Respuesta de la sociedad civil en tiempos de crisis

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Los audios que han descubierto la crisis del sistema de justicia peruano plantean a la sociedad la necesidad urgente de una respuesta.

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Fuente: Andina / Jhony Laurente

"Revoluciona la conciencia, que las demás se darán como consecuencia de aquella"

Abel Pérez Rojas

Han pasado ya unos meses y continúan apareciendo audios que comprometen aún más a algunas autoridades en su dudoso proceder mientras tanto, ellas y sus aliados tienen unas defensas cada vez más férreas. Se sigue produciendo un intercambio de amenazas entre los representantes de los poderes del Estado a vista y paciencia de la población, como si esta no existiera, como si se hubiera convertido en una suerte de comparsa de un desfile al cuál no fue invitada.

¿No se supone que el bienestar de la sociedad debería ser el fin último de los esfuerzos realizados por las autoridades? Si la respuesta es afirmativa, entonces ¿por qué se empecinan en aferrarse a sus cargos y dan la espalda a la sociedad? Si se puso al descubierto que sus intereses eran personales y no al servicio de la ciudadanía, ¿por qué continúan aún allí, burlándose de quienes se supone representan?

¿Qué hacer como sociedad civil?

Primero, tenemos el derecho y la obligación de indignarnos frente a estos actos de corrupción. No debemos permitir que los mensajes públicos que pretenden justificar lo injustificable nos adormezcan o distraigan de lo que debería ser lo correcto.  Por ello, es necesario que la sociedad en su conjunto, se manifieste con firmeza desde su posición, saliendo a las calles, usando los medios de comunicación y de seguro, en su gran mayoría, las redes sociales. Los colectivos ciudadanos y las asociaciones de todo a índole deben manifestarse también.

 



No debemos permitir que los mensajes públicos que pretenden justificar lo injustificable nos adormezcan o distraigan de lo que debería ser lo correcto.

Por su parte, la academia no puede darle la espalda a la responsabilidad moral que tiene, y debe promocionar un debate alturado y firme sobre valores con el objetivo de dar respuesta a estos tiempos de crisis moral.

El ciudadano debe también aprovechar esta coyuntura para reflexionar sobre sus actividades cotidianas y encontrar el modo en que pueda construir una mejor sociedad. Puede por ejemplo contribuir al dejar de botar basura por la ventana de un autobús de transporte público, pasarse una luz roja o corromper a un policía. Estos actos, aunque pequeños, representan en esencia una semilla de cambio, que si las generaciones más jóvenes observan podrán tener esperanza de un  futuro mejor, un país diferente.

La educación será la piedra angular que dará las garantías de que es posible un cambio y avance como sociedad, y allí reside la gran responsabilidad de los padres y de los maestros de primaria. Los medios de comunicación masivos por medio de campañas de cambios de valores junto a las redes sociales o viceversa, pueden brindar un contexto que promueva el cambio de actitudes.

Responsabilidad política

Asumir con conciencia la responsabilidad política de cada uno es importante en estos tiempos. Debemos procurar que mejores cuadros accedan a ser candidatos, por lo que llegó el momento de que los profesionales se atrevan a arriesgar y no se queden en la comodidad que brinda el sector privado. Es importante además, contribuir con un voto informado, y para ello se necesitan mecanismos de transparencia, no solo de la gestión pública sino también de los candidatos a cargos públicos. En estos casos, las ONGs o colectivos de ciudadanos también pueden ayudar.

Llegó el momento de tomar partido por una opción que haga frente a la crisis de valores que se vive. La peor opción será mantenerse al margen, como el gran poeta Dante describió en su obra "La Divina Comedia", el infierno y sus lugares más oscuros estarán siempre reservados para quienes se mantienen neutrales en tiempos de crisis moral. El infierno más terrenal podemos entenderlo como ver destruida a la sociedad peruana, ver morir la esperanza en los más jóvenes o simplemente sufrir la pena de la partida de los nuestros porque aquí no hay porvenir como ya lo hicieron antes otras generaciones.

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