Banderas separatistas y el mundo en pie de guerra

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En la actualidad existen más de sesenta conflictos separatistas que en sus momentos más álgidos evidenciaron que el mundo se encuentra constantemente en pie de guerra. El origen de esta clase de enfrentamientos es atribuido muchas veces a diferencias ideológicas o económicas. Sin embargo, estos no son todos los argumentos que lo explican, a continuación un análisis desde una perspectiva cultural.

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"Las personas definen su identidad por lo que no son; a medida que el incremento de las comunicaciones, el comercio y los viajes multiplican las interacciones entre las civilizaciones, la gente va concediendo cada vez más importancia a su identidad desde el punto de vista de la civilización". Samuel P. Huntington 

Años después del atentado del 11 de setiembre en los Estados Unidos la atención se centró en la obra "Choque de Civilizaciones" (The Clash of Civilizations) del politólogo Samuel P. Huntington. En ella se argumentaba que los conflictos en el futuro no tendrían como principal causa raíces ideológicas o económicas, sino más bien culturales. Por aquel entonces se habló de un choque entre Occidente y el mundo islámico, escuchándose opiniones a favor y en contra.



Estos adelantos en las comunicaciones han permitido que conozcamos más de nuestros vecinos pero también nos han llevado a reafirmar nuestras diferencias.

En la actualidad, en el mundo existen más de sesenta conflictos separatistas de diferente índole, según el periodista colombiano José E. Mosquera. Estos movimientos cesionistas ocurren en Cataluña, Lombardia, Córcega, Transilvania, Escocia, Tíbet entre otros ubicados en Europa, Asia y África. Según Mosquera el continente americano tiene un número menor de conflictos, pero no por ello menos importantes. Existen casos como el de Chiapas en México y el de Quebec en Canadá.

Diferencias culturales

En ese sentido, la hipótesis de Huntington vuelve a ser relevante como explicación de la situación que se vive en el mundo, donde ciudadanos enarbolan la bandera separatista y ejercen presión social. En algunos casos estos conflictos se tratan de canalizar de forma democrática pero en otros el desborde incluye reacciones de violencia. Muchos analistas buscan interpretar este fenómeno atribuyéndolo a causas políticas, económicas y de otra índole, pero Huntington vaticinó como su razón principal las diferencias culturales.

La cultura aunque se encuentra inmersa en toda actividad humana y se define a través de sus valores e identidades no es fácil de ser asumida. La razón es que como mencionó el sociólogo estadounidense Nathan Glazer, toca nervios muy sensibles de la autoestima nacional, étnica y personal. En palabras de este autor puede incluso implicar la idea de que ciertas culturas sean mejores que otras. Los principales vehículos de transmisión de estos valores culturales se encuentran en lo más profundo de las familias y creencias populares, que son alimentadas en la mente de los niños por los padres y los maestros de escuela. La religión e incluso los medios de comunicación social tienen también un rol modelador de la cultura.

Un iceberg de sentimientos nacionalistas

Cuando un niño en Barcelona recibe educación en catalán y no español que es su lengua oficial, o cuando sus padres le recuerdan que tiene características propias de su región que lo hacen diferente de los otros niños españoles, entonces se va fortaleciendo en él un sentimiento de identidad que comparte con otros niños de la región. Lo mismo sucede cuando se camina por las calles de la hermosa zona de San Sebastián y uno se encuentra con un grafiti que dice "Señor turista no está en España, está en el País Vasco". Allí, se puede observar la punta del iceberg de sentimientos que han sido incubados por años. También hay hechos históricos que han influido en el fortalecimiento de esos sentimientos, como en el caso España donde la época de represión del Franquismo permitió que estas poblaciones reafirmen sus identidades nacionalistas.

Hoy se habla de que la globalización y las redes sociales están teniendo un efecto unificador en las personas y las naciones, pero lo cierto es que a nivel profundo de valores culturales está ocurriendo todo lo contrario. Como lo expusiera Huntington, las personas empiezan a darle importancia a su propia identidad a través de las diferencias con otras culturas. En otras palabras estos adelantos en las comunicaciones han permitido que conozcamos más de nuestros vecinos pero también nos han llevado a reafirmar nuestras diferencias.

La solución a estos fenómenos se torna compleja pero podemos afirmar que si no se contempla una estrategia a nivel cultural y de largo plazo, los conflictos se agudizarán y seremos testigos de conflictos cada vez más violentos. Encontrar elementos culturales y valores comunes que nos permitan una convivencia pacífica es parte de la solución pero en esencia ello implica un trabajo de cambio de mentalidad en las nuevas generaciones.

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