El nuevo rol de los negocios: Desafíos y oportunidades para una economía global verde

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Las empresas requieren recursos tangibles e intangibles para producir una amplia gama de materiales, bienes y productos, pero ese proceso genera volúmenes considerables de desechos sólidos, líquidos y gaseosos. ¿Qué rol deben tener las empresas en este contexto?

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En el 2018, la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE) calculó que, para el 2060, la demanda mundial de recursos tangibles se duplicaría a 167 gigatoneladas (Gt) en comparación con las 79 Gt consumidos en el 2011. Cabe señalar que las actividades de extracción y consumo de recursos son consideradas factores directos del calentamiento global y, por ende, responsables del  70 % de todas las emisiones de gases de efecto invernadero (GEI)  (The Circularity Gap Report,  2021). Asimismo, para el 2050, la población mundial aumentará en un 40 %, es decir, 10 000 millones de habitantes. 

Más personas implican más necesidades, y más necesidades forzarán a las empresas a consumir más recursos para satisfacer las crecientes demandas del mundo, incluida una mayor generación de residuos. Precisamente, el Banco Mundial (BM) pronosticó, en el 2018, que, para el 2050, el mundo generará 3400 millones de toneladas de residuos por año. En este contexto, las empresas de todo el mundo se verán obligadas a adaptar continuamente sus operaciones, buscando reducir sus contribuciones traducidas en emisiones de carbono. Sin embargo, ese estímulo provendrá de las crecientes preocupaciones ambientales de la sociedad y de regulaciones ambientales cada vez más estrictas por parte los Gobiernos. 

El cambio climático y la contaminación por desechos son desafíos globales actuales, con efectos directos en la salud humana, la economía y el medioambiente. Las preocupaciones societales sobre estos últimos aspectos conforman mecanismos de presión considerables, ejercidos sobre las empresas y los Gobiernos. La respuesta de los Gobiernos a esa presión conduce, con mayor frecuencia, al diseño, la implementación y la aplicación de regulaciones ambientales más estrictas que, a su vez, ejercen una poderosa influencia en la forma en que operan las empresas. 

Por otro lado, las preocupaciones y las regulaciones ambientales también son dinámicas, es decir, evolucionan constantemente en el tiempo. En consecuencia, el rol futuro de los negocios en la sociedad será definido, en gran medida, por las inquietudes ambientales de la sociedad global y los mecanismos regulatorios derivados de intervenciones gubernamentales. Ante este escenario, las empresas buscarán continuamente adquirir diferentes capacidades que les permitan adaptar, modificar, redefinir o innovar sus prácticas de extracción, transporte, transformación y consumo de recursos, así como sus sistemas de gestión de residuos. En otras palabras, los negocios que enfrentan desafíos de emisiones de carbono (y reducción de residuos) tendrán que adecuarse a las nuevas condiciones planteadas por una emergente economía global verde.



El camino hacia una economía global más verde debe pavimentarse con el liderazgo empresarial y caracterizarse por negocios y acciones que generen rentas responsables, valor compartido y/o regeneración ecosistémica.

Esta economía verde puede definirse como una economía baja en carbono, caracterizada por una gestión eficiente de los recursos y la energía. También es una economía social y ambientalmente responsable, porque incorpora como principios básicos la protección y la preservación de los ecosistemas y la biodiversidad. 

Objetivo inmediato: la descarbonización de los negocios

Un crecimiento económico verde se gesta mediante inversiones de capital público y privado, centrados solo en maximizar el uso de los recursos, al tiempo que se busca minimizar todo desecho sólido, líquido o gaseoso que alimente las emisiones de carbono. 

Por ejemplo, los indicadores de crecimiento verde muestran que, en el mundo, el suministro de energía renovable (expresado como un porcentaje del suministro total de energía) aumentó ligeramente del 12.45 % (1990) al 13.77 % (2020) (OCDE, 2020). Sin embargo, la implementación de políticas ambientales, normativas ad hoc e incentivos fiscales adecuados y aplicados al caso de los países de la OCDE lograron resultados importantes. Como principal meta, se logró un crecimiento en materia de energías renovables del 156 %, es decir, de 6.13 % (1990) a 10.95 % (2019). 

En este contexto, Suecia es el país que lidera esa transición, saltando de 24.43 % (1990) a 44.92 % (2020) (OCDE, 2020). De hecho, la intensidad de carbono emitida (expresada como generación de carbono per cápita en toneladas) de la OCDE y Suecia cayó de 10.01 % y 6.08 % a 8.31 % y 3.18 %, respectivamente. En contraste, las emisiones de carbono per cápita del mundo aumentaron de 3.85 toneladas a 4.36 toneladas (OCDE, 2020). Esto también explica por qué la COP26 no logró llegar a un consenso sobre los fósiles, ya que la mayoría de economías es fuertemente dependiente de estas fuentes de energías no renovables. 

En resumen, pavimentar el camino hacia una economía más verde supone que todo tipo de negocios, desde los pequeños empresarios, empresariado mediano hasta las más grandes corporaciones, desarrollen o adquieran lo que en inglés se conoce como green dynamic capabilities (o capacidades dinámicas verdes). 

Relación de las green dynamic capabilities con el green management

Pese a que la COP26 no alcanzó los objetivos esperados, dejó algunas puertas abiertas para múltiples oportunidades de negocio. La ausencia de un consenso gubernamental global sobre la acción climática representa una gran oportunidad para que las empresas asuman un mayor protagonismo. Dicho de otra forma, es el momento perfecto para que el mundo de los negocios lidere la transición hacia una economía global más verde. Para ello, primero, las empresas deben adquirir capacidades dinámicas verdes para reducir sus emisiones de CO2 e impacto ambiental asociado. 

