El Príncipe de Maquiavelo sigue más vigente que nunca

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Al realizar un balance de las noticias que vinculan hechos de corrupción con miembros de las altas esferas políticas del Perú, es inevitable preguntarse qué está ocurriendo en el país para que quienes ostentan el poder terminen involucrados en casos ilícitos e inmorales.

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Fuente: Agencia Andina / Luis Iparraguirre

Los hombres son tan simples, y se someten hasta tal punto a las necesidades presentes, que quien engaña encontrará siempre quien se deje engañar". Maquiavelo


Al elaborar un balance de las noticias vinculadas a hechos de corrupción en el Perú, es posible observar que buena parte de la clase dirigente del país se ha visto involucrada en las investigaciones que se vienen realizando sobre estos casos. En el sector público, empezando por la más alta magistratura de la nación, existen varios ex presidentes comprometidos, ex alcaldes, ex presidentes regionales, y por el lado del poder legislativo, hay muchos congresistas que son también materia de investigación.

Es posible seguir enumerando los cargos públicos más importantes que se han visto involucrados en hechos de corrupción en los últimos tiempos. Entre ellos se encuentra el del contralor general de la República, el de los miembros del Consejo Nacional de la Magistratura, el de los vocales supremos, y el Fiscal de la Nación.  A esto se le suma la reciente detención del ex director general de la Policía Nacional en 2010, Raúl Becerra Velarde, acusado de integrar una banda que traficaba con niños en Arequipa.  



Al final, obtener y mantener el poder termina convirtiéndose en un ejercicio carente de moralidad, donde el fin siempre justifica los medios.

En el sector privado, a raíz del destape del caso Lava Jato, los ejecutivos de las principales empresas constructoras del Perú se vieron involucrados en hechos ilícitos e incluso tuvieron que ingresar a prisión por un período como parte de procesos judiciales aún en curso. Es así que terminamos preguntándonos qué está ocurriendo en el país para que los líderes y las personas que ostentan el poder acaben involucradas en casos ilícitos e inmorales.

Política y poder

Al revisar uno de los libros más famosos de estrategia política de todos los tiempos, es decir, el "El Príncipe" de Nicolás Maquiavelo, quizás encuentre una respuesta a la conducta de nuestros líderes. De pronto nos damos cuenta que en situaciones de lucha de poder como las que actualmente vivimos, y donde hay en juego muchos intereses de por medio, la moral no está en armonía necesariamente con el ejercicio del poder. Por el contrario, como nos ilustra el caso de la organización criminal "Los Cuellos Blancos del Puerto", que contaba con una red interna enquistada en la Corte Superior de Justicia del Callao, el poder implica siempre un ejercicio de intercambio de favores ilícitos. En estas circunstancias, los actos cometidos por los magistrados y fiscales comprometidos eran abiertamente inmorales porque esa era la base del poder que detentaban estos personajes.

Al final, obtener y mantener el poder termina convirtiéndose en un ejercicio carente de moralidad, donde el fin siempre justifica los medios. Esta reflexión, válida en estos tiempos, quizás explique la atracción que personajes que representan intereses oscuros como el narcotráfico o simplemente cazadores de fortunas tienen por ocupar cargos como los de congresistas de la nación. Estos últimos ven en su ingreso a la política, la forma de convertirse en parte de ese sistema de favores ilegales que les puede permitir rentabilizar su inversión en las campañas políticas.

¿La política se ha convertido en un ejercicio dónde el fin justifica los medios? Esta permisibilidad moral tal vez siempre existió en la política como lo recuerda Maquiavelo, y la única forma de asegurar el poder es estando dispuesto a jugar con esas reglas de juego.

A la luz de los hechos de corrupción observados, y cerca del bicentenario patrio, es un buen momento para reflexionar como sociedad. Los líderes actuales están llamados a dirigir el rumbo en los próximos años, pero también existe el deber de influir en las nuevas generaciones a través de la educación y un cambio de mentalidad para que puedan asumir en un futuro un liderazgo más moral y ético. Estoy convencido que esa será la única forma de trascender como sociedad en el próximo siglo o de lo contrario, seguiremos envueltos en las mismas premisas de Maquiavelo con las consecuencias y perjuicios sociales de los cuáles hoy somos víctimas como ciudadanos.

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