Comunicación y política: ¿Una lucha por el poder?

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A pesar de que la política y la comunicación se han confrontado en muchos momentos de la historia, también es cierto que ambas se han complementado y aportado a su evolución entre sí.

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La política y la comunicación no siempre se han llevado bien. A veces, una de ellas se ve sometida a la otra. En otros casos, no se complementan y, por el contrario, compiten en sus objetivos. En ambas se aprecia una lucha por el propósito, las prioridades y los mensajes. En definitiva, por el poder. 

La relación entre ambos conceptos es muy antigua y puede remontarse a la Grecia política y retórica o a aquella Roma de los discursos. Más recientemente, podemos asociarla a la conceptualización de la comunicación política de la década de los cincuenta, en Estados Unidos. Lo cierto es que, a pesar de esa larga convivencia, no siempre han coincidido con el mismo objetivo.

La política y la comunicación, juntas o separadas, han aportado al desarrollo de la sociedad. Existen innumerables evidencias, a través de la historia, de cómo los políticos se han privilegiado de la comunicación para promover sus ideologías y sus modelos políticos, económicos y sociales o, de manera más práctica, para influir sobre sus votantes en las campañas electorales. 

Apoyo mutuo

La comunicación siempre ha sido un elemento fundamental para convencer, persuadir o influenciar en los ciudadanos. Por supuesto que también existieron episodios en los que la política usó la comunicación para propósitos poco democráticos, porque apeló a la manipulación y a la propaganda utilitaria e interesada.



La comunicación política podría concentrarse en alcanzar consensos y promover una agenda común entre los que votaron por el partido del Gobierno y los que no lo hicieron.

Sin embargo, en términos generales, la comunicación le aportó a la política muchas herramientas para su evolución positiva. Esto ocurrió cuando la comunicación fue gestionada de manera estratégica y alineada a objetivos comunes, como procurar el bien común entre gobernantes y gobernados y lograr una mejor relación entre ambos. No existe política sin buena comunicación: hay que hacer política y saber comunicarla. Lo que no puede ocurrir es que la política subestime el poder de la comunicación, la manipule o la condicione a intereses netamente políticos. 

Por supuesto, la comunicación también es crucial para la gestión gubernamental. El Estado y el sector público, en general, requieren de una buena gestión comunicacional para funcionar de manera adecuada. No se puede gobernar bien y comunicar mal, como tampoco se puede comunicar lo que no se gestiona bien. 

No basta con que el gobernante ejerza el poder, sino que debe comunicar sus acciones de gobierno de manera continua. El propósito fundamental de la comunicación gubernamental, entonces, es construir una adecuada imagen pública del Gobierno de turno, transmitiendo principios, valores y planes que son condiciones básicas para alcanzar legitimidad en la ejecución de las políticas públicas, del estilo de gobernar del presidente y de los miembros del Poder Ejecutivo. 

El desafío que enfrenta la comunicación en esta labor no es menor, porque, en principio, deberá darle sentido a lo que hace el Gobierno. Los comunicadores llamamos a esta acción el propósito de la comunicación: la importancia de construir una narrativa de gestión, una identidad que ayude a crear y reforzar la reputación del Gobierno entre los gobernados. 

Gestión de la Energía

Lamentablemente, la comunicación estatal no suele trabajar la construcción de una identidad institucional uniforme ni crear un contenido único para todo el Estado. Ello ocurre, entre otras razones, por las urgencias del corto plazo, los innumerables e innecesarios cambios de funcionarios que impiden un trabajo planificado de más largo aliento y también, hay que decirlo, por la falta de profesionalismo de algunas oficinas de comunicación. Sin embargo, muchas veces, el principal problema es la ausencia de liderazgo y visión presidencial, la falta de entendimiento de que la comunicación agrega mucho valor al mandato y ayuda a legitimarse en el poder.

Para hacer comunicación, hay que entenderla primero y reconocer su impacto en la sociedad y su aporte en la consecución de intereses más estratégicos, en su gran rol para promover incidencia pública, incluso para fortalecer el ejercicio ciudadano. La comunicación es de doble vía y también un puente, ya que promueve y gestiona la información entre ciudadanos, además de establecer mecanismos para recoger expectativas públicas e incorporarlas a la gestión gubernamental. Así, la comunicación se convierte en una herramienta importante de escucha, con un aporte considerable al correcto funcionamiento de todas las estructuras del Estado.

Hoy, el derecho a estar informado sobre los asuntos de Gobierno y sobre la agenda pública es mayor que en épocas anteriores. Por lo tanto, los políticos tienen el deber de comunicar sus acciones y los ciudadanos, el derecho a expresarse sobre ellas. Lamentablemente, pocas veces se encuentran los espacios para interactuar con el poder y con las diversas instituciones de la administración pública. Un Gobierno que no escucha se deslegitima en su forma de gobernar. 

Retos gubernamentales

¿Cuáles son los desafíos en materia de comunicación que enfrenta este Gobierno? ¿Acaso podemos ya identificar cuál es su propósito? Es difícil saberlo en medio de esta coyuntura complicada, dominada por la inmediatez, la improvisación, la falta de una visión de Gobierno compartida y la ausencia de contenido gubernamental uniforme. 

No obstante, en estos momentos críticos, la comunicación política del Gobierno podría concentrarse tan solo en alcanzar consensos y promover una agenda común entre todos: los que votaron por el partido del Gobierno y los que no lo hicieron. Una relación comunicacional que se materialice a través de un discurso presidencial público, constante y transparente.

En definitiva, se necesita una comunicación enfocada en difundir los planes de gobierno, reducir la sensación de inestabilidad e incertidumbre, generar confianza y, lo más importante, consolidar al presidente en el poder y conseguir su estabilidad en el futuro. ¿Qué otros retos pendientes incluirías? Déjanos tu opinión.

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