Salud: gestión de proyectos... ¿Qué sigue?

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La segunda ola de la COVID-19 corroboró las falencias del sistema de salud en el Perú. Pese a ello, la actual campaña política aún brilla por la ausencia de debate sobre proyectos para revertir esta situación.

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ANDINA/Norman Córdova

El año pasado, la ejecución del presupuesto anual asignado para proyectos de salud fue de 53.4 %, 67.2 % y 60.8 % en los Gobiernos locales, regionales y central, respectivamente. En resumen, el país dejó de ejecutar un poco más de 35 % del total, previsto en S/ 3 242 millones. Comparativamente, se ejecutó un poco más que en el 2019, cuando se registró un 44 % sin ejecutar (de un presupuesto de S/ 3 385 millones), y más que en el 2018, con un 41 % sin ejecutar (de un total de S/ 3 061 millones).

Los montos no ejecutados en los tres últimos años (con seis ministros de Salud de por medio y cuatro de ellos solo en el 2020) siguen demostrando la persistente problemática en la gestión de proyectos. Esta situación se explica muy probablemente por la triple C: la no "continuidad" de la gestión, limitadas "competencias" de los funcionarios y la "corrupción" persistente. ¿Cómo gestionar este problema?

Salud en emergencia

Recientemente, el Congreso de la República, con representantes de agrupaciones políticas en campaña, aprobó por insistencia la Ley 31125, que declara en emergencia el sistema nacional de salud y regula su proceso de reforma por un lapso de 12 meses prorrogables. Entre sus ámbitos de intervención, se incluyen la gestión de los recursos humanos, la infraestructura y el equipamiento, así como la articulación interinstitucional y el equipamiento del sistema de respuesta y prestación en salud. 



Ningún proyecto dará resultados si no se dispone del recurso humano de salud (RHUS) idóneo en el momento oportuno para su operación.

Sus disposiciones complementarias señalan la elaboración, en 90 días calendario, del Plan de Infraestructura en Salud, que debe considerar a todos los establecimientos de salud de las diversas regiones del país que el Ministerio de Salud (Minsa) priorizará. Asimismo, declaran de interés nacional y necesidad pública los estudios de preinversión y ejecución de proyectos de infraestructura de establecimientos de salud en el país.

En paralelo, el Minsa aprobó el Programa Multianual de Inversiones (PMI) 2022-2024, con un total de 671 inversiones y poco más de S/ 18 000 millones para el trienio, para una brecha de infraestructura en salud de más de S/ 27 000 millones a corto plazo (cinco años) y más de S/ 58 000 millones a largo plazo (20 años). 

Se calcula que, a un ritmo de ejecución de proyectos por S/ 2 200 millones anuales, serán necesarios casi dos quinquenios gubernamentales para cumplir con el PMI. Asimismo, se requerirán casi tres quinquenios para cerrar la brecha de corto plazo y, al menos, un cuarto de siglo para cerrar la de largo plazo.

¿Qué sigue?

El planeamiento y la ejecución de proyectos en salud debe enmarcarse en el modelo de Redes Integradas de Salud (RIS), bajo el enfoque de cuidado integral de las personas por cada etapa de su vida. Esto incluye, además, el uso masivo de servicios de eSalud/salud digital (teleconsulta médica directa, e-prevención masiva y personalizada, e-triaje con inteligencia artificial, entre otros), con el soporte de la historia clínica electrónica (HCE) en un sistema integrado de información en salud (SIIS), en un entorno de seguridad, privacidad y confidencialidad. Una gestión más eficiente, transparente e inclusiva aminorará la brecha de servicios de salud y, por ende, la necesidad de fierro y cemento.

En esa línea, el Programa de Inversión de Creación de Redes Integradas de Salud (PCRIS) del Minsa, por más de S/ 1 250 millones financiados por el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) y el Banco Mundial (BM), sigue siendo la gran oportunidad, hasta el 2024, para contribuir a lograrlo. 

Durante la pandemia, la eSalud/salud digital demostró ser una opción rápida, escalable y costo-efectiva para ampliar la cobertura de atención en tanto se completa la ejecución de proyectos necesarios de fierro y cemento. Varios continúan inconclusos tras más de cinco años, como en Arequipa, Piura, Cusco, Áncash y Huánuco, y que deben ser culminados por los actuales Gobiernos Regionales (GORE) hasta el 2022. 

En paralelo, los proyectos regionales de banda ancha requieren la articulación del Minsa y los GORE con el Ministerio de Transportes y Comunicaciones, mediante su Programa Nacional de Telecomunicaciones (Pronatel), para completar la conectividad indispensable para la red nacional integrada de salud. Esta aún registra poco más del 10 % de las 20 000 instituciones prestadoras de servicios de salud (IPRESS) conectadas en todo el país.

Innovación y participación privada

El Plan de Infraestructura de Salud debe contemplar en su implementación un porcentaje importante de proyectos vía obras por impuestos y asociaciones público-privadas. Los aún pocos proyectos implementados en salud muestran más ventajas significativas que la gestión pública convencional para su ejecución y operación.

También es necesario incluir alternativas como los denominados Proyectos Especiales de Inversión Pública (PEIP). En el cuarto trimestre del 2020, el Minsa firmó convenios con varias regiones para iniciar el desarrollo de proyectos bajo esta modalidad. El mecanismo de contrato de Estado a Estado, como los actuales con Inglaterra y Francia, también puede aplicarse para los PEIP.

Por último, es necesario seguir apostando por promover la creatividad con el apoyo del Fondo Nacional de Desarrollo Científico, Tecnológico y de Innovación Tecnológica (Fondecyt), Innóvate-Perú y otros fondos similares. Así se generan alianzas entre el sector privado, la academia y el sector público para proyectos de innovación en salud.

Más allá del bicentenario

Ningún proyecto dará resultados si no se dispone del recurso humano de salud (RHUS) idóneo en el momento oportuno para su operación. La dotación de personal en el Perú se ve complicada, pues la pandemia mostró la limitada disponibilidad de personal especializado en el país, sumado a la inadecuada distribución del personal, limitaciones de competencias en gestión, corrupción institucionalizada y una crisis ética multinivel (Vacunagate) previamente existentes y ahora transparentadas. 

Según el BID, se requerirán 149 % más médicos y 157 % más enfermeras en Latinoamérica del 2017 al 2040. Por ello, urge repensar la formación y generación de mayor cantidad de RHUS en pregrado y posgrado, revisando los valores impartidos y con la incorporación de competencias digitales para la atención y gestión de salud, así como la ampliación de plazas y presupuesto. La doble percepción de ingresos en el sector público, al menos en emergencia, fue un paso adelante y también lo será la pertenencia del personal a la red, no solo a su IPRESS. ¿Qué otras acciones consideras necesarias? Déjanos tu opinión.

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