El tráfico en Lima: En busca de soluciones

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"¿Pasas más tiempo en el micro que con tus amigos?" Leí esta frase hace unos días en la parte posterior de un microbús, mientras iba en mi auto, en pleno congestionamiento vehicular. Vaya ironía. La larga fila de vehículos avanzaba muy lentamente.

Se me ocurrió que la misma pregunta se podría hacer reemplazando las palabras micro y amigos por auto e hijos, respectivamente. ¡Cuántos miles de millones de horas/hombre perdemos en las calles de Lima, tiempo que podríamos dedicarlo a transmitir valores a nuestros hijos!

Lo mismo podríamos decir de las posibilidades de estudiar, de realizar una capacitación, de tener más reuniones de negocios, etc. Otro problema es el estrés ocasionado por el congestionamiento vehicular. La gente que llega estresada a su trabajo es menos productiva. En fin, la gran pérdida que ocasiona el congestionamiento del tráfico es que limita nuestras posibilidades de elección.

Si bien la capital del país concentra el 68,5% (800.000 vehículos) del parque automotor nacional, según cifras publicadas por la Municipalidad Metropolitana de Lima, no es el número de automóviles el que ocasiona las continuas paralizaciones del tráfico en las pistas. A comparación de otras grandes ciudades de la región latinoamericana, el número de autos per cápita no es alto. Diariamente, más de una vez encontramos en el camino un auto, camión o microbús con algún desperfecto detenido en la pista obstruyendo el tráfico.

En numerosos lugares de la capital, los baches hacen que vías de dos o tres carriles se conviertan en pistas de un solo carril, haciendo que el tráfico se haga menos fluido. Al mal estado de las pistas se agrega la estrechez de las vías, la inadecuada semaforización, la antigüedad del parque automotor, además de aspectos culturales (se ha llegado a hablar de la "cultura combi") son algunos de los factores que explican los continuos congestionamientos vehiculares. Todo esto suma para que un viaje que no debiera tomar más de media hora se convierta en una odisea de una hora y media.

La solución pasa por varios aspectos. En primer lugar, una adecuada semaforización electrónica, inteligente y con sensores, de tal modo que no nos toque luz roja en cada semáforo. Se podría lograr una sincronización tal que en una vía los conductores puedan encontrar una línea sucesiva de por lo menos seis semáforos en luz verde, lo que se llama "ola verde". Esto descongestionaría bastante el flujo vehicular, especialmente las vías principales.

Complementariamente, se requiere más estacionamientos. Al no haber dónde estacionarse, la gente deja sus autos en ambos lados de las vías, lo que hace que estas sean estrechas. La Municipalidad Metropolitana de Lima y los municipios distritales donde el congestionamiento es crítico deberían convocar a licitaciones públicas para construcciones subterráneas en las que puedan guardarse los vehículos.

Un gran tema es la educación vial, que debe comenzar desde los colegios pero también ampliarse a conductores, peatones y a los propios policías. Varias veces me ha tocado observar a un policía de tránsito que dirige el tráfico con poco criterio de flujo. Y resulta indignante que se repitan, una y otra vez, los absurdos embotellamientos en cruces de dos avenidas originados por la intención de los conductores de ganarles el espacio a los otros. Todos quieren ganar pero el resultado es que todos pierden. Y con una perspectiva de más largo aliento, se debe trabajar con miras a generar una cultura vial en nuestras ciudades.

Por otro lado, cuando se hacen obras de rehabilitación o ampliación de pistas, las autoridades deberían planificar bien el uso de vías alternas para que no se produzcan "embotellamientos" previsibles. Y debe haber un plan ordenado de rehabilitación de las vías. No es posible que las obras se concentren cuando se aproxima una elección municipal, al final del mandato de un alcalde, cosa que ocurre en muchos distritos. ¿Cuántas veces se aletarga el tráfico debido a un hueco o bache en la pista?

El transporte público debe ser reordenado integralmente. Si bien el proyecto denominado El Metropolitano ayudará en ese sentido, se debe considerar que la continua expansión urbana -tanto horizontal como verticalmente- hará necesarios más proyectos similares. Recordemos que en los años 70 la Vía Expresa resultó ser una solución importante, pero su magnitud quedó reducida con el crecimiento de la ciudad. Hace algún tiempo se habló de la construcción de un gran anillo vial en torno a la ciudad, pero al parecer el proyecto quedó relegado a las calendas griegas.

Ya es hora de hacer algo al respecto. Los habitantes de Lima merecemos un tráfico ordenado y fluido.



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