Conectividad, salud y seguridad alimentaria en tiempos del coronavirus

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El trabajo multisectorial y los aportes del sector privado son importantes para asegurar la salud y la seguridad alimentaria, sobre todo, de las comunidades en las zonas rurales del país.

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La llegada del coronavirus obliga a muchas empresas del Perú y el mundo a tomar estrategias disruptivas para afrontar el nuevo contexto que nos toca vivir. Además de minimizar las reuniones presenciales, se requiere diseñar con urgencia una agenda con varios ejes y múltiples iniciativas a favor del desarrollo comunitario y el impulso de proyectos focalizados en la salud y la seguridad alimentaria de la población. 

Proximidad virtual

Las reuniones presenciales, visitas y diálogos interpersonales aún son prácticas con alto riesgo de propagación del virus, mientras que el distanciamiento social es la acción social más efectiva para evitar el contagio. El abandono o enfriamiento de una relación sería poco inteligente y, a largo plazo, podría llevar a la desconfianza y a desandar los avances en el desarrollo local o encubar nuevos motivos y formas de conflicto. 

Será muy importante empezar a fortalecer las herramientas tecnológicas para que las comunidades puedan asegurar la proximidad virtual. El teléfono será vital pero insuficiente en este contexto. Por ello, se debe potenciar al máximo la capacidad de uso de los smartphones, accesibles a la mayoría de líderes comunitarios.



El uso de las aplicaciones de mensajería como WhatsApp o Skype será crucial para los trabajos grupales. Además, las áreas de Tecnología de la Información (TI), hasta ahora enfocadas en dar soporte a las operaciones de las compañías, también deberán apoyar en el desarrollo de estrategias comunitarias para la proximidad virtual. 

Ejes de desarrollo

Las empresas extractivas desarrollan proyectos para impulsar el desarrollo de las comunidades. Muchas de ellas obedecen a esfuerzos de múltiples actores, con visiones aproximadas, esfuerzos en conjunto y la suma de recursos públicos y privados. La coyuntura obliga a replantear qué proyectos priorizar, qué compromisos negociar y a focalizar los esfuerzos en dos aspectos centrales: la salud y la seguridad alimentaria. 

En materia de salud, es necesario apoyar y fortalecer las políticas públicas orientadas a suprimir la propagación del virus. Luego, deben realizarse trabajos de mitigación y   mejorar la capacidad de respuesta de atención ante su presencia (aportes de ventiladores mecánicos para los hospitales regionales y de laboratorios de procesamiento de muestras serán valiosos para salvar vidas). 

Trabajo en equipo

La dotación de enseres para la bioseguridad, artículos de higiene y kits de atención temprana serán contribuciones de alto impacto. Las experiencias piloto de telemedicina que impulsaron algunas empresas del Estado deberían extenderse a una mayor velocidad. Otro desafío será acelerar el proceso para la teleeducación e introducir, por esa vía, contenidos sobre salud comunitaria a los estudiantes. 

Es una buena oportunidad para sumar esfuerzos en construir un sistema de salud que llegue a la ciudadanía con la calidad y efectividad necesarias. El mecanismo de obra por impuestos (OxI) se mantendrá como una herramienta privilegiada para acelerar la dotación de infraestructura y equipamiento para la salud, agua y saneamiento. Acelerar esos procesos será un desafío que convoca a los sectores público y privado. 

Otra medida importante que se debe tomar, como respuesta al coronavirus, es el fortalecimiento y la organización de comisiones multisectoriales de salud a nivel distrital. Estos equipos tendrán presencia de los tres niveles de Gobierno, los poderes del Estado, los agentes comunitarios y las empresas privadas. 

Prevención y seguridad alimentaria

Una línea básica a trabajar desde hoy será la prevención comunitaria. Es prioridad reforzar el trabajo de los agentes comunitarios de salud, reenfocar su agenda e impulsar el despliegue comunicativo del sector hasta posicionar mensajes clave que conlleven a cambios conductuales de las personas. También se debe aportar kits de higiene en lugares públicos como escuelas, salones comunales, mercados, postas, etc. 

En el sector rural, otro vector importante será la focalización de esfuerzos en proyectos que contribuyan a mejorar la seguridad alimentaria desde tres entradas: disposición, acceso y uso. En disposición, se requieren proyectos de corto plazo para mejorar la producción de alimentos en los lugares y familias más vulnerables. 

Para el acceso, deben promoverse proyectos que generen empleo temporal e inyectar recursos en el bolsillo de la población vulnerable (forestación, rehabilitación de caminos y trochas, mantenimiento de infraestructura de riego, etc.). Por último, en cuestión de uso, se necesita promover mejores hábitos de preparación de alimentos y garantizar agua segura para el consumo y el aseo personal. ¿Qué otras acciones son cruciales para asegurar la salud y la seguridad alimentaria? Déjanos tu opinión.

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