¿Pueden las mineras mejorar su relación con las comunidades durante la pandemia?

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En medio de la segunda ola de la COVID-19, las empresas mineras tienen la oportunidad de mejorar su relación con las comunidades. En este artículo se analiza de qué forma es posible construir mejores relaciones entre las partes, las mismas que sean sostenibles en el tiempo.

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La recuperación de la actividad minera será relevante para la economía peruana durante este 2021. De acuerdo con el Marco Macroeconómico Multinanual (MMM) 2020-2024 del Ministerio de Economía y Finanzas (MEF), el aporte previsto será de, aproximadamente, 15 % al producto bruto interno (PBI). Sin embargo, uno de los factores que podrían retrasar la ola de recuperación del sector son las demandas pendientes de solución con algunas comunidades en las zonas de influencia minera.

Precisamente, uno de los retos de este año para el sector minero en el Perú será el fortalecimiento de las relaciones con los pueblos en sus zonas de influencia. Según la Defensoría del Pueblo, hasta el 8 de enero de este año, en el Perú se registraron 82 conflictos socioambientales mineros y, al menos, el 89 % se debían a problemas de relación entre las dos partes (mineras y comunidades). 

Panorama complejo

Con la llegada de la COVID-19 al Perú, en marzo del 2020, el punto de partida de las empresas mineras para apoyar a las comunidades y enfrentar la pandemia consistió en impulsar las medidas de seguridad y prevención necesarias. Por ejemplo, Antamina fue la primera minera en el Perú que obtuvo el Sello de Bioseguridad de SGS Desinfection Monitored que avala su cumplimiento de la normativa, la aplicación de pruebas de desinfección de superficies (ATP) y actividades de supervisión en campo.



Las comunidades forman parte del modelo de negocios minero, como uno de los stakeholders más importantes.

No obstante, algunas comunidades y centros rurales percibieron que las actividades mineras podían tener cierta influencia en la trasmisión del virus, pese a los esfuerzos y las medidas sanitarias que pudiesen adoptar estas compañías. A su vez, la ausencia de centros de salud y personal médico aumentaban la vulnerabilidad de las personas. Sin embargo, las mineras tomaron esta situación como una oportunidad para realizar actividades a favor de las comunidades. 

Un caso destacable fue el de Bear Creek, dueña del proyecto minero Corani, que durante el 2020 desarrolló inversiones de apoyo al mejoramiento a la nutrición infantil, educación, salud, provisión de energía eléctrica y kits de apoyo contra la pandemia, entre otras actividades. 

Retos pendientes

El sector minero apuesta por una actividad sustentable, inclusiva, integrada, ambientalmente viable e innovadora. 

Para fortalecer las relaciones con las comunidades de sus zonas de influencia durante este 2021 y aún en medio de la pandemia se deben emplear estrategias basadas en valores compartidos. Por definición, el éxito económico de una empresa se relaciona de forma directa con su competitividad, pero la lógica empresarial evidencia que ninguna empresa puede ser exitosa si la comunidad donde opera no lo es. 

La competitividad de una empresa y la salud de las comunidades donde opera están entrelazadas. Una empresa necesita una comunidad exitosa para crear demanda por sus productos, brindar activos públicos cruciales y un entorno que apoye a la actividad económica. 

Por último, es importante advertir que la nueva ola de contagios, sumada a la tensión provocada por las elecciones generales de abril, pueden convertirse en catalizadores de nuevos conflictos con las comunidades. Dependerá de las empresas llevar adelante mesas de diálogos y otras acciones que ayuden a mantener la confianza de la población.

No pretendamos que las cosas cambien, si seguimos haciendo lo mismo.

¿Qué otras acciones consideras necesarias para mejorar su relacionamiento? Déjanos tu opinión.

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