Cuando las redes sociales dictan justicia

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Las redes sociales pueden ser el mejor instrumento creado para que las personas dicten justicia, pero, ¿qué pasa con los daños producidos a la reputación por hechos falsos?

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Hace unos días, un video publicado en las redes sociales le mostró a todo el Perú la imagen de un conductor que insultaba y amenazaba con un arma a otro conductor en medio de una transitada avenida de Lima. El video, que fue grabado con un celular, se hizo viral en pocos minutos, y fue incluso rebotado por  medios de comunicación masivos.

Más allá de lo deplorable de su conducta, podemos asegurar que esta persona está en boca de todos. Los hechos lo demuestran, tras la difusión del video llegó una avalancha de críticas que alcanzó a empresas, instituciones educativas y sociales con las que el hombre fue vinculado, en algunos casos incluso sin que aquella información fuera cierta.

Así, la empresa de la que él era uno de los directores manifestó públicamente que deploraba su conducta, y que tomaría las medidas pertinentes frente a su actuar. Tuvieron que dar respuesta también instituciones que fueron vinculadas erróneamente al conductor.  Tampoco olvidemos a la familia de este hombre que fue  también, sin tener realmente una relación con el hecho, sujeto de linchamiento virtual.

Justicia en las redes sociales

Dejando de lado este caso en particular, las personas, instituciones,  marcas, empresas, que son expuestas a la justicia de las redes sociales pueden ver su mundo derrumbarse de un momento a otro. Se trata de una justicia que no tiene piedad, y que en algunas ocasiones puede convertirse en un instrumento de venganza.



Nos encontramos con un arma de repercusión social que puede destruir reputaciones en segundos, generar otros daños colaterales como amenazas personales, depresión e incluso casos de suicidio por bullying virtual.

Es innegable que hay muchos hechos de violencia e incluso delictivos que si no hubieran sido expuestos en las redes sociales, se hubieran perdido en la inoperancia de las autoridades judiciales o simplemente por la inexistencia de la justicia cuando las víctimas carecen de recursos económicos o conexiones de poder. Por ejemplo, los casos de violaciones grupales como las producidas recientemente en España y México, al igual que la violencia de género, acoso sexual, empresas que abusan de los consumidores, personas con actitudes violentas, tienen gran impacto actualmente en las redes sociales.  

Reputación y hechos falsos

Los defensores de la idea de que las redes sociales son el mejor instrumentos que se ha creado para que los ciudadanos dicten justicia, abogan por un ciberespacio libre y donde no haya responsabilidades que limiten su accionar, pero ¿qué pasa con los daños producidos a la reputación por hechos falsos?, ¿quién puede devolver la dignidad perdida después de que tu nombre ha sido  puesto en una vitrina global?, ¿quiénes responderán por las venganzas sin asidero?, ¿hay  realmente una proporcionalidad entre el daño cometido y el repudio viralizado?

Existe ciertamente un gran riesgo en el uso de las redes sociales, y hoy más que nunca podemos decir que está vigente el mensaje del poeta y dramaturgo Lope de Vega a través de su obra Fuenteovejuna. Una obra que describe como el pueblo entero se puso de acuerdo en matar al Comendador Mayor de Calatrava por los abusos que cometía. Así, cuando la autoridad preguntaba por el autor del asesinato, siempre se repetía esta respuesta.

"¿Quién mató al Comendador?

Fuenteovejuna señor

¿Quién es Fuenteovejuna?

Todo el pueblo a una"

Volviendo al caso de las redes sociales, cuando un mensaje se viraliza es imposible detener la avalancha que se produce, y muy rara vez se puede identificar responsabilidades individuales en ese mar de personas que participan del ajusticiamiento virtual. Estos casos de viralización, donde la justicia es tomada en nuestras manos, nos deben invitar a una reflexión más profunda porque nos encontramos con un arma de repercusión social que puede destruir reputaciones en segundos, además de generar otros daños colaterales como amenazas personales, depresión e incluso casos de suicidio por bullying virtual.

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