COVID-19 en Perú: Aún hay esperanza

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Como tratamiento inicial, el ASO (aislamiento social obligatorio) fue una medida correcta, pero no alcanzó. Sus efectos colaterales en la población, sumados a las aún estructurales deficiencias del sistema de salud, de su burocracia y gestión ―en este y los 3 Gobiernos previos―, le pasan la factura al país. ¿Por qué aún no aprendemos?

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El negacionismo es el problema histórico de los políticos, los opinólogos y de la población "formal" del país: es más fácil responsabilizar al Gobierno de turno, evitar ser conscientes y no asumir la responsabilidad por las deficiencias estructurales del sistema de salud, producto de su inacción en la última década. 

Agravada por la crisis política desde el 2016 y el desfile de 8 ministros de Salud, qué institucionalidad y continuidad en políticas públicas podía esperarse. Hay que ser realistas y, a partir de ahí, cambiar en serio mirando al bicentenario. En el cortísimo plazo será imposible.

Se ganó tiempo, pero no fue suficiente

Con el ASO, oportuno como única alternativa ante las condiciones del sistema al 15 de marzo, el país contuvo parcialmente el contagio, sino tendría más de 100 000 casos y  3000 fallecidos. Logró aumentar la capacidad instalada de 100 a más de 800 camas UCI, contrariamente a lo que muchos afirmaban sobre la inexactitud de tal información. 

El Ministerio de Salud (Minsa) sigue publicando los datos sobre la pandemia mediante: i) sus comunicados diarios,  ii) el portal COVID-19 y iii) el análisis epidemiológico.



En lo que va de abril, es positivo observar  en la información mostrada que la duplicación de casos disminuye en velocidad, al pasar de 4 a 9 días. Esto es muy relevante porque incluye el efecto por la detección adicional de infectados con las útiles pruebas serológicas aunadas a las moleculares, cerca de 300 000 (más de 9 000 pruebas por millón de peruanos).

Lo que no estuvo previsto con  el ASO, fue la consecuencia socioeconómica en la población "informal", calificada así por el sector formal del país. Sumado a un inadecuado manejo de las persistentes aglomeraciones de gente (ej. mercados), derivó en la no deseada (pero esperable) zona oscura de la curva, luego del martillazo del 2 de abril. Así, la epidemia comenzó a sobrepasar la capacidad fortalecida del sistema de salud y, a pesar del sacrificio de médicos, enfermeras, policías y otros, con más de 10 000 recuperados, se registran más de 900 peruanos fallecidos.

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Fuente: Gestión

Lecciones de Cuba y Chile

Chile y Cuba, con su primer caso, tres días antes y cinco días después que el Perú, respectivamente, ambos han disminuido  la velocidad de duplicación de casos a 16 días, con 74 y 13  casos por 100 000 habitantes, respectivamente, versus  104 por 100 000 en Perú. Para nadie es secreto que ambos sistemas de salud son mejores que el peruano, uno eminentemente público y el otro con relevante participación privada. 

Sin aplicar un ASO total, gestionan la pandemia en forma diferente: Cuba, sin tantas pruebas diagnósticas (más de 3 900  pruebas por millón de personas), pero con un mix de manejo clínico y vigilancia en aislamiento domiciliario, aislamiento en locales acondicionados y la hospitalización correspondiente. 

En el caso de Chile, ha aplicado el ASO focalizado y apoyado en muchos más test diagnósticos (más de 8 400  por millón), además de la respectiva hospitalización. Finalmente, ambos países cuentan, probablemente, con poblaciones más conscientes respecto de las implicancias del no cumplimiento del distanciamiento social. Algo es posible aprender de ambos países con vistas al futuro retorno, pos-ASO, en Perú.

El segundo tiempo: la nueva normalidad

La recién, aunque tardíamente, designada comisión para el retorno pos-ASO debe actuar de forma expeditiva y los políticos (Gobierno incluido) no distraerse con medidas populistas (ejemplo: impuesto solidario, retiro del 25 % de AFP) que poco contribuirán a paliar la situación. 

Ante la coyuntura actual, es indispensable modificar el formato en que las cifras son comunicadas en las conferencias de prensa de Palacio de Gobierno, quizás con un mayor detalle, lo más didáctico posible, pero brindando esperanza, porque sí se ha contenido la pandemia, aunque no lo suficiente. También hay que reiterar que esto continuará en el retorno a la "nueva normalidad" hasta la llegada de la vacuna, muy probablemente en el 2021. 

Sin descuidar lo ganado, ya se debió empezar con el ASO focalizado en Lima y regiones, a pesar de que las condiciones basales  no sean las mejores como en Chile y Cuba. Lo principal, ayer, hoy y mañana, será el comportamiento social de la población (formal e informal) y su gestión adecuada para el distanciamiento social, el uso de mascarillas y el lavado manos, que debe garantizarse. 

En salud, con recursos humanos disminuidos por la propia epidemia y con la obligación de continuar con su mayor protección y el reforzamiento de los servicios de hospitalización y cuidados intensivos, el uso masivo de e-Salud (teleconsulta directa paciente-médico, teleprevención, televigilancia, telemonitoreo, etc.) es perentorio para reducir la sobrecarga hospitalaria. 

La vigilancia epidemiológica electrónica, además de involucrar al personal de salud, debe incluir a los 40 000 promotores de salud, los 230 000 agentes comunitarios del Midis y a la propia ciudadanía. Todos ellos, igual de indispensables para lograr el telemonitoreo y automonitoreo de la salud de la población (sectores formal e informal). 

En paralelo, y de una vez por todas, el Gobierno debe liderar la real reforma del sector salud, que incluye la participación privada, de la academia y de profesionales competentes de diferentes disciplinas, no solo médicos (en los últimos 10 años: 9 de 11 ministros de salud lo fueron), para sentar las bases de un país interconectado e inclusivo para la salud, centrado realmente en los ciudadanos. 

El Perú deberá estar en mejor posición para afrontar la siguiente pandemia, en una década o menos. ¿Qué otros aspectos consideras que se deben mejorar durante y después del ASO? Coméntanos tu opinión.

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