Las green dynamic capabilities se entienden como las capacidades de una organización para explotar o renovar sus propias capacidades organizacionales, que se consideren útiles para responder a contextos externos dinámicos, y que tengan vínculos con asuntos de corte medioambiental (Chen y Chang, 2013). Por ejemplo, es muy probable que un fabricante que incorpora e implementa técnicas de diseño ecológico (eco-design), en línea con el desarrollo de una cadena de suministro de abastecimiento sostenible, tenga más opciones de cumplir con las también cambiantes y dinámicas necesidades y expectativas ambientales de la sociedad. De igual modo, ese fabricante estará en condiciones de cumplir o incluso superar los marcos regulatorios, según el contexto.   

No obstante, las capacidades dinámicas verdes de una empresa deben enmarcarse en una perspectiva de sistemas estratégicos asociados con el green management (o sistemas estratégicos de gestión verde). Específicamente, una perspectiva de gestión verde integra el conocimiento de diferentes campos de estudio. Estos incluyen --pero no se limitan a-- el diseño ecológico (eco-design), la evaluación del ciclo de vida (life cicle assessment), la compras verdes (green procurement), la logística reversa (reverse logistics), la venta reversa (reverse vending), ecología industrial (industrial ecology), las soluciones basadas en la naturaleza (nature-based solutions), las innovaciones ecológicas (eco-innovations), la conversión de residuos en energía (waste-to-energy), el compostaje (composting), el reciclaje (recycling), el upcycling, el downcycling y aspectos relacionados con la economía circular (circular economy). 

Estos conceptos, métodos, procesos y sistemas de gestión sostenible han demostrado ser eficientes y eficaces para reducir emisiones de carbono. Por ejemplo, Accenture (2015) estimó que la implementación de un modelo de economía circular podría liberar hasta USD 4.5 billones adicionales a la economía mundial para el 2030. De igual modo, un informe de la OCDE (2020) indicó que la economía circular tendría el potencial de crear 18 millones de nuevos empleos directos para el 2040. 

Por su parte, The Circularity Gap Report (2021) señaló que la adopción de capacidades dinámicas verdes podría ayudar a reducir los GEI (incluidos el CO2 y el metano) en un 39 % para el 2032. Sin embargo, quizás la idea contemporánea más interesante de paradigmas de negocio que contribuyen a la economía más verde es el concepto de modelos de negocios regenerativos (regenerative business models). 

Modelos de negocio regenerativos: ejemplos de un paradigma emergente

Un modelo de negocio regenerativo (RBM, por sus siglas en inglés) es un sistema empresarial que asume la responsabilidad de curar, renovar o restaurar un entorno o ecosistema específico en el que opera o tiene un impacto directo. También se refiere a un modelo de negocio que ayuda a mejorar la capacidad de resiliencia que un entorno o ecosistema específico tiene para curarse, renovarse o restaurarse a sí mismo. Por lo tanto, este enfoque puede entenderse como el esfuerzo de una empresa para rectificar el daño causado al medioambiente natural (Bocken & Short, 2020). 

En cuanto a su difusión e impacto, la perspectiva RBM capta la atención de los consumidores y las empresas en detrimento del paradigma de la sostenibilidad (sustainability). Por ejemplo, una encuesta detectó que el 80 % de los consumidores preferían las marcas RBM por encima de las marcas "sostenibles", argumentando que estas últimas son "demasiado pasivas" (ReGen, 2019). 

Cabe resaltar que, en la actualidad, varias empresas ya tomaron la delantera al integrar una lente de gestión basada en RBM. Por ejemplo, Patagonia es una empresa cofundadora de la iniciativa Regenerative Organic Certified (regeneración orgánica certificada). Este modelo de negocio no solo promueve, sino que defiende de manera activa el bienestar animal y la equidad para los trabajadores agricultores, además de contar con estrictos estándares de gestión responsable y rotación de tierras de cultivo. 

Por su parte, General Mills y PepsiCo comparten planes de agricultura regenerativa con el programa "Un millón de acres para 2030" y "Siete millones de acres para 2030", respectivamente. En el mundo del retail, Walmart se ha trazado objetivos comerciales regenerativos más ambiciosos incluyendo, por ejemplo, el plan "Cero emisiones para 2040" y "50 millones de acres de tierra y un millón de millas cuadradas de océano restaurado para 2030." 

Considerando la data y los conceptos ya desarrollados, podemos afirmar que las empresas están tomando un rol más activo en la sociedad, considerando la limitada capacidad de muchos Gobiernos para dar soluciones a su población y la ausencia de un consenso global sobre alcanzar una eficaz gestión ambiental. Los líderes empresariales parecen haber entendido que la presión societal y las regulaciones medioambientales tendrán más influencia e impacto en su capacidad para hacer negocios y, por tanto, una lectura proactiva de su desempeño permitirá a las organizaciones seguir adquiriendo capacidades dinámicas verdes según, claro está, el contexto que afronten. 

En otras palabras, el camino hacia una economía global más verde debe pavimentarse con el liderazgo empresarial y caracterizarse por negocios y acciones que generen rentas responsables, valor compartido y/o regeneración ecosistémico tangible y verificable mediante una métrica de cronogramas de trabajo transparentes, en línea con un monitoreo de resultados continuo y adaptativo. Por último, tenemos la impresión de que, ante estas tendencias y cambios, la era de las buenas intenciones llegó a su fin. ¿Qué otras acciones faltarían para impulsar una economía global verde? Déjanos tu opinión.

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