Contar las muertes por el friaje es elemental, ¡evitarlas es trascendental!

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Cada año, al llegar el invierno, el frío resulta un tema recurrente de conversación. Sin embargo, ¿podemos siquiera imaginarnos lo que significa estar en horas de la noche a -24ºC? Creo que sí podríamos, si supiéramos que las congeladoras domésticas necesitan alcanzar temperaturas de -18º C para cumplir con su función.

¿Puede algún ser, ya sea humano o animal, soportar por largas horas estas gélidas temperaturas? Indudablemente, no. Centenares de fallecimientos a causa de males respiratorios y cuantiosas pérdidas de ganado, sobretodo de camélidos, que constituyen el principal medio de vida para las comunidades altoandinas, así lo demuestran.
 
Y como cada año, también en el presente, las autoridades gubernamentales han declarado en emergencia vastas zonas afectadas, repitiendo la monótona letanía de hablar del tema y luego olvidarlo hasta el próximo año, cuando se vuelva a repetir el drama.

Una respuesta definitiva tendría que estar acompañada de planificación e  inversiones adecuadas,  que permitan a las familias que habitan en el Ande acceder a viviendas en las que el concepto "confort térmico" no se considere sinónimo de lujo.

CARE Perú ofrece un buen ejemplo de lo que las autoridades podrían hacer si se propusieran dar respuestas duraderas y sostenibles.

La reconstrucción de las viviendas en la zona de Huancavelica, gracias a fondos donados por la cooperación internacional, ha incorporado los conceptos de "sismoresistencia" y "ecoeficiencia" como parte de un enfoque integral de gestión de riesgos.

Usando tecnología apropiada desarrollada por la Pontificia Universidad Católica del Perú, y adaptada en el campo, ha logrado demostrar que con una pequeña inversión (no mas de S/. 25.000) una familia del Ande podría cambiar radicalmente sus perspectivas de vida. Baste decir que un estudio realizado por la Universidad Nacional de Ingeniería, que se encuentra en marcha, ya está dando las primeras evidencias del efecto en la conservación de la temperatura al interior de las viviendas. Una diferencia de 6 grados entre el aire exterior y el interior puede librarnos del punto de congelamiento en el que las funciones de los seres vivos cesan paulatinamente.

Si a esto agregamos otro uso de la energía solar, bajo la forma de paneles solares para brindar calefacción, el efecto sería óptimo. Esto no es utópico en absoluto. También en las zonas afectadas por el sismo se ha recurrido al uso de este tipo de energía renovable para obtener electricidad.

Este emprendimiento ha contado con el respaldo de los pequeños gobiernos distritales, aunque su limitada capacidad financiera y de gestión les impide acometer el reto de dotar a sus vecinos de las mínimas condiciones de habitabilidad.

Considero que más serio que no tener recursos financieros es carecer de herramientas gerenciales que permitan una adecuada planificación del territorio, pero  no solamente en el sentido del espacio geográfico bajo su administración sino en el del microambiente, el de los hogares donde los ciudadanos peruanos viven su cotidianeidad, para que no luchen por sobrevivir sino para que simplemente puedan realizar el elemental derecho de vivir con dignidad.



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