CADE 2018: Corrupción, empresariado y victimización con miras al bicentenario

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Las declaraciones de voceros importantes como Roque Benavides y Julio Velarde demuestran que no hay mayor interés del empresariado por reconocer sus errores y optan por victimizarse. ¿Cuán alentador es el futuro del Perú de cara al bicentenario de su independencia?

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Fuente: Agencia Andina

Desde 1961, la Conferencia Anual de Ejecutivos (CADE) es el evento más importante del empresariado peruano, porque reúne a líderes de los negocios, la política, la economía y la Academia. La 56.a edición era muy esperada para escuchar sus reflexiones sobre los tiempos difíciles que nos toca vivir y, sobre todo, por la investigación de empresarios supuestamente involucrados en el caso Lava Jato. 

En la publicidad previa a esta CADE podía leerse que el mensaje de este año es impulsar a los empresarios a ejercer un mayor liderazgo, al promover la integridad, la competitividad, la sostenibilidad y las bases para lograr que el Perú sea un país desarrollado. En la agenda del evento se proponían como temas centrales la lucha contra la corrupción y el fomento de la integridad en los empresarios.



Roque Benavides, presidente de la Confederación Nacional de Instituciones Empresariales Privadas (Confiep), manifestó que hay una campaña para destruir al sector privado.

La referencia a la integridad parecía un signo inequívoco de un reconocimiento de los errores incurridos por algunos empresarios y la búsqueda de soluciones para el país. Sin embargo, la realidad ha sido distinta a nuestras expectativas, luego de escuchar dos declaraciones que tuvieron gran repercusión a través de los medios que cubren la conferencia y en las redes sociales. 

Falta de responsabilidad

Roque Benavides, presidente de la Confederación Nacional de Instituciones Empresariales Privadas (Confiep), manifestó que hay una campaña para destruir al sector privado. Si bien existía una expectativa de autocrítica, luego del lamentable accionar de algunos representantes en hechos de corrupción, sus palabras reflejan una evidente victimización y no se reconoce ninguna responsabilidad. 

Barata es considerado un operador de Odebrecht, que llegó al Perú para corromper al empresariado y que debe aislarse. Al parecer, el mensaje final es que los negocios son un juego donde el fin justifica los medios y las apariencias siempre se mantienen. Piden que se perdone la corrupción, pero parecen olvidar que una autoridad corrupta es posible si existe un agente privado dispuesto a corromperla por un beneficio económico.  

Luego de la presentación de Benavides, el exministro de Economía, Alonso Segura, señaló que no existe persecución política ni judicial contra el empresario y demandó una mayor autocrítica y cabeza fría para declarar. Más tarde, Rosa María Palacios también refirió como una noticia desalentadora la actitud del empresariado para rehuir su responsabilidad y que fue la peor lectura que pudieron hacer de su realidad. 

Reducir la trascendencia del problema

La segunda declaración desafortunada en CADE fue la de Julio Velarde, presidente del Banco Central de Reserva del Perú (BCRP) y encargado de dirigir la política macroeconómica del país. Para él, la corrupción no afecta la economía, pero es importante combatirla. Así minimiza su gravedad frente a las decisiones de los inversionistas y, en general, a su impacto negativo. 

Frente a este panorama, el futuro no es muy alentador. Con un empresariado que no asume su responsabilidad en esta crisis y líderes de la economía que minimizan el efecto de la corrupción, no pueden garantizarse acciones inmediatas para revertir la actual situación con miras al bicentenario del Perú. ¿Qué más se necesita para cambiar de panorama durante el próximo año? Cuéntanos tu experiencia.

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