Soñar con las Olimpiadas vale la pena

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El éxito de los Juegos Panamericanos en Lima puede dar pie a proponer la capital como sede para una futura edición de las Olimpiadas, siempre que se mantengan los recintos deportivos en buenas condiciones.

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Fuente: Andina

Desde que se clausuraron los Juegos Panamericanos de Toronto y se anunció a Lima como próxima anfitriona, soñé con ver atletas de primer nivel de toda América en nuestro país. Luego se registraron problemas para asignar el presupuesto y demoras para iniciar las obras, que amenazaron con hacernos perder la sede. 

Al final, y contra la oposición de algunas personas y autoridades, se concretaron los Juegos Panamericanos en Lima. Junto con algunos compatriotas privilegiados, tuve la suerte de vivir de forma directa este evento, porque pude adquirir algunas entradas para observar las disciplinas deportivas que nunca había visto "en vivo", pero que despertaban mi curiosidad. 

Competencia deportiva

Disfruté disciplinas como la gimnasia artística, natación artística, bádminton y atletismo. Pude contemplar el nivel superlativo de Estados Unidos, seguido por otras potencias americanas como Brasil, México, Cuba y Canadá. Los peruanos destacaron con creces en las disciplinas esperadas. Los otros competidores nacionales también se esforzaron y recibieron el aplauso popular y el aliento del público local.



Una buena infraestructura deportiva es clave para que una ciudad albergue una Olimpiada, y nosotros la tenemos. Así es que hay que conservarla.

Hubo algunos deportes populares para los que no alcancé un cupo, pese a intentar la compra el segundo día en que las entradas se pusieron en venta. Este fue el caso del básquet, que tenía al equipo de Estados Unidos como unos de sus protagonistas. Pese a no ser el equipo de la NBA, despertaba mucho interés y era acompañado de potencias latinoamericanas como Brasil y Argentina. 

Infraestructura de calidad

Es difícil no sentir orgullo al contemplar esta infraestructura deportiva de primer mundo y que antes solo pude observar con algo de envidia por televisión, en competencias internacionales. La sede en la Videna es impresionante con sus multideportivos, su velódromo, sus piscinas olímpicas y su estadio atlético renovado. 

En Villa El Salvador y otras sedes también se observan escenarios increíbles. La inversión fue millonaria, pero, sin el impulso y la presión de ser organizadores de un evento de esta magnitud, nunca se hubiera logrado destinar un presupuesto así en infraestructura deportiva. Es evidente que habrá un antes y un después para el deporte peruano, tras estos juegos, gracias a la infraestructura y la obtención de medallas. 

A nivel de la gente, el impacto también fue positivo. Existen ganas de apoyar a los deportistas peruanos y orgullo por haber organizado unos juegos de esta magnitud. El día de la inauguración, mientras escuchaba la canción Cariñito y veía cantar a Diego Flores y Chabuca Granda, me convencí, como otros peruanos, de que sí se puede y que, cuando nos proponemos algo, podemos estar a la altura de las circunstancias. 

Próxima meta: las Olimpiadas

Ahora que ha terminado el disfrute deportivo, me atrevo a soñar que, en algunos años más, Lima será sede de las Olimpiadas, la más grande de las fiestas deportivas del mundo. Mi anhelo puede parecer atrevido, pero considero que no es imposible para un país como el nuestro, que ya ha demostrado su capacidad. 

Al revisar los casos de otras ciudades del mundo que también acogieron a los Juegos Panamericanos, dos me llamaron mucho la atención porque representan la prueba de que mi sueño no es una quimera y puede volverse realidad si nosotros, los peruanos, lo decidimos y se dan las circunstancias adecuadas. 

La Ciudad de México albergó a los Juegos Panamericanos en 1955. Trece años después, en 1968, albergó las Olimpiadas. A su vez, Río de Janeiro fue sede de los Panamericanos en el 2007. Nueve años después también lo fue de las últimas Olimpiadas, el 2016. 

Una buena infraestructura deportiva es clave para que una ciudad albergue una Olimpiada y nosotros la tenemos. Así es que hay que conservarla. Si logramos este objetivo en los próximos años, el retorno de la inversión será mucho mejor, a nivel deportivo y económico. Me siento feliz de haber disfrutado un espectáculo deportivo de primer nivel y creo que soñar con las Olimpiadas en Lima vale la pena. ¿Qué más hace falta para lograrlo? Déjanos tu opinión.

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