¿Por qué no aprovechamos las lecciones de Camisea en el diseño del gaseoducto al sur?

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La ejecución del proyecto Camisea dejó valiosas lecciones que deberíamos aprovechar en el diseño de nuevos emprendimientos de similar magnitud y complejidad. Debo dejar constancia que no formé parte del equipo que diseñó Camisea, por lo que no asumo el crédito de sus aciertos ni las críticas por sus errores.

En esta nota me referiré a cuatro lecciones que podrían mejorar la viabilidad económica y financiera del gaseoducto al sur.

La normatividad debe adecuarse a la realidad y no a la inversa

Cuando se diseñaron las bases para la licitación de Camisea lo lógico era utilizar la normatividad recientemente  aprobada por el gobierno  en la reforma del sector de los hidrocarburos. Consultados los postores se constató que con esas reglas simplemente no se presentarían y la licitación quedaría desierta.

A manera de ejemplo mencionaremos que la Ley Orgánica de Hidrocarburos establece que todos los ductos (gas y petróleo) son abiertos para cualquier usuario. Sin embargo, para poder licitar y adjudicar el proyecto se estableció un monopolio temporal de parte del concesionario.

Igualmente, el precio del gas al usuario debió ser libre (como de hecho está planteado en la Ley de Hidrocarburos). No obstante, se estableció en el contrato precios regulados para la generación, uso industrial, transporte y domiciliario.

Conforme se desarrolla la industria, se construye la infraestructura y se confirma la existencia de mercados, hay  menos razones valederas para modificar la normatividad en cada licitación. En el caso del desarrollo del gas al sur, lamentablemente se han venido emitiendo normas regulatorias y convocatorias a concursos para concesionar facilidades de transporte, pero todavía existen niveles de riesgo (reservas, demanda, financiamiento, etc.) de tal magnitud que insistir en la vigencia del marco normativo solo contribuye a tener menor número de interesados.

Carne sale con hueso

Llevando al extremo el argumento se puede decir que en el caso de Camisea la rentabilidad se generó por los condensados y que el gas se podría  vender a un precio muy bajo sin afectar la recuperación de la inversión. Si esta premisa resulta válida no entendemos por qué  se deja de lado el flujo potencial de ingresos provenientes de los condensados y se trata de financiar toda la infraestructura a partir de la venta del gas.

Como esto nos lleva a tarifas de transporte muy altas se traslada parte del costo a los usuarios del servicio eléctrico, subsidios explícitos del Estado (Fise) y a la formación de una "chancha" donde las regiones beneficiadas aportarán con cargo a su canon. ¿No resultaría más lógico ampliar el ámbito de las dos licitaciones para incluir la construcción del ducto de líquidos y de esta manera reducir los aportes del estado?

Por otro lado, si no se aprovecha ahora para hacer el ducto de líquidos ¿Cuándo se hará? En suma, licitar solo el gas (hueso) atraerá pocos interesados ya que el interés principal está en los líquidos (carne) del proyecto y al mismo tiempo elemento fundamental para lograr su financiación.

Visión a treinta años

El gaseoducto de Camisea se saturó antes de lo previsto y hoy estamos esperando que se den las condiciones para incrementar la capacidad de compresión o tender ductos paralelos (loops). El Ministerio de Energía y Minas cuenta con información sobre el crecimiento de la oferta y el consumo de gas hasta el 2040 (estudio NUMES) tanto a nivel nacional como por regiones.

No se entiende por qué se diseña un ducto para atender las necesidades de hoy y que se saturará con los proyectos identificados (generación y petroquímica) sin dejar capacidad de transporte para cuando la oferta y demanda se incremente. En otras palabras, estamos diseñando un gaseoducto que quedará saturado a los pocos años de construido y que tendrá que ampliarse si, como todos esperamos, las reservas y el consumo aumentan.

Exportar para masificar

Se plantea equivocadamente una suerte de juego suma cero en el que lo que se exporta se le está quitando al consumo interno. Existe en el MEM información suficiente para establecer que existen reservas de gas suficientes para satisfacer el consumo de los próximos 20 años.

sumillas_lecciones_camisea_quijandria.jpgEn ese sentido, la limitación principal no es la falta de gas sino de inversión para la infraestructura de transporte que es costosa. Desarrollar mercados en el exterior permite financiar esta inversión y al mismo tiempo acercar el gas a poblaciones que por sus niveles de consumo sólo pueden diseñar proyectos basados en el subsidio del estado. Exportación y masificación terminan siendo dos caras de la misma moneda que  lejos de competir  se complementan.

El desarrollo del gas al sur constituye un objetivo de política de alta prioridad para el gobierno (el más importante en opinión de algunos) por lo que su implementación  se debe concretar a través de proyectos sólidos y adecuadamente evaluados.

La primera y más importante lección que nos dejó Camisea fue el costo de oportunidad que todos los peruanos tuvimos que pagar por la demora en su ejecución. Resultaría un contrasentido demorarnos innecesariamente en un proyecto en el que la mayoría de la población está de acuerdo. Ahora nos falta "ponernos de acuerdo en el cómo" que resulta igualmente importante, ya que como se dice "el diablo está en los detalles".

¿Considera usted, como el autor del artículo, que las lecciones de Camisea pueden ser aprovechadas en el diseño del gasoducto del sur?



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