Negociando con nuestras emociones

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Quizás el negociador más reacio que tengamos que enfrentar no se encuentre al otro lado de la mesa, sino dentro de nosotros: nuestras emociones.

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La negociación siempre está presente en nuestras vidas. Negociamos en el trabajo, en el hogar, con los amigos, al ir de compras, al resolver conflictos circunstanciales y en muchos otros casos.

Sin embargo, la negociación con nosotros mismos es clave para salir bien librados en las múltiples resoluciones de conflictos y búsquedas de acuerdos que enfrentamos en la vida. Si no sabemos manejarlas y se entrometen cuando tratamos de llegar a buenos acuerdos, pueden tirar abajo todo lo que habíamos planificado como estrategia negociadora.

¿Cómo empezamos a negociar?

Como en un proceso típico de negociación, primero debemos conocer a "la otra parte". En este caso, se trata de conocernos más a fondo, a nivel emocional. Preguntémonos: ¿qué emociones me visitan? ¿Para qué ha venido esta emoción? ¿Qué mensaje me trae? Debemos escucharlas y captar su mensaje. Recordemos que no hay emociones "buenas" ni "malas", simplemente "son" y nos alertan de cosas importantes. Navegar a nivel emocional requiere de un alto nivel de alerta y poner mucha atención al cuerpo, donde se manifiesta la emoción de entrada.



Los seres humanos tenemos un sistema inmunológico psicológico que nos permite adaptarnos a la realidad, aun cuando esta no sea deseable, y hasta sentirnos felices.

Una vez comprendido el mensaje que traen las emociones, debemos usar herramientas de aceptación y protección. Al negociar con personas y grupos, no podemos pretender que piensen como nosotros, que busquen lo mismo que nosotros ni que necesiten lo que nosotros necesitamos. Aceptar que los demás no son como yo, me protege y desarrolla mi propia empatía y tolerancia, herramientas claves de la negociación.

Al negociar, debemos tener muy claro que lo que me digan o hagan "no es contra mí", sino que es el resultado de interactuar con seres únicos, con sus propios problemas y enfoques. Esa claridad me protege, a nivel emocional, me libera de reacciones indeseables y me mantiene enfocado en lo importante, que es llegar a un buen acuerdo que satisfaga a las partes y que genere y/o mejore la relación hacia el futuro.

Efectos de la pandemia 

Lo que ocurrió durante los últimos diez meses ha exacerbado nuestras emociones y las ha vuelto más visibles y locuaces. Sin embargo, al mismo tiempo, nos ha permitido curtirnos y salir adelante. Dan Gilbert, psicólogo de Harvard, señala que los seres humanos tenemos un sistema inmunológico psicológico que nos permite adaptarnos a la realidad, aun cuando esta no sea deseable, y hasta sentirnos felices. 

La psicóloga rusa Sonya Lyubomirsky de la Universidad de California, autora de libros que estudian la felicidad basados en evidencias científicas, concluye que un 40 % de la felicidad y bienestar que recibimos en la vida está sujeto a nuestro control. Esto significa que depende de lo que pensamos, sentimos y hacemos. El 60 % restante, según la especialista, es de origen genético y circunstancial.

Retos personales

A pesar de las condiciones desafiantes que se nos presenten y de lo complicada que pensemos que es nuestra vida, y hasta en el caso de que mantengamos un historial de negociaciones negativo, tenemos que reconocer que somos capaces de salir adelante y negociar de manera efectiva. Hay frases que nos ayudan a salir adelante y que debemos tomar como mantras: "no es personal", "por algo pasan las cosas", "nadie puede herirte sin tu consentimiento", "el que quiere hacer algo encuentra la forma y el que no, encuentra una justificación".

Por todo ello, y teniendo en cuenta lo importante de impulsar nuestra capacidad negociadora, debemos potenciarla desde lo profundo, desde nuestro manejo emocional y usar herramientas que nos ayuden a tener éxito, pese a las contingencias que vivimos en la actualidad. ¿Por dónde empezarás a trabajar en esa importante negociación con tus emociones? Déjanos tu opinión.

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