones multicanales (que integran internet, telefonía fija y móvil, y SMS), desde el sector privado, fueron exitosas la década pasada. 

Un ejemplo es el proyecto Alerta para vigilancia electrónica de enfermedades infecciosas, así como la plataforma C@renet y sus derivadas para telemonitoreo y automonitoreo de personas con enfermedades crónicas, inmunizaciones y desarrollo infantil, tuberculosis, VIH/SIDA y estado de salud de las gestantes. Muchas de estas aplicaciones también empoderaban al ciudadano para el autocuidado de su salud. 

En la red pública de salud, cada subsector (Minsa y EsSalud) implementa su formato de historia clínica electrónica, sin llegar a un escalamiento total e interconectado. La telemedicina se implementó de forma lenta y parcial, y su modalidad directa paciente-médico para diagnóstico y tratamiento fue restringida de forma equivocada, a pesar de ser validada por la Organización Mundial de la Salud (OMS) y empleada en el mundo. Las recientes directivas del Minsa, según Resoluciones Ministeriales No 116, 117 y 146-2020/Minsa, tampoco la consideraron, limitándola a consejería y asesoría en salud.

El escenario del actual aislamiento social obligatorio (ASO) habría sido la oportunidad para desarrollar esta modalidad en los servicios públicos y privados de salud. Si esta modalidad se implementa de manera adecuada, reducirá el déficit regular de cobertura de atención médica, que supera más del 50 % de la población que refiere algún problema de salud, sobre todo de baja complejidad y que no busca atención en algún centro de salud. 

El objetivo del sistema nacional de salud debe ser que cada peruano reciba servicios de salud, en forma presencial o virtual, en cualquier centro de atención, público o privado, o mejor, en su domicilio o su centro de trabajo, y pueda acceder de manera electrónica a su información clínica integrada. Hoy, el sistema de salud peruano incluye 20 000 establecimientos públicos y privados para ser interconectados en su beneficio. 

El futuro es hoy

Hacia el bicentenario, la infraestructura para la conectividad nacional debe encontrarse operativa en su totalidad. Sobre esa base, la lógica indica que la transformación digital del país debe acelerarse, orientada hacia los ciudadanos de manera inclusiva y con respeto a la diversidad cultural del país. 

El Decreto de Urgencia No 006-2020 creó el Sistema Nacional de Transformación Digital, en el marco del Decreto Legislativo No 1412 "Ley de Gobierno Digital". La ley estableció el marco de gobernanza del gobierno digital para una gestión adecuada de la identidad, los servicios y la arquitectura digital, la interoperabilidad, la seguridad digital y los datos, así como el régimen jurídico aplicable al uso transversal de tecnologías para la digitalización de los procesos y la prestación de servicios digitales por parte de las entidades de la administración pública en los tres niveles de Gobierno. 

Este 13 de abril, iniciado el retorno progresivo después del ASO y en paralelo a las medidas dictadas para ello, será indispensable acelerar los avances en educación, trabajo y salud, así como en el sector justicia, sistema bancario, comercio electrónico y otros, de cara al 2021. Todo ello debe acompañarse de la respectiva gestión del cambio, tanto de los trabajadores y directivos como del resto de los ciudadanos. 

El siguiente Gobierno deberá consolidar esta transformación durante su quinquenio gubernamental y así, otra eventual pandemia encontrará a la sociedad peruana, urbana y rural, mejor preparada e interconectada para enfrentarla y sobrevivir. No vale lamentarse una vez más de las oportunidades perdidas en estos últimos 25 años. ¿Qué otras acciones son necesarias para acelerar la transformación digital del Perú? Déjanos tu opinión.

